FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Comunidad colaborativa y la carbonada

Hoy se cocina carbonada. Disfruto los aromas que van surgiendo en la elaboración del plato: verduras que se van cociendo, cebolla frita, carne picada y salteada, perejil. Un plato que me identifica plenamente con mi niñez y mi numerosa familia. Un plato muy chileno que requiere de múltiples ingredientes que puedan estar al alcance en la cocina y que mezclados en un lento cocimiento logra satisfacer el apetito del más exigente. Por la ventana se ve el mar azul en un día soleado lleno de esperanza.

Desde hace años paso largas temporadas en Valparaíso, el Puerto Esperanza como lo ha llamado Dióscoro Rojas en su hermoso vals que canta …cuando el viento salado sopla en nuestro favor y por tus escaleras no camine el dolor; cuando tus ascensores se dejen de llorar por los que un día zarparon con ansias de olvidar; cuando tu Cerro Alegre te vuelva a sonreír y agite su pañuelo al marino feliz que regresa a su patria tras largo navegar, entre lágrima y versos entonaré este vals: Valparaíso eterno, puerto de mis amores, prendido a tus balcones un día pude ver cómo un ángel borracho tus calles dibujó  y tu noche de luz un mago la inventó. Valparaíso, dale nomás con tu alegría, enséñanos un día tu ingenua libertad; no le vendas a nadie tu sol del mes de abril y danos tus locuras de amor para vivir… Estoy viviendo con la familia de mi hija Josefina en este hermoso cerro desde hace más de dos meses.

Estamos todos en cuarentena voluntaria: mi hija y mi yerno con teletrabajo, ella haciendo clases de pilates-yoga on line y él desarrollando su labor académica en la Universidad de Valparaíso también on line. Mis nietas están con clases de educación media y básica en esa misma modalidad desde sus colegios de Villa Alemana y Limache. Me vine para acá con el fin de hacer distanciamiento social riguroso, lo que en Santiago es más difícil, porque vivo en un edificio de departamentos con mucho movimiento de los residentes y de los encargados de delivery en todo tipo de rubros, comidas, almacén, ropa, libros, cajas misteriosas con contenidos insospechados…

Acá en la casa de Cerro Alegre seguimos un estricto protocolo de sanitización individual y de los espacios comunes, protocolo que respetamos religiosamente. No podemos descuidarnos con esto que está pasando. Debemos ser responsables y solidarios con los demás; sobre todo, con los mayores de edad, los enfermos crónicos y los niños.

Me he sentido de maravillas con mi familia porteña. Ha sido una experiencia familiar plena. Me han acogido en forma increíble, con mucho cariño. Además, estoy profundizando en mi rol de abuelo con mis dos nietas que le dan vida y alegría a esta antigua casa en un barrio patrimonial que llena de orgullo a los porteños.

También, como nunca es tarde, estoy aprendiendo a cocinar para colaborar con las labores de la casa. Y esta mañana he participado en calidad de pinche de mi hija en la preparación de la carbonada. Mientras picamos cebolla y pelamos las papas y el zapallo, le cuento a Josefina que me ha sorprendido favorablemente el espíritu de comunidad colaborativa en la que se desenvuelven ella y mi yerno en su interrelación con los vecinos para participar en conjunto en las soluciones a temas diversos; entre ellos, lograr que el comercio a escala humana se pueda seguir manteniendo y recreándose en las modalidades de entrega de productos básicos para <<parar la olla>> cada día.

Al igual que para preparar la carbonada, en esta comunidad colaborativa confluyen variados ingredientes en armonía. Nos abastecemos en almacenes de barrio, fundamentalmente, en la idea colectiva de apoyar el comercio local. Allí están los almacenes El Faro y El Yaki en Lautaro Rosas, el Eco Paraíso de calle Urriola y sus excelentes productos, cereales, legumbres; el Café Vinilo de calle Almirante Montt que está ofreciendo delivery con un rico pan cocinado en el horno de barro que tienen en el patio; la maestra francesa del restorán Ápice está entregando a domicilio unos deliciosos panes con chocolate parecidos a los croissants (lo bueno es que en la casa no hay pesa, jajajaja…); el Amor Porteño con sus ricos helados que pueden llegar a destino sin derretirse para deleite de niños y adultos. Hay otros emprendedores y grupos de agricultores que nos traen verduras, frutas y huevos frescos desde Limache, Caleu y Olmué. Y muchos otros proveedores que salen adelante en esta comunidad colaborativa. 

En cuanto a mi actividad musical, la verdad es que todo el mundo artístico, como sucede con la actividad en los distintos ámbitos de la cultura, se ha visto seriamente golpeado por la situación que vivimos a lo largo del país. Han desaparecido, prácticamente, los eventos musicales. Esto ha obligado a los artistas a reinventarnos y a desarrollar conciertos y encuentros íntimos desde las casas. Afortunadamente, con mi grupo folklórico, hemos podido desarrollar desde nuestros hogares unos mini encuentros musicales que hemos llamado Abriendo Ventanas para que se escuche nuestro canto en el norte, el sur, el centro, la cordillera, la costa: en todo lugar donde haya señal de internet. Son muchos los artistas que hacen algo similar desde sus casas y eso ha sido muy valioso para mantener viva la esperanza a través de la alegría y del optimismo de un canto que une a las comunidades y abre ventanas a la luz, a mañanas de sol. Aunque sea un sueño. Igual vale la pena soñar en estas situaciones. Porque temo a la oscuridad de los tiempos frente al desarrollo de la cultura que es luz y una verdadera forjadora del alma de los pueblos.

Ha llegado la hora de almorzar. Me siento a la mesa hogareña para saborear la carbonada de hoy, plato de nuestro patrimonio alimentario que compartimos con mi familia porteña…Valparaíso, dale nomás con tu alegría…Mayo, 2020.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Una joven Santa Para Chile: 100 años

Todo Chile se viste de sol, mientras baja de Los Andes tu sonrisa, inundando ciudades y campos con tu azul mensaje de paz y de amor. Porque sabes amar y reír, apreciando lo sencillo de la vida: ven y entréganos tu fuego santo para que tu pueblo llegue a ser feliz. Teresita de Los Andes, Carmelita del Consuelo, danos toda tu alegría, muéstranos tu amor al Padre a la sombra de la cruz. Ahora habitas la Casa de Dios, vas tejiendo la esperanza de esta tierra dibujando en el cielo una estrella que ha de brillar siempre en nuestro corazón.

El 12 de abril se cumplieron 100 años desde que la joven Teresita de Los Andes se elevó a los cielos para ir a conversar con el tatita Dios y pedirle por nuestro pueblo chileno. Conversación que le pedimos la mantenga vigente en estos tiempos en los que necesitamos más que nunca encontrar la unidad y solidaridad por medio del amor del Padre que nunca se olvida de sus hijos de esta hermosa tierra.

En octubre de 1992 recibí una inesperada llamada telefónica de la Hermana Milagros, carmelita descalza que participaba en la Fundación y Comisión Una Santa Para Chile, encargada de los preparativos para la canonización de Sor Teresa de Los Andes, lo que se haría realidad en marzo de 1993. La Hermana Milagros me solicitó con mucha humildad que escribiera el himno oficial para todas las ceremonias y actos relacionados con este acontecimiento: “Don Eugenio -me dijo-, necesito que escriba un himno para la canonización de Teresita de los Andes. Y pronto, porque queremos darlo a conocer en noviembre”.

El país entero se preparaba para celebrar y manifestar su devoción a la primera santa chilena, una joven que, según los documentos de las propias carmelitas descalzas de Chile, había nacido en Santiago el 13 de julio de 1900 con el nombre de Juanita Fernández Solar. Estudió en el Colegio del Sagrado Corazón, destacándose como Hija de María, alumna y compañera ejemplar. A los 14 años sintió el llamado al Carmelo. Se esmeró en labrar la felicidad de los demás, sobre todo la de su familia y la de los niños necesitados. Se santificó en su vida diaria haciendo todo por amor a Nuestro Señor con alegría, sencillez y generosidad, buscando siempre Su Voluntad. A los 15 años hizo voto de castidad y prometió vivir solo para Jesús hasta el último minuto de su vida. Colaboró en las misiones a través del apostolado y la oración.

Juanita Fernández Solar tuvo el carisma de manifestar a los hombres la alegría inmensa que significa conocer y amar a Dios, llegando incluso a ofrecer su propia vida por . En mayo de 1919 ingresó al Monasterio del Espíritu Santo de Los Andes. Creció mucho espiritualmente en muy poco tiempo. Tras una corta y penosa enfermedad -que sobrellevó con heroísmo, profesando como carmelita descalza en artículo de muerte-, murió el 12 de abril de 1920 luego de padecer tifus y difteria. Tenía solo 19 años.

Sor Teresa de Los Andes fue beatificada por el Papa Juan Pablo II en Santiago el 3 de abril de 1987 y canonizada en Roma el 21 de marzo de 1993.

Para mí fue un gran reto componer un himno que fuera algo así como el leit motiv musical de todo lo relacionado con la canonización de Sor Teresa de Los Andes, la primera Santa de Chile. Agradezco a Los Huasos de Algarrobal la hermosa versión que hicieron de este himno y que nos llevó a Roma para cantarlo en la Basílica de San Pedro esa mañana del 21 de marzo que no olvidaremos.

Abro mi ventana en Valparaíso, donde hago cuarentena, y hoy el día está lleno de sol y el cielo es azul.

