Cine (y nostalgia) en movimiento
FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

EN BOLETERÍA: Se anuncia que en el Centro Cultural de La Moneda la historia del cine en Chile se ha tomado dos salas: la Andes y la Pacífico. Más de 500 piezas de exposición -entre afiches, cámaras, audiovisuales, vestuarios, portadas de revistas especializadas, entre otros objetos- nos sumergen en la nostalgia. Me acerco a la boletería y me dan el pase liberado para ingresar a las salas ubicadas en el subterráneo -3 de esta casa de la cultura. Si no alcanza a ver todo, me dicen, puede volver: la muestra estará abierta hasta el 31 de mayo. Me explican que el Centro Cultural La Moneda se ha unido con la Cineteca Nacional de Chile para presentar Cine en Chile: Historia (s) en Movimiento. Los curadores Marcelo Morales Cortés y María Paz Peirano Olate aseguran -tal cual como lo señala el texto que introduce a la exhibición- que se trata de <<una exposición inédita que recorre más de un siglo de historia del cine en el país, poniendo en primer plano el profundo vínculo que esta práctica cultural ha mantenido con la vida social, política y cultural>> del país.
Esta promesa me hace bajar al subterráneo de mi mente, la que me habla de momentos maravillosos y miles de sueños que se han ido construyendo junto al séptimo arte en mi niñez, adolescencia, juventud y madurez. Nostalgia pura y verdadera.

LA PELÍCULA: Elija el título que más le gusta, sus actrices y actores favoritos, romances, historias de todo tipo, conflictos de distintas índoles. Cine mudo, cine hablado, cine experimental. Su propia película, su sala preferida a lo largo del país.
Inicio el recorrido por la ruta <<en movimiento>>. De pronto, me encuentro con la bicicleta de Machuca en vivo, junto a los tarros de leche condensada y el vestuario que utilizaron Aline Kuppenheim y Matías Quer en el film de Andrés Wood. Más allá, me detengo a ver una escena audiovisual donde un joven Raúl Ruiz da instrucciones a algunos actores para la escena en rodaje. De allí, me traslado a los años ’60 con avisos que anuncian New Love de Álvaro Covacevich, el arquitecto que diseñó el Parque Américo Vespucio en esa misma década. Y en forma destacada, observo una foto de Pedro Sienna, El Húsar de la Muerte.
Entre un sendero y otro, que facilitan la ruta de la nostalgia, voy recordando Valparaíso mi Amor de Aldo Francia, Julio comienza en Julio <<un film de Silvio Caiozzi>>, el Largo Viaje de Patricio Kaulen, La Tierra Prometida de Miguel Littin, hasta que llego al aviso de la primera película sonora nacional: Canción de Amor, producida en el estudio de los hermanos Page estrenada con <<ruidoso éxito en el Teatro Coliseo>> y destacada con muy buena crítica por la revista Ecran en su publicación del 23 de septiembre de 1930. La promoción antes del 9 de septiembre de ese año