Abril 2020

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

UNA CANCIÓN DE CIELOS ALTOS

En las ciudades de Italia, la gente canta desde los balcones. Se dan ánimo entre ellos mismos. Quiero creer que en otros lugares del mundo sucede algo similar. Todo un ejemplo de solidaridad a la distancia. Nosotros también podemos cantar. En familia desde una cuarentena, con los amigos a través de las redes sociales, en un hogar de la tercera edad con una pantalla de TV. Tenemos un vasto repertorio al alcance de todos. Compartamos nuestro himno de esperanza. Aquí va el mío: una canción de cielos altos. La grabamos hace algunos años con Los Huasos de Algarrobal. Va su letra y luego nuestra interpretación. Un abrazo abierto a la distancia.

SE OYE EN EL VIENTO LA VOZ DE UN SUEÑO

QUE SOPLA FUERTE EN LOS INVIERNOS

TRAE PROMESAS DE SOLES VERDES

DE LUNAS LLENAS Y ESTRELLAS NUEVAS

TRAE EL AROMA DEL PAN MAS BLANCO

HECHO CON TRIGO DE CIELOS ALTOS

ABRE TUS MANOS, ESCUCHA AL VIENTO

Y EN TU MIRADA BUSCA LO BUENO

VAMOS ABRIENDO LAS VENTANAS

DEJANDO ENTRAR EL AIRE

QUE LIMPIE NUESTRAS CASAS

VAMOS QUE NO SE TE HAGA TARDE

QUE YA VIENE SOPLANDO

MUY FUERTE LA ESPERANZA

VAMOS CAMBIANDO DE ROPAJE

DEJEMOS QUE NOS VISTA

EL CALOR DE LA CONFIANZA

VAMOS JUNTÁNDONOS LAS MANOS

SOMOS TODOS HERMANOS

EN ESTA TIERRA LARGA

Marzo, 2020.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Un libro en la arena y la leche materna

Estoy en la Región de Los Lagos. Primera semana de febrero. Acerco el foco de la cámara y veo en la playa de Frutillar niños, jóvenes y adultos que leen sentados o acostados sobre la arena. Han llegado cerca de 600 vecinos y turistas con un libro, una revista o un periódico a leer en comunidad. Al abrir más el foco, observo que la lectura está acompañada de un entorno único: el lago Llanquihue se extiende ancho y sugerente; el volcán Osorno se muestra en plenitud, con su cumbre nevada. A un costado, el Teatro del Lago, donde se desarrollan las Semanas Musicales. Hago un close up y allí está Sonia Núñez, directora de la Biblioteca Pública de Frutillar, quien hizo este original llamado a leer masivamente para ilustrar la <<primera postal lectora en el lago Llanquihue y despertar el gusto por los libros>>.

La iniciativa hace honor al título de Ciudad Creativa Unesco que Frutillar ostenta desde 2017 al demostrar que el fomento de la creación es importante para el desarrollo local. Y lo hace en distintas áreas que cubren la música, literatura, artesanías, cine, gastronomía, diseño, artes digitales.

Me cuentan que hace poco se abrió la nueva sede de la Biblioteca, un verdadero lugar de encuentro, ubicada en el camino ascendente y descendente que une Frutillar Alto con Frutillar Bajo.  Un camino p’al que viene y p’al que va como dice Zitarrosa en su milonga. La visito una mañana de viernes. El equipo encargado me pone al día de la labor que desde allí se realiza para <<contribuir al desarrollo integral de las personas de la comunidad y promover el libre acceso al conocimiento, información, recreación y cultura>>. Es un lugar muy bien dispuesto para facilitar el hábito de la lectura a los 3.000 socios con que cuenta o simplemente para quien quiera conocer algo más a través de un libro de historia, ciencia, literatura, artes, jardinería, cocina, deportes. En fin, hay 18.000 volúmenes disponibles para elegir. A ellos se suman los 25.000 libros y audiolibros que ofrece la biblioteca digital que complementa el estupendo espacio físico.

Mientras mis nietos Pedro y Salvador liberan su imaginación hojeando unas atractivas revistas ilustradas para niños, me acerco a uno de los estantes y selecciono

un voluminoso libro sobre <<El cuento tradicional chileno”, un estudio estético y antropológico preparado por Fidel Sepúlveda Llanos y editado en 2012 por Ediciones UC y la Dibam. En su presentación, el autor asegura que <<el cuento folklórico es como un mapa donde rastrear las recurrencias de la comunidad: rastrear los caminos y recodos por donde anda, desde donde habla; sentir el cuento como una prolongación, una proyección de las matrices míticas donde se gesta la estructura profunda de un pueblo…El cuento tradicional es un modelo de crecimiento para el niño que hay en cada hombre y para el hombre que hay en cada niño. Para el rescate y desarrollo de su identidad, esto es, la experiencia de crecer en humanidad desde el lugar, desde la región, desde la leche materna de la patria chica>>.

En la biblioteca me encuentro con Diego, experto barista que me prepara un delicioso capuchino en un rinconcito del primer piso donde uno puede además disfrutar de una exquisita repostería de la región. Amplío mi visita a la sala de eventos y al segundo piso, a los espacios equipados con computadores, cuartos de reuniones. Una infraestructura en la cual se ha puesto todo a disposición para hacer crecer en la comunidad un desafiante y creativo encuentro con el otro a través de la lectura, el diálogo, la reflexión.

La cámara enfoca nuevamente un libro en la arena. Veo a unos niños que se alimentan con esa leche materna de la cual habla Sepúlveda y que encontramos tantas veces en la lectura.

Febrero, 2020.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Chillán, ciudad de movimiento

Las campanas de la catedral de Chillán suenan fuertes. Se anuncia una temperatura máxima para este veraniego sábado de enero cercana a los 36 ° C. Temprano en la mañana me informo que ha dejado de existir Juan Carlos Saravia, fundador e integrante clave de Los Chalchaleros durante los 50 años de canto del grupo. Su característica voz y su natural simpatía me hacen recordar con cariño la Zamba de mi esperanza. Revivo como si fuera hoy la presencia de Los Chalchaleros en un día de agosto de 1967 cantando esta zamba a los estudiantes que estábamos en toma al interior de la Universidad Católica. Qué fuerza y entusiasmo para reafirmar nuestros ideales de cambio en esos convulsionados años de fines de los ’60.

CATEDRAL DE CHILLÁN

Estoy en la plaza de Chillán y me acerco a la catedral con la intención de rezar por el alma de Juan Carlos Saravia. Vuelven a sonar las campanas. Tanto en su frontis como en su interior apreciamos un hermoso templo declarado monumento nacional en 2014. La obra surge de un proyecto del arquitecto Hernán Larraín Errázuriz a los pocos días del terremoto de Chillán de enero de 1939 que en 60 segundos destruyó la antigua catedral y gran parte de la ciudad. En mi subconsciente escucho a Violeta Parra cantando … Chillán, ciudad de movimiento… Me encuentro con una iglesia llena de fieles y una importante concelebración con las máximas autoridades eclesiásticas presididas por el arzobispo de Concepción Fernando Chomalí. Eduardo y Tomás se van a ordenar de diáconos, en tránsito al sacerdocio. Se escucha al coro entonar … es hermoso ver bajar de la montaña los pies del mensajero de la paz…Antes de hacer su profesión de fe, el arzobispo les recuerda que han sido llamados para servir y no para ser servidos. Ellos reafirman su vocación y me sorprende el entusiasmo con que la asamblea aplaude a estos dos verdaderos quijotes de nuestros tiempos, en una sociedad que ha ido perdiendo su alma y su identidad, lo que se transforma para ellos en un desafío de un noble rescate.

Salgo nuevamente a la plaza y me dirijo al Teatro Municipal de Chillán, ubicada en un costado de ella. Este fin de semana se está desarrollando el 2° Festival de Cine Nacional de Ñuble. Ficción, documentales, obras experimentales, nuevos medios audiovisuales. Es mediodía y va a comenzar un conversatorio con el cineasta Sebastián Lelio, el director de Una mujer fantástica, obra que le mereció el Premio Oscar 2017 a la mejor película extranjera. No lo conocía en persona y fue un grato encuentro, donde este joven creador en el área del séptimo arte se expandió en sus vivencias de niño y adolescente y el impacto que le significaron en esos años películas como El imperio contraataca, ET y otras inspiradoras creaciones para la pantalla grande. Luego nos comenta sobre la influencia que ejerció en él Dogma, el cine danés vanguardista de finales de los ´90, cuyo manifiesto destaca la importancia de mostrar en el cine la realidad tal cual es, en blanco y negro, con cámara en mano. Hay que registrar la calle, nos asegura Lelio. Por ahí se refiere al cine chileno que también lo marcó con títulos como Valparaíso, mi amor de Aldo Franciay El chacal de Nahueltoro de Miguel Littin.

ZAPATEANDO CUECA EN EL CENTRO DE CHILLAN

Me entusiasma este festival de cine y decido ir a ver una de las películas en competencia. Pero antes, luego de salir del conversatorio me encuentro en un paseo peatonal con dos parejas que zapatean una hermosa cueca a los sones de Los Huasos de Limarí que han venido a visitar la ciudad. Vamos haciendo palmas y disfrutando de la estética de nuestra danza nacional. Es un preámbulo para llegar al corazón y al alma culinaria misma de Chillán: su mercado. Qué vida se respira ahí, colores y olores, las mejores frutas y verduras, longanizas por aquí y por allá…Cuáles son las mejores… Caserito lleve los granados que están recién tomados…

A las 3 de la tarde estoy nuevamente en el Teatro Municipal de Chillán, me siento en una cómoda butaca y el aire fresco del recinto me hace recordar los 35° C que calienta a Chillán allá afuera en la plaza. Se proyecta Harley Queen, documental de Carolina Adriazola y José Luis Sepúlveda. Transcurre en Puente Alto, en el sector Los Bajos de Mena, el gueto más grande Chile como lo llaman algunos. Tal cual lo dice el significado de la palabra gueto, la locación es nada menos que un barrio o suburbio donde viven personas marginadas por el resto de la sociedad. La protagonista anhela buscar su identidad a través de su personaje de supervillana, madre y bailarina.

LONGANIZAS DE CHILLAN

A la salida del teatro me encuentro con Carolina y José Luis y me cuentan que se demoraron tres años en grabar todo el material, escoger a las figuras principales y realizar la producción y el montaje, todo lo cual se refleja en un registro de gran y crudo realismo social. No sé si ellos se han guiado o no por el manifiesto de Dogma, pero hay mucho de él en su película. Les tomo una foto: cineastas chilenos que han entregado su alma y su corazón en esta película que trata de mostrar lo que se ha logrado en Chile con el llamado <<progreso>>…

Es hora de ir a la casa de mi hijo Federico que está de cumpleaños y me espera con un asado donde las longanizas chillanejas son las delicias para preparar un buen choripán en marraqueta.
No cabe duda que Chillán es una ciudad en movimiento, entre una ordenación de diáconos y las campanas de la catedral repicando, cineastas que registran un Chile real, la cueca zapateada en el pavimento de las calles centrales, un mercado pintoresco y un buen asado vespertino.

Enero, 2020

CAROLINA ADRIAZOLA Y JOSÉ LUIS SEPÚLVEDA
FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Carta de un niño en Navidad

La Navidad se acerca. Siempre me ha gustado esta festividad. Un encuentro con la familia y los seres queridos en la paz del amor que nos trae el niño de Belén. Y me gusta escuchar villancicos chilenos y de toda la América. Busco en mi discoteca de vinilos, casetes y CD aquellas canciones que me invitan a revivir momentos de mi niñez. Cuando nos reuníamos en torno a una mesa para compartir una sencilla cena junto a mis padres, hermanos y tíos, mi abuela. Entre estos discos navideños, encuentro esa estupenda recopilación Noche de Paz en Chile con grabaciones realizadas por el sello Emi Odeón entre 1957 y 1971. Hermosas voces como las del Coro de la Universidad de Chile dirigido por Hugo Villarroel nos ofrecen cantos llenos de sentido y armonía. Allí se encuentra también Vicente Bianchi junto a su Coro Chile Canta para invitarnos a caminar junto al Burrito de Belén que nos lleva al humilde pesebre donde nos espera el niño para regalarnos su paz. El Conjunto Graneros saluda con su canto campesino: Buenas noches, ‘ña María.

De pronto, en uno de los surcos, la voz de Silvia Urbina se levanta a media noche con dulzura y nos cautiva con su Villancico de Santa Cruz. Los versos de Raúl Ramón y su música de chilenía nos van envolviendo en su olor a campo Señora Doña Maria, de Chomedahue yo vengo y le traigo a su niñito este pollito rulengo…vengo de la Patagüilla y le traigo a su niñito un mate con su bombilla…soy de Santa Cruz y vengo a cantarle al niñito Jesús, traigo unos quesillos y brevas pa’usté… No puedo dejar de recordar los ojos iluminados de Raúl de Ramón, con esa chispa que encendía las conversaciones en su alero, cuando armaba toda una historia para contarnos sus canciones. En este villancico, por ejemplo, podía decirnos como preámbulo: ¿Qué pasa allá adelante?¡Va mucha gente con carretas y de a caballo! Son los romeros de Santa Cruz que van a Paredones a cantarle al Niño para las Navidades…

Especial significado tiene esta recopilación de villancicos para mí. Se incluye nuestra primera grabación de Los Huasos de Algarrobal para Emi Odeón en 1966, a pocos meses de haber iniciado nuestra historia musical. Y allí se escucha en nuestras juveniles voces El peregrino de Emaús que caminaba por la calzada y nadie lo reconoce hasta que se detiene y parte el pan en una mesa ancha…ahora sí, en la fracción del pan…

En esta revisión de mi vieja discoteca encuentro a una niña que escribe una carta. Me mira desde la portada de un disco 45 r.p.m. extended play que grabamos para el sello RCA con los arreglos y dirección orquestal del maestro Guillermo Rifo. Es la carta de un niño en Navidad que surgió del recuerdo de esas celebraciones navideñas que reunía a nuestra numerosa familia cuando yo aún usaba pantalones cortos.

Tengo una carta aquí en el corazón.

Hoy la recuerdo como una canción

de infinita niñez, de pureza sin par:

una melodía azul que al cielo voló.

Quiero volver a escribirla otra vez

junto a los que hoy quieran ya conocer

el camino del sol, de la luz y el amor:

Una carta de amistad en la Navidad.

Querido amigo, dueño del día y de la noche,

Tú que conoces a cada estrella por su nombre,

que compartes el pan con buenos y malos,

con pobres y ricos,

Tú que dominas el vuelo de las palomas:

Te escribo esta carta para pedirte una sola cosa en esta Navidad.

No sé…Pero me gustaría que en los hogares de todo el mundo

una misma estrella iluminara los corazones de aquellos hombres de buena voluntad.

Se trata de algo muy especial y que, a lo mejor,

cabe en tu saco de infinito amor.

Un regalo que viene envuelto en pañales blancos, azules y rojos,

y que se llama hermandad.

Un regalo que se escribe con tres letras: PAZ.

Querido amigo, te espero en Nochebuena…

Un niño que te quiere.

Diciembre, 2019.

Villancicos y canciones navideñas:

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

La patria estremecida y la patria de cristal

Qué cosa increíble. Comencé a leer el último libro de Elizabeth Subercaseaux la tercera semana de octubre: su título, La patria estremecida, cobró para mí un nuevo sentido después del estallido social que se inició a los pocos días en Chile.

Ya había leído anteriormente La patria de cristal, también una novela que recrea la historia de Chile en distintos momentos de su vida republicana. En la presentación de La patria estremecida, leía que el nuevo libro de <<Elizabeth Subercaseaux nos lleva al convulsionado Chile del siglo XX…(y) nos permite adentrarnos en una serie de acontecimientos que tienen sus primeras manifestaciones en pleno régimen parlamentario -ya decadente- y las últimas, durante el esperanzador triunfo del NO en el plebiscito que puso fin a la dictadura militar>>. Entre otros, a través de sus páginas desfilan personajes que han marcado nuestra historia no sólo en lo político sino también en lo social y cultural, como es el caso de Arturo Alessandri Palma <<el León de Tarapacá>>, Carlos Ibáñez del Campo <<el Caballo>>, Luis Emilio Recabarren, Inés Echeverría <<Iris>>. Lucila Godoy <<Gabriela Mistral>>, Vicente Huidobro, Pedro Aguirre Cerda, Neftalí Reyes <<Pablo Neruda>>, Gabriel González Videla <<Gabito>>, Eduardo Frei Montalva, Salvador Allende <<el Chicho>>, Pinochet y tantos otros.

El libro se lee con facilidad y con gran interés. Es muy fluido. Los personajes de ficción se mezclan con los protagonistas reales de la historia. Vamos reviviendo los hechos más destacados del siglo XX en nuestro país, en cada uno de sus capítulos, las celebraciones del Centenario, los tiempos del León, los años populares entre 1938 y 1958, el senador del pueblo, los militares, los años del cansancio entre 1982 y 1988. En fin, todas las capas sociales y políticas quedan reflejadas en sus casi 500 páginas para mostrar un <<Chile que ha tenido temblores políticos (económicos y sociales) salvajes>>, según las propias palabras de la autora.

<<La historia también es lo que está pasando>> dijo la autora en una reciente entrevista de TV. Y la verdad es que la lectura de esta novela histórica ayuda mucho a comprender no solo lo que hemos vivido en Chile en los últimos 100 años, sino que muchas veces explica el presente y nos proyecta al futuro. Luego de haber vivido en el siglo XIX una <<patria de cristal” -como lo señala la primera novela de esta saga- donde se establecen las bases de la vida republicana, llegamos a un siglo XX lleno de hechos estremecedores que se asemejan a los movimientos telúricos que hemos sufrido en forma implacable tantas veces.

En los últimos años ha cobrado un gran interés en los chilenos el desarrollo de la novela histórica. Lo que inició Blest Gana con su obra <<Durante la reconquista>>, pasando por el best seller <<Adiós al Séptimo de Línea>> de Inostrosa, se ha llegado a convertir hoy en un amplio movimiento literario junto a un grupo de escritores jóvenes y otros no tan jóvenes que han puesto a nuestra historia en el corazón de sus novelas, las que han alcanzado un éxito sorprendente. A través de estas novelas, además de conocer la historia en forma entretenida y cruda a veces, hemos ido apreciando el dibujo de nuestra identidad cada vez que se describen costumbres, hechos, personajes, lugares.

Ojalá que en el Chile actual esta patria de cristal y estremecida siga creyendo y confiando en la primavera que llega y que es bella.

Noviembre ,2019.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Abriendo ventanas a la plaza

Visito a mi amigo Alex Moreno, en su estudio de arquitectura y diseño que ha implementado en uno de los antiguos departamentos del segundo piso del Portal Fernández Concha. Sí, allí frente a la Plaza Mayor de Santiago -como se la llamó originalmente en 1541 cuando fue fundada por Pedro de Valdivia y delimitada por el alarife Pedro de Gamboa-. La idea es no hacer crecer la ciudad, me asegura Alex, sino rescatar estos lugares y rehabitarlos desde las perspectivas de hoy.

Con su habitual gentileza, luego de ofrecerme un café, me dice: abramos la ventana para dejar entrar la vida urbana en pleno. En efecto, su balcón mira a un espacio ancho que acoge a miles de santiaguinos cada día, los que le dan vida con su trajinar o con su encuentro con el otro entre añosos árboles, verdes jardines, pérgolas y, hace ya algunos años, con amplias explanadas para realizar ceremonias o simplemente para detenerse a observar parte importante del patrimonio arquitectónico de la ciudad. La ventana abre el paso a funcionarios que ingresan a la Municipalidad, piadosas mujeres que salen de la Catedral Metropolitana luego de elevar sus oraciones, algún señor a la antigua que todavía envía cartas a través del Correo Central o un grupo de estudiantes que buscan saber algo más de nuestro país en el Museo Histórico Nacional.

La vida urbana entra al estudio de Alex, un lugar lleno de luz abierto a la creación: aún utilizo mi mesa de dibujo tradicional, me dice mientras nos acercamos a ella. No usa los programas de computación para diseñar: Uno debe dibujar con todo el cuerpo en movimiento.

Nos incorporamos a esta vida citadina: una señora, con voz penetrante, ofrece sus productos; el lustrabotas atiende a un oficinista que anda apurado; rostros que caminan urgidos apenas salen de la Estación de Metro; en la esquina, en el café hay más calma y el tiempo sin apuro pasa a ser parte de una conversación sobre lo cotidiano; turistas toman fotografías de esto y aquello; inmigrantes, en su mayoría peruanos, se reúnen en un costado de la Catedral para compartir entre hermanos la nostalgia de su patria.

Bajo al Portal y compruebo que aún hay algunos de los antiguos restoranes que nos recibían en nuestra juventud. El Café Nuria, donde engominados cantantes, de terno impecable y zapatos brillantes, nos advertían sobre la tragedia del Siglo XX en una sentida interpretación de Cambalache…que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé…

La pizzería Ravera que nos aplacaba el apetito estudiantil con un buen trozo de masa horneada cubierta de queso y tomates a un precio todavía alcanzable.

Camino hacia el otro Portal, el Bulnes, y reconozco ese lugar donde en los 60 y los 70 se vendía una variedad impresionante de carteras y bolsos; donde la noche se hacía día en el Mon Bijou; uno que otro bar saciaba la sed de los noctámbulos. Ahora veo un Café que tira pinta y con nombre italiano; un restorán muy bien arreglado donde se puede servir un rico almuerzo por un precio ya un poquito más elevado que el que pagábamos en el pasado; mesitas y toldos se anteponen al portal y conectan con la plaza: Aquí se ve todo tipo de gente me dice Alex. Me cuenta sobre Ignacio Aldunate, a quien conoció allí, en su paseo matinal: Siempre anda impecable, de terno y corbata. Usa un sombrero adornado con plumas de faisán. Lo invité a tomarnos un café allí en la esquina, en el Pascucci, y nos entretuvimos conversando largo rato.

Me pongo piadoso y visito El Sagrario, al que ingreso por la puerta principal de la Catedral. Alex me ha comentado que allí, en una hornacina lateral se expone un Cristo de Roberto Matta, el que fue donado por Germana, su viuda, en 2011. Es hermoso y sobrecogedor. Al pie, se lee: Este crucifijo nació en Roberto Matta quien, con sus manos modelando la cerámica, hizo aparecer el cuerpo de Jesús en forma de cruz. El artista lo nombró como el alto, el bajo, la izquierda y la derecha del corazón (1973). El corazón es un ojo, decía Matta, y está al centro.

Si abrimos bien la ventana de nuestro corazón, con nuestros propios ojos descubriremos un mundo lleno de vida en esta hermosa plaza que respira lo nuestro hasta por los poros. Es un lugar muy nuestro que también abre su corazón al amigo cuando es forastero para compartir un espacio de hermandad.

Octubre, 2019.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Septiembre de chilenía y Los 4 Huasos

Flor de identidad

Por Eugenio F. Rengifo L.

Septiembre es el mes de las celebraciones patrias en Chile, al igual que en otros países de América. Se izan banderas tricolores por todos lados. Se hermosean las casas, las plazas. Los campos se visten de flores y de verde. La primavera nos llama a despertar el alma que pueda estar dormida. Llegan los ecos libertarios de independencia que lanzaron nuestros padres de la patria hace más de 200 años. Durante más de dos siglos de vida republicana se ha ido consolidando hombro a hombro, sonrisa con sonrisa, llanto con llanto, una identidad que surge de lo más profundo de cada uno de los chilenos que han construido nuestro país en la fábrica, en el mar, los cerros y valles, en las cocinas y ramadas, en las ciudades y rancheríos.

Y de pronto, al pasar de los años fue surgiendo un canto lleno de amor por lo nuestro, por la gente, la historia, el paisaje que nos ha cobijado. Llegaron voces desde el Viejo Mundo que se fueron mezclando con las voces criollas y autóctonas hasta dar vida a diferentes líneas de música que han ido tomando forma con el paso del tiempo. Una de esas líneas es la que se llamó en el Siglo XX la canción típica chilena. Y uno de sus exponentes más característicos de esta línea fue el grupo Los 4 Huasos que inició su canto en 1927 cuando comenzó a rescatar la obra popular en campos y pueblos del sur y de la zona central y logro así dar nueva vida a un repertorio inolvidable que difundió por todo el país y por la América morena.

Los Cuatro Huasos fueron los iniciadores de un estilo que, con los años, pasó a llamarse simplemente música típica chilena. Su influencia fue determinante en una serie de grupos que han cultivado esta forma de interpretar el cancionero popular de nuestro país durante el siglo XX y lo que va corrido del siglo XXI.

Los orígenes de este tipo de expresión se remontan a los albores de la colonia, con la llegada de los españoles a estas lejanas tierras del sur del mundo. Las formas de música religiosa y música militar se convierten en el primer contacto que tienen los criollos y nativos con las corrientes musicales europeas. Hay noticias que señalan al sacerdote mercedario Antonio Correa como un virtuoso de la flauta que llamaba a los indios al son de su instrumento desde el cerro Huelén y empleaba la música con fines docentes y misionales. También existen referencias sobre el uso de la guitarra como instrumento de música popular y de solaz familiar. El tambor de las bandas militares pasa a convertirse en el acompañamiento característico de los pregoneros. A su vez, se sabe que el padre Luis de Valdivia introduce la práctica de cantar la doctrina por las calles y en su Gramática de la lengua mapuche incluye cuatro canciones religiosas.

El romancero español fue clave en la formación del cancionero popular chileno: aportó estructuras poéticas y melódicas que fueron moldeando la expresión cantada en el sur de América y en Chile. De allí que es común encontrar versos y melodías que se repiten en los distintos países de la América morena, con leves adaptaciones culturales locales.

La tonada es uno de los frutos más evidentes de la influencia española en el caso de nuestro país. Junto a la canción, el vals y la cueca, Los Cuatro Huasos hicieron de ella uno de los pilares fundamentales de su estilo y repertorio. Por eso, rescordar la historia de este grupo es revivir también estos ritmos y versos que han ayudado a consolidar, en cierto modo, la identidad chilena durante los últimos cien años.

Al revisar la historia de este tipo de expresión artística, nos encontramos con algunos precursores de esta corriente, como Los Huasos de Chincolco, Los Huasos de Reñaca o Los Huasos de Pichidegua, quienes efectuaron grabaciones discográficas previas a las primeras realizadas por Los Cuatro Huasos en noviembre de 1927.

El original e innovador estilo de Los 4 Huasos para interpretar el cancionero de raíz folklórica, el rescate de la guitarra como instrumento de acompañamiento en grupos masculinos de canto, la tenida del huaso acampado a modo de vestimenta característica para el escenario, la conformación de cuatro integrantes y un repertorio que mezcla lo nuestro con las expresiones musicales populares latinoamericanas han hecho de este grupo una escuela que ha tenido muchos discípulos en los últimos 90 años.

Septiembre, 2019.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Protegiendo la propiedad intelectual de nuestra identidad

Por Eugenio F. Rengifo Lira

La Sociedad Chilena del Derecho de Autor e Intérpretes Musicales – SCD – me invitó tiempo atrás a participar en la edición de un libro sobre José Goles, uno de los fundadores emblemáticos de esta organización. Me pareció un gran desafío escribir sobre el verdadero padre de la SCD con el aporte de sus familiares y un grupo de personas que conocieron su pasión por la música y su lucha por la protección de la propiedad intelectual de las creaciones de autores y compositores. El libro ya es una realidad y se dará a conocer en las próximas semanas bajo el título El paso de José Goles, como parte de la colección Nuestros Músicos de la SCD y editado por Hueders.

Conocí a José Goles en el verano de 1969. Yo trabajaba como periodista de Crónica de Concepción, tabloide vespertino del tradicional diario El Sur. Mi jefe en ese entonces me encargó preparar un reportaje sobre la vida musical en el Chile de 1949, año en que Crónica salía a captar lectores por primera vez a los kioscos penquistas un día 8 de febrero. La publicación iba a celebrar los 20 años de vida con una edición especial. Me sugirió varios personajes a entrevistar para lograr la mayor cantidad de testimonios sobre lo que pasaba en el mundo del espectáculo en esa época. Entre ellos, me habló de José Goles, director de Los Estudiantes Rítmicos.

En una calurosa tarde de enero me dirigí a la casa de mi entrevistado, quien vivía en la calle Manuel de Salas, comuna de Ñuñoa. Muy jovial, con un cigarrillo encendido en una de sus manos, me hizo pasar a su escritorio donde conversamos por más de una hora sobre Los Estudiantes Rítmicos y los distintos estilos musicales de moda que imperaban a fines de la década del 40. Con una memoria envidiable, recordaba nombres de artistas, títulos de canciones, intérpretes nacionales y extranjeros, así como los programas radiales de la época con transmisiones en vivo para difundir lo mejor de la música popular que hacía cantar y bailar a los chilenos en esos años.

Fue un grato encuentro, con un destacado personaje que siempre vestía impecable, de corbata, que demostraba un vasto conocimiento musical y una gran pasión por la defensa de los derechos de los autores y sus creaciones. Yo había escuchado sobre él en el Pequeño Derecho de Autor, donde me acercaba de vez en cuando a revisar mis también muy <<pequeñas>> liquidaciones autorales.

Más adelante, en 1987, volví a tener contacto con José Goles, cuando participé en la fundación de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor invitado por Santiago Schuster y formé parte del Consejo, junto a creadores como María Angélica Ramírez, Juan Amenábar, Scottie Scott, Eduardo Gatti y otros grandes personajes de la música chilena. En ese período, pude valorar muy de cerca la entrega total de José Goles a su pasión por dar una pelea incansable para que se reconociera la obra de los autores y se les retribuyera en justicia; su permanente preocupación por sus colegas más necesitados; su iniciativa de crear un fondo de salud para los socios; el claro interés por vincularse con sociedades autorales extranjeras; la propuesta de ofrecer instancias de capacitación para los creadores e intérpretes chilenos. Sobre todo, su lucha estaba centrada en lograr la modificación de la ley sobre propiedad intelectual con el fin de obtener el reconocimiento definitivo a los propios autores para que gestionaran sus derechos, lo que se logró en 1992 con una nueva legislación, lo que permitió que la SCD se convirtiera en una sociedad autónoma.

Desde la creación de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor, con la participación de un puñado de autores y compositores, han pasado más de treinta años. Hoy la SCD gestiona la administración de la obra creativa e interpretativa de cerca de 14.000 socios a lo largo de todo el país en una gestión colectiva que es modelo en el mundo y que administra 1.660.868 obras musicales chilenas y extranjeras registradas que generan derechos de propiedad intelectual en Chile.

Este nuevo libro de la SCD nos muestra un completo perfil humano, musical y gremial de José Goles Radnic, verdadero padre de esta institución que protege la creación de miles de autores, compositores e intérpretes que construyen identidad día a día con su obra artística.

Agosto 2019

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

El almacén de la esquina y un museo de identidad

Escucho en las noticias que ya operan supermercados donde no hay personal que atienda al cliente. Una vez que usted activa la aplicación en su móvil para comprar todo comienza a fluir, desde que ingresa hasta que sale del lugar. Elige sus mercaderías y el móvil va registrando su pedido. Antes de salir, ya le han descontado de su tarjeta bancaria el valor de su compra. Se va y los productos adquiridos por usted llegarán a su casa en el momento que usted ha señalado como el más oportuno.

Las redes digitales reemplazan a las redes de personas presenciales de carne y hueso.

En algunas ciudades de Chile ya es habitual toparse en las calles con bicicletas o pequeñas motos que llevan un tremendo canasto en la parte trasera del vehículo con la comida rápida que usted ha solicitado a su restorán preferido. Olores a fritura, churrasco, sushi, pollo asado invaden las avenidas que llevan alimentación a su destino a la par que Juan o Rosa pedalean y sudan la gota gorda para llegar a tiempo. Si no alcanzan a entregar el pedido a la hora señalada, Juan y Rosa deben sacar plata de su bolsillo y pagar el pollo asado, el sushi, el churrasco o las frituras que solamente han olido pero que no han probado. Si su pedido llega a casa a tiempo, velozmente, Rosa o Juan le cobran rápidamente y emprenden el vuelo en cosa de segundos.

Me recuerdo con nostalgia del almacén de la esquina, lugar de encuentro con vecinos y dueños de emporios con los cuales se conversa y la compra pasa a ser una experiencia casi patrimonial en los antiguos barrios de Santiago, Chillán, Valparaíso en el norte, centro y sur del país.

Visito en Chillán a mi hijo Federico, su señora Paulina y mi nieto Joaquín. Paulina me invita a conocer un almacén donde se hace venta a granel, como era antes. Es en calle Constitución 1128, a pasos de Avenida Argentina. El letrero dice Rukatremo y al ingresar me encuentro con una tentadora variedad de productos naturales, saludables y eco-amigables: legumbres, aceites, especias, frutos secos, semillas, miel, cereales, pan integral. Me atiende Lisette y me dice que sus proveedores son emprendedores que se la juegan por un futuro más ecológico, sustentable, sin basura. Me explica que la política de su almacén contempla un sagrado respeto al medio ambiente, busca transmitir una experiencia sensorial en un lugar donde la estética tiene su rol y se transmite alegría…Todo ello para tener una vida más sustentable.

Luego viajo a Valparaíso a ver a mi hija Josefina y su familia y me pide que la acompañe al Ecoparaíso, otro almacén de venta a granel inspirado en un mercado sustentable. Está en Urriola 448, en el corazón del Cerro Alegre. Los dueños son una pareja de jóvenes emprendedores que ofrece a los vecinos una amplia selección de productos que permitan vivir de manera más sustentable. Otro lugar de encuentro donde se conversa de lo simple que puede ser la vida en nuestros días y se comparten gratos momentos mientras envolvemos un rico pan de semillas en una sencilla bolsa de papel y cogemos una bandeja de 30 huevos de color que han puesto gallinas de campo. Mi hija ha traído envases de vidrio para comprar productos de biolimpieza: <<son fabulosos -me dice-; y no contaminan las aguas>>.

Muy cerca de allí subo por el Pasaje Bavestrello, en la calle Álvaro Besa 628, y me encuentro con el Decoalmacén La Verbena, en la casa 31, una hermosa recreación de un típico emporio porteño que pretende recuperar el patrimonio que significan estos almacenes en la creación de identidad de barrio: un lugar para estrechar lazos de amistad entre los vecinos y poner en valor ese entorno como un verdadero museo de identidad. La emprendedora de esta iniciativa es Patricia Campos, quien me invita a tomar un delicioso café: <<He querido recuperar antiguos muebles y elementos de los típicos almacenes de barrio para mantener la identidad de lo nuestro>>. Uno de sus proyectos consiste en preparar las <<Onces porteñas>> para reunir a grupos de no más de ocho vecinos una vez al mes: <<La idea es juntarse a conversar de temas de interés para el barrio y disfrutar de un rico té>>. También está postulando a un Fondo de Cultura -Fondart- que apoya el patrimonio con el fin de hacer itinerancia con su Decoalmacén. Si obtiene acogida el proyecto, antes de fin de año espera llevar su emporio a Santa Cruz y abrirlo al público en la Casa de la Cultura de la Municipalidad. Y luego, en 2020, llevar este museo de identidad a Puchuncaví y presentarlo en el antiguo Palacio Ross.

Estos emprendimientos sustentables van encendiendo luces de esperanza para un hoy y un futuro en el que se encuentren los miembros de una comunidad en un entorno sencillo a escala humana y que promueva la amistad con el prójimo y el medioambiente. Ya está pasando.

Julio 2019

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Patrimonio cotidiano y las pantrucas

Flor de identidad

Por Eugenio F. Rengifo Lira

El último fin de semana de mayo, dentro de la celebración del Día del Patrimonio Cultural, más de un millón de chilenos quisieron visitar en distintas ciudades del país algún lugar especial que haya marcado nuestra historia. Lugares que han sido testigos de hechos relevantes para nuestra vida republicana y que han cobijado nuestra identidad. El Museo Nacional de Historia Natural, allí en la hermosa Quinta Normal, fue el que despertó mayor interés con cerca de 75.000 personas -grupos familiares, jóvenes, amigos- que se pasearon por sus distintas salas para conocer algo más sobre nuestro pasado y presente a través de la antropología, botánica, paleontología, zoología, entomología. Otros espacios que despertaron mucho interés fueron el Museo de Bellas Artes, la Biblioteca Nacional, el Cerro Santa Lucía, sólo por nombrar algunos.

Este acontecimiento cultural que se prolongó solo por dos días despertó en mí una nostalgia particular por el barrio capitalino que me acogió en mi niñez, como un patrimonio único que marcó mi formación. Allí en calle Keller, cerquita de Manuel Montt, donde acostumbrábamos a jugar fútbol sin temor a que algún auto, moto, scooter o bicicleta interrumpiera nuestro juego. Cuántas cumbres de panderetas recorrimos para movernos de un sector a otro y mirar desde la altura lo que pasaba abajo con el terror de los adultos que nos observaban y luego informaban a nuestros padres de tal barrabasada. Cómo no recordar a los vecinos y las visitas a sus casas en cualquier momento, sin protocolo ni anuncio. Uno de ellos era el Guatón Poyoyo, quien preparaba en el living de su casa una sala improvisada de cine para proyectar sobre una sábana blanca imágenes mudas en movimiento; fue mi primer encuentro con Chaplin o con Laurel y Hardy en blanco y negro. Para reírnos y pasarlo bien teníamos que pagar $ 2.- por función.

Quise respirar el barrio. Y dirigí mis pasos al sector de Avenida Italia con Bilbao, donde sobresale el tremendo edificio de lo que fue el Teatro Italia, construido en 1934 por el arquitecto Héctor Davanzo a petición de la familia Girardi que era dueña de una conocida fábrica de sombreros muy cerca de allí. Aún está en pie ese maravilloso lugar donde la imaginación volaba igual que Tarzán de liana en liana y donde se batía a duelo Gary Cooper para defender al pueblo amenazado por los pistoleros, mientras Grace Kelly observaba muy tensa desde una ventana para saber cuál iba a ser el desenlace de esta pelea en que el “jovencito” siempre salía victorioso, mientras se escuchaba la voz de Frankie Laine cantando High Noon…Do not forsake me, oh my darlin’

Seguí caminando por calles de gran significado para mi patrimonio de la memoria infantil…Marín, Ricardo Matte Pérez, Santa Isabel, Caupolicán…Condell, donde vivía mi tía Ludmila, a la que íbamos a visitar frecuentemente con todo el familión -papá, mamá, los seis hermanos que éramos en esos años… Luego, llegaron cuatro más-.

Vagando por este barrio patrimonial para mantener vivas mis vivencias de niñez, me encontré con una antigua casa, en Avenida Italia 1308, de amplio patio interior que alberga distintas tiendas, artesanía, café, cocina chilena y la Zona Vinilo arreglada en un corredor bajo unas enredaderas. Hurgueteando álbumes de larga duración y discos de 45 revoluciones por minuto -de esas revoluciones que giran, no otras- apareció “Como en la gran ciudad”, disco que reúne los mejores momentos de la comedia musical del mismo nombre presentada por la inolvidable Silvia Piñeiro con guión de Hernán Letelier y las canciones de Francisco Flores del Campo. Qué reparto extraordinario: junto a Silvia, aparece registrada en los surcos la participación de Carmen Barros, Nelly Meruane, Elena Moreno, Violeta Vidaurre, Lucy Salgado, Juan Carlos Bistoto, Emilio Gaete, Enrique Heine y otros famosos de fines de los años ´60 acompañados por la orquesta de Hugo Ramírez. Me sorprendió este encuentro con Francisco Flores del Campo que, desde el barrio, me llevó a la Gran Ciudad en un momento en que se prepara una nueva versión de “La Pérgola de las Flores” a raíz de los 60 años de su estreno que se cumplen en abril de 2020. Una obra cumbre de Isidora Aguirre musicalizada por el propio Pancho Flores y que contará en su nueva producción general con el aporte y experiencia de actores que participaron en el estreno del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica ese 9 de abril de 1960: entre ellos, Héctor Noguera, Ramón Núñez y Carmen Barros -la primera actriz en interpretar a la famosa Carmela de San Rosendo-. Una creación que rescata nuestro patrimonio cotidiano en esa plazuela donde las floristas ofrecían los aromas y colores de las más hermosas flores de nuestros campos, allí frente a la Iglesia San Francisco, la más antigua de Chile y otro testimonio de nuestra identidad que nos acompaña desde la colonia.

Allí en el barrio Italia finalicé mi paseo tras la búsqueda de alguna cocinería donde pudiera deleitarme con algún plato típico chileno, como esas sabrosas pantrucas que preparaba mi mamá en la casa de calle Keller con un caldo enjundioso de pavo -se usaba el esqueleto- al que le agregaba unas tiritas de masa que iban cayendo a la olla de a poco. Antes de servirnos el plato humeante, le agregaba un huevito de yema naranja y lo revolvía bien con el caldo. Desgraciadamente, me quedé con las ganas. No encontré la cocinería adecuada para revivir en mi estómago esa parte del patrimonio gastronómico chileno.

Junio 2019

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Silvia Infantas y el caldito de ave

Flor de identidad

Por Eugenio F. Rengifo

La última semana de marzo la Sociedad Chilena del Derecho de Autor y la Editorial Hueders presentaron el libro Silvia Infantas: voz y melodía de Chile con una completa biografía de este verdadero ícono de la canción chilena de los años 50 y 60.

Como dice David Ponce -periodista responsable de reflejar la vida y obra musical de esta figura artística en poco más de 200 páginas-, <<…no es aventurado afirmar que la mayoría de los chilenos ha escuchado muchas veces la voz de Silvia Infantas. Como tampoco es arriesgado aseverar que esa misma mayoría la ha oído cantar sin saber a quién pertenece esa voz>>.

A sus 95 años de edad, recuerdo a Silvia Infantas con gran cariño. Recuerdo su hermosa voz, todos aquellos éxitos que hizo popular, entre los que destacan Si vas para Chile, La consentida, Tonadas de Manuel Rodríguez, La Rosa y el clavel y tantas otras hermosas canciones que cobraban frescura y gracia en su voz privilegiada junto al inconfundible acompañamiento vocal e instrumental de sus compañeros de ruta Los Baqueanos y luego Los Cóndores. Recuerdo su picardía y expresión en el escenario: más de alguna vez coincidimos en algún espectáculo nocturno en lugares santiaguinos emblemáticos como El Pollo Dorado o el Café Goyescas.

Y cuando se presentó este libro biográfico en la Sala de Archivo de Música de la Biblioteca Nacional -allí en Alameda cerquita del Cerro Santa Lucía- me acordé de una de sus primeras grabaciones para el sello Odeón: Caldito de ave. Una de las tonadas favoritas de Pedro Leal, Germán del Campo y Hernán Arenas que tantas veces la cantaron junto a Silvia; una tonada sin mayores pretensiones que, sin embargo, ha permanecido en el repertorio de nuestra canción chilena por décadas… No me den caldito de ave ni traigan doctor, que la enfermedad que tengo es cosa de amor…

Se me vino a la cabeza este Caldito de ave, seguramente porque la presentación del libro fue en horario de almuerzo, cuando el cuerpo pide algo reponedor para continuar la jornada. Un caldito sustancioso que, tradicionalmente, se receta como una sopita criaturera o para sanar alguna dolencia estomacal. Claro que, mientras transcurría la ceremonia de presentación del libro -con los comentarios de la historiadora Karen Donoso, el sociólogo Felipe Solís y mi amigo Mario Rojas-, el apetito por un caldito se transformó en algo mejor: una cazuela de ave. De esas que se preparan con un pollo grande o gallina, papas, cebolla, zanahoria, un poquito de arroz, porotitos verdes picados finitos, perejil, orégano, una ramita de apio y, para coronar el preparado y hacerlo más enjundioso, un huevo. Mis antepasadas Rengifo, famosas por sus recetas, me recuerdan que esta cazuela no lleva zapallo ni choclo.

La presentación del libro culminó con la intervención del grupo criollo De Patienquincha, el que nos brindó una hermosa versión de las Tonadas de Manuel Rodríguez, de Neruda y Bianchi, el mayor éxito de Silvia Infantas durante su carrera artística. Y luego, un vinito de honor para celebrar esta maravillosa iniciativa de aportar un completo registro sobre Silvia Infantas, desde su niñez en el barrio El Almendral de Valparaíso hasta su época de triunfos y galardones en todo Chile y en el extranjero, pasando por su incursión en el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica y en el cine chileno de los años 60.

El libro es muy reponedor, igual que un caldito de ave, porque nos despierta el apetito por mantener viva esa identidad que tantas mujeres, al igual que Silvia Infantas, supieron ir cultivando su amor por la cultura popular durante sus vidas, como Ester Soré “La Negra Linda”, Petronila Orellana, Margot Loyola, Violeta Parra, Ester Martínez y sus “Cuatro Huasas”, Margarita Alarcón, las Hermanas Acuña y sus “Caracolito”, Carmencita Ruiz con “Fiesta Linda”, Mirtha Carrasco, Mirtha Iturra, Ester Zamora y tantas otras figuras artísticas que han hecho de su arte un compromiso de entrega a su país y su gente.

Abril 2019.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

La Invención de la naturaleza

Flor de identidad

Por Eugenio F. Rengifo L.

Leo el libro del mismo nombre escrito por la historiadora Andrea Wulf que nos presenta una completa biografía de Alexander von Humboldt, <<…el visionario alemán que creó una nueva forma de entender la naturaleza>>. Un libro inspirador que me ha llevado a reconocer, valorar y a reforzar mi respeto por nuestras reservas naturales, verdaderos tesoros de la humanidad.

Visito el Parque Nacional Pumalín, ahí en la Región de Los Lagos cerca de Chaitén, el cual ha sido donado al Estado chileno por Tompkins Conservation y que a fines de abril pasa a ser administrado por la Corporación Nacional Forestal. En sus más de 400 mil hectáreas alberga la maravilla misma de la naturaleza que se nos ha regalado para disfrutarla, compartirla en armonía y sentirnos parte de ella.

Es entonces cuando me hace mucho sentido la cita de Goethe que la autora del libro sobre Humboldt nos invita a meditar: <<Cierra los ojos y aguza los oídos y, desde el sonido más leve hasta el más violento ruido, desde el tono más sencillo hasta la más elevada armonía, desde el grito más violento y apasionado hasta la más dulce palabra de la razón, es la Naturaleza la que habla, la que revela su existencia, su fuerza, su vida y sus relaciones, hasta el punto de que un ciego al que se niega el mundo infinitamente visible puede capturar la infinita vitalidad a través de lo que oye>>.

Abro los ojos y me encuentro en Pumalín. Estoy frente a un alerce milenario, una cascada escondida, la ranita de Darwin, aves de colores diversos cuyo canto me acompaña durante el recorrido por senderos ocultos entre la masa vegetal circundante. Me alegra ver tanta juventud que visita el parque. Sus mochilas parecen llevar algodón, pareciera que no pesan, aunque son voluminosas, y no pesan porque el asombro aliviana el sendero. Chilenos, argentinos, franceses, alemanes, españoles, italianos. Todos quieren vivir esta experiencia donde la naturaleza nos abraza y llena de sentido nuestro andar por este mundo. ¿Cómo guardar esta inspiradora experiencia?

El entorno, la naturaleza, el paisaje han acompañado desde siempre al hombre. Porque es la casa que nos reúne a todos los seres vivos. Y en Chile tenemos el privilegio de contar con una variedad enorme de lugares que habitamos sin perder jamás la posibilidad de apreciar un cerro nevado, un río torrentoso o tranquilo, un bosque, una extensa pampa, un cielo que lo ilumina todo. Ese entorno ha estado presente en manifestaciones de identidad cultural a través de la pintura, la poesía, la música. Cómo no emocionarnos con los versos y la melodía de Arriba en la cordillera de Patricio Manso con el Camino de luna de Luis Aguirre Pinto. Es la naturaleza que nos regala su verdad y belleza para que la hagamos parte de nuestra creación cultural.

Al experimentar esta naturaleza plena en Pumalín, verdadero santuario natural, una vez más me dan ganas de cantar a toda voz los versos de Luis Bahamonde, …Quisiera ser viento, correr por los montes y llanos de esta tierra amada, portar el mensaje de luz de una nueva alborada, ser una bandera de paz enclavada en el mundo nuevo…Tierra, qué bonita es mi tierra…Amo el verdor de tus valles, ríos y montañas y tu inquieto litoral…

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

50 años del Festival del huaso de Olmué

Se Cumplen 50 años de vida del Festival del Huaso de Olmué y, como es ya tradición, el Parque El Patagual es el escenario que da cabida a esta muestra artística que en su aniversario recibe a un público con la mejor disposición para pasarlo bien junto a bandas nacionales y extranjeros que cultivan la cumbia, el funk o el rock; solistas y dúos de fama que cantan boleros o latigudas canciones de amor; humoristas que hacen de lo cotidiano una comedia. Hay también un grupo de inspiración de música andina y latinoamericana. Surgen nombres como Chico Trujillo, Guachupé, José Feliciano, el Dúo Pimpinela, la Chiqui Aguayo, Movimiento Original, la Combo Tortuga, Juan Pablo López…Illapu. Hay un grupo que combina cueca, cumbia y rock and roll: Silvestre.

¿Huasos? En la competencia. Se han seleccionado ocho temas inéditos de raíz folklórica de autores y compositores nacionales con intérpretes como Los Huasos Corraleros de Santiago, Los Huasos del Camino, grupo Kantarauco, Marcela Moreira; Poulette Santis, Sergio Veas, Horacio Hernández, Miguel Ángel Pellao, Ankaly. Todos quieren alcanzar el famoso Guitarpín, trofeo que va acompañado de premios en dinero sonante y constante.

Hace un par de meses fui invitado por mi amigo Manuel Vilches a tomar un café de mediodía en la Casa Zañartu, en el barrio de Santa Ana, en el corazón capitalino. Quería comentar conmigo su tesis “El milagro del último rincón; la exitosa construcción del mito tradicional del Festival del Huaso de Olmué” con la cual optó al grado de magíster en artes con mención en musicología. En su trabajo, concluyó que el citado festival es un evento creado en un momento crucial de un incipiente municipio que tiene como gran objetivo el desarrollo turístico. Y resume: <<Siempre tuvo mucho más de festival que de huaso y su esencia tradicionalista es más bien el éxito del discurso fundacional del municipio>>.

La tesis es un completo trabajo, muy bien documentado, que destaca la historia del festival, desde sus orígenes hasta nuestros días en que la televisión ha cobrado un rol protagónico en su organización. Manuel me explica que junto a las autoridades municipales y los productores de televisión hay muchas otras voces que participan en las decisiones al momento de dar forma a cada versión del festival: sellos disqueros, artistas, acontecimientos políticos, público, auspiciadores…

En su tesis, Manuel explica que resulta casi <<imposible unir al multitudinario evento que reúne cerca de cinco mil personas cada noche y al tranquilo lugar que aún no cuenta con semáforos y que parece destinado a ser un sitio de descanso para turistas. Justamente, la idea es mostrar cómo se dio el paso desde una pequeña localidad agrícola dependiente de Limache a un municipio fundado dos veces que, a partir de su instauración definitiva en 1966, generó una serie de iniciativas que permitían darle impronta y visibilidad. También se realizó una revisión de la música huasa desde sus orígenes hasta hoy, como una manera, primero, de plantear su condición de música mediática, surgida a partir de una idea tradicional pero que rápidamente adquirió características acordes a lo que requería la industria de esa época. Al ser por largos años el modelo excluyente de chilenidad, en ella se revisa también cómo la baja de su popularidad o los cambios de repertorio de varios de sus intérpretes más connotados son vistos como “una derrota” en la inclusión de la música de raíz en la industria desde hace largos años. Su actual estado de deterioro y hasta con fecha de vencimiento, como aseguran algunos de sus exponentes más connotados, permiten dar el marco de cómo se las ha arreglado un festival para seguir su vida pese a que su modelo inicial, al parecer, no tiene el caudal suficiente para abastecer una muestra anual de esas características…>>

En todos estos años, solo una canción ganadora en la competencia ha trascendido en popularidad hasta convertirse en un clásico del folklore chileno y ha quedado como testimonio del nombre que se le da al festival: es la tonada bien huasa “Viva Chile” de Luis Bahamonde, que interpretara Jorge Cavada y el grupo Fiesta Linda en la versión de 1976 de este evento que en 2019 celebra su cincuentenario como Festival del huaso de Olmué.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Un café en el Puerto Principal y migrantes culturales

Estamos con mi hijo Eugenio Andrés en el Museo de Historia Natural de Valparaíso, allí en la calle Condell, en lo que fue en su época el Palacio Lyon. Realmente, es un museo de lujo, fundado en 1878 por Eduardo de la Barra, que reúne cerca de 60.000 objetos. Me dicen que es el segundo museo más antiguo del país…no sé cuál es el primero…aunque, buscando por internet, me encuentro con que el naturalista francés Claudio Gay fue quien fundó el Museo de Historia Natural en 1830, no sólo el primero de Chile, sino que uno de los más antiguos de América, y que en 1870 pasaría a mostrar las principales producciones vegetales y minerales de nuestra larga y angosta faja de tierra en un hermoso edificio en la Quinta Normal. Mi hijo me hace un excelente paseo por el museo del puerto principal. Hasta nos introducimos en una réplica de submarino, lo que me produce una sensación de claustrofobia. Todo muy bien instalado. El edificio fue completamente remodelado en 2014. Rematamos la visita en el café, un cálido y elegante lugar de encuentro, especial para echar a volar una buena conversa.

Inevitablemente, llegamos a soltar comentarios y algunas ideas sobre los temas coyunturales. Entre ellos, por supuesto, los migrantes que han llegado a Chile por miles en los últimos años. Según el censo de población y vivienda de 2017, ya son 746.465 extranjeros que se han avencidado a lo largo de nuestro territorio y representan más del 4% de la población total del país. La mayoría de ellos ha llegado de Perú, Colombia, Venezuela y Haití. Nos han traído sus sueños y esperanzas, sus oficios y profesiones, su cultura, sus lenguas, sus alegrías y sus penas, costumbres, anhelos, identidad. Al igual que los chilenos que han migrado de Chile, ellos lo han hecho por razones políticas, económicas, profesionales, aventureras y han llegado con el desafío de adaptarse a la cultura y costumbres locales, desperfilando su identidad y aportando a la identidad local.

Pienso en el sabio Claudio Gay. Aunque migró a Chile contratado por el Estado para realizar un completo estudio sobre la fauna, flora, agricultura y geología, nos dejó un legado científico y cultural invaluable, incluyendo sus hermosos grabados y un trabajo sobre usos y costumbres de los araucanos, traducido y editado póstumamente en 2018 por el antropólogo chileno Diego Milos. Hasta que se nacionalizó chileno en 1841 y, dos años más tarde, fue designado miembro de la Universidad de Chile.

Los inmigrantes han realizado importantes aportes a esta joven nación en sus dos siglos de existencia como República. ¿Cómo los recibimos hoy día? ¿Les abrimos espacios para su desarrollo? ¿Somos los chilenos acogedores con ellos? ¿O somos más discriminatorios que en el pasado? ¿O siempre lo hemos sido?

A su vez, al parecer, la experiencia en los siglos veinte y en lo que va del veintiuno de los compatriotas que han salido del país por razones políticas, profesionales, laborales u otras ha sido de lo más variopinta. Buenas, regulares y malas. Me detengo un momento en migrantes destacados, como Gabriela Mistral desde Elqui, Pablo Neruda desde Temuco, Claudio Arrau desde Chillán. Distintas razones acuden a su salida de Chile: una por concepto de representación diplomática, otra por persecución política y la última por razones de estudio del piano. Muchas veces fueron mejor recibidos en las tierras que visitaron que en su propio país cuando regresaban por breves períodos. Le comento a mi hijo que hace un par de semanas fui invitado al lanzamiento de un libro sobre Claudio Arrau preparado por la periodista Marisol García y editado por Hueders. Marisol nos contaba cómo algunos sesudos representantes de la cultura le quisieron mezquinar el Premio Nacional de Artes Musicales a Claudio Arrau en 1983. Y todo porque se había nacionalizado estadounidense. Lo tuvo que hacer con el fin de presentar una visa que le permitiera hacer sus giras por el mundo sin problemas de ingreso a otros países. Pero nunca dejó de ser chileno, a pesar de haber tenido que lidiar con esa visa manchada por la dictadura. Siempre proyectó su cariño por su Chillán natal. Al final, primó la cordura y le dieron el premio. Y la Mistral: tuvo que ganar primero el Premio Nobel para que muchos años después Chile le entregara el Premio Nacional de Literatura. Ahora se cuestiona a Neruda por ciertos hechos de su historia personal. Sin embargo, imagínense ustedes cómo se ha transmitido la identidad de nuestro país a través de la poesía de la Mistral y Neruda, y de la brillante interpretación musical de Arrau. Han hecho grande a Chile en el mundo.

Terminamos nuestro café y salimos del Museo de Historia Natural a las calles céntricas del plan de Valparaíso, con su agitada vida de fin de año. Una ciudad que ha contado con el valioso aporte de inmigrantes que han llegado desde Alemania, Inglaterra, Yugoeslavia y tantos otros países. Ellos también han colaborado para hacer grande a nuestro país.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

El canto del chucao y la poética del paisaje

Por Eugenio F. Rengifo L.

A pesar de lo pequeña que es esta ave del monte, el canto de Chucao se escucha potente desde lo profundo de los bosques nativos en el sur de Chile. Hermosa voz que me cautiva y que se entreteje con el sonido del agua de alguna vertiente y el viento que gime entre los árboles. A este sonido que surge del vientre de la naturaleza se suma el golpe de un kultrun, el soplido de una trutruca o la vibración de un trompe que algún araucano hace vibrar en su boca. Miro a mi alrededor y veo algas que cuelgan de unas especies de bateas, huellas marcadas en un panel que semeja tierra originaria, réplicas de estacas con nudos como las encontradas en Monte Verde, un lienzo enorme con imágenes de volcanes.

Estoy en una sala de exposiciones en el Centro de Arte Molino Marchmar CAMM, Puerto Varas, cuando ya casi finaliza noviembre, donde se presenta la muestra <<La poética del paisaje>>, experiencia estética que invita a nuestros sentidos a un viaje por los abiertos caminos de la belleza para rescatar en forma simbólica la naturaleza junto al espíritu ancestral de ese vasto territorio que sostiene generosamente la vida de miles de chilenos en la Región de Los Lagos.

Converso con Verónica Astudillo, artista que ha preparado esta inspiradora muestra, reflejo fiel del amor puesto en cada detalle para involucrarnos con nuestra identidad a través de la plástica, el sonido, texturas, la historia.

Me invita a conocer algo más sobre los cuatro volcanes que acompañan a las comunidades de la zona desde hace siglos, Puntiagudo, Osorno, Tronador, Calbuco. Con textos del poeta Juan Paulo Huirimilla y música araucana me voy adentrando en leyendas y en la fuerza y belleza de la imponente presencia de estos verdaderos monumentos naturales que, al mirarlos desde Puerto Varas, a la orilla del lago, parecen emerger de las aguas del Llanquihue como vigilantes custodios de la belleza patrimonial de la región.

Verónica es Licenciada en Arte por la Universidad Católica y vive en este entorno hace 8 años. Se ha integrado al proyecto <<Archipiélago visual>>, que desarrolla investigación, creación, difusión artística y pedagógica del territorio y patrimonio de la Región de Los Lagos desde el punto de vista del arte.

De pronto, con tanta poesía visual, vuelvo al otoño del año 2002, cuando en un encuentro con el poeta Elicura Chiguailaf, me regala, con <<un saludo Azul>>, su libro <<Recado confidencial a los chilenos>>, un llamado a crear espacios de convivencia con los pueblos originarios y con la madre naturaleza. Escucho como si fuera hoy sus palabras:

<<Durante los meses que trabajé en este texto, muchas veces recordé mis andanzas, junto a mi hermano Carlitos, en los bosques milenarios de la tierra de mis abuelos, en mi comunidad. Sabíamos adónde íbamos, adónde teníamos que llegar, pero las hojas del otoño o la nieve del invierno y, sobre todo, la enmarañada vegetación de la primavera, solían ocultar las débiles huellas que nosotros mismos habíamos dejado. Así muchas veces tuvimos que volver al punto de partida y rehacer el trayecto. En cada uno de esos nuevos intentos, del aparente “error” aprendimos algo distinto. De lo efímero: las flores, las mariposas, los hongos, los insectos. Y de lo permanente: la lluvia, los árboles, los animales, las aves, el aroma, el sonido de los esteros, el viento y los Sueños>>.

La poética del paisaje nos abre un camino de encuentro, de esperanza, de armonía con nosotros mismos y con las comunidades en las cuales construimos el día a día. El arte, la cultura, la belleza nos llevan de la mano hacia ese Azul que nos enseña Elicura y esa imponente naturaleza anunciada por el canto del chucao que nos muestra Verónica Astudillo en su obra que presenta hasta mediados de diciembre en el CAMM de Puerto Varas.

FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo, Valparaíso

Cantos y coros con oficio: abriendo puertas

Por Eugenio F. Rengifo L.

Estoy en el Teatro del Lago, Frutillar, 12 de octubre. Muy emocionado. Trescientos niños de la región han cantado a los oficios de sus padres, hermanos, primos, abuelos, que por años han estado construyendo identidad en el día a día en esos hermosos parajes sureños que conforman la Región de Los Lagos. Han venido con la puerta abierta de sus corazones para compartir un solo canto que pone música y versos a las labores del herrero, la lechera, el molinero, el apiario, las tejedoras, baqueanos y pescadores. Han llegado junto a sus maestros escolares desde lugares cercanos, como la Escuela Vicente Pérez Rosales o la Arturo Alessandri de Frutillar, y desde otros más lejanos, representando con orgullo a escuelas de Puerto Montt, Puerto Varas, Osorno, Achao o Isla Lingua. Se los ve felices por lo que han logrado. Han estrenado en este magnífico escenario La cantata de los oficios, creada por el compositor Sebastián Errázuriz, bajo la dirección coral de Quim Piqué.

La obra se ha presentado en el marco del V Encuentro de Coros Escolares del programa Puedes cantar del Teatro del Lago, el que busca impulsar y fortalecer la actividad coral en la región.  Una obra maravillosa que ha logrado unir a miles de voces en sus cuatro años de vida y colaborar con una formación integral de niños y jóvenes que nos abren una puerta de esperanza cuando miramos hacia el mañana.

Su canto no puede dejar de recordarme a una de las figuras claves en la creación y desarrollo de programas corales en el país en los últimos 30 años: Víctor Alarcón, quien nos dijo adiós la última semana de septiembre. Un verdadero maestro de la concordia, como lo han llamado algunos, Víctor veía en la armonía coral una oportunidad de hermandad universal, a la que supo darle curso a través de miles de voces unidas tanto en el programa Crecer cantando, el cual dirigía desde 1992, como a través del Instituto de Música de la Universidad Católica, donde formó y dirigió a muchos grupos corales del mejor nivel, resultado de su carisma con las personas y su rigurosidad profesional.

Conocí a Víctor a mediado de la década del setenta, en su calidad de integrante del grupo Patagonia 4 junto a sus amigos magallánicos Francisco Cresp, Jorge Sharp, Héctor Sepúlveda y Miguel Soto. Con su voz de tenor y en armonía con sus compañeros de canto, Víctor participó de los triunfos que obtuvo el grupo en el Festival Folklórico de la Patagonia. En esos años, Víctor era alumno de la Escuela Industrial Superior de Punta Arenas. Pasaron más de tres décadas y me encontré de nuevo con él en la Universidad Católica. Ya era un educador musical y director de coro del mayor prestigio en el país.

Hace unos cinco o seis años atrás, mientras nos tomábamos un café en alguno de los patios de la Casa Central de la universidad, Víctor me habló del Auto Sacramental por Navidad, escritura y canto de chilenía, con textos de Fidel Sepúlveda y música de Gastón Soublette, obra preparada especialmente con motivo de las celebraciones del Bicentenario y que editó en disco el sello Emi Odeón en 2000. La idea era reeditar esta grabación. Me presentó a María Soledad Manterola, la viuda de Fidel Sepúlveda -estudioso, ensayista, poeta y director del Instituto de Estética UC por 17 años-, con el fin de evaluar esta iniciativa y presentársela al Rector de esa Casa de Estudios Superiores. Se aprobó y el disco volvió a estar disponible con este oratorio de navidad que surge -como se explica en el cuadernillo que acompaña la grabación- de <<una feliz síntesis de dos elementos fundamentales de nuestra cultura popular, el canto y la poesía>>. Las voces del Coro de Alumnos de la UC, bajo la notable dirección de Víctor -quien, además, se luce con su voz de tenor-, nos elevan a emotivos momentos para contarnos que <<En Belén nació una estrella>>. 

Voces para la concordia que participan en la creación diaria de un mundo de hermanos. Niños de la Región de Los Lagos que hoy nos traen en sus voces cristalinas La cantata de los oficios, porque Pueden cantar, y el recuerdo de un amigo que construyó armonías y abrió puertas a nuestra identidad para Crecer cantando.

Mientras escucho todas estas voces, miro el lago y el volcán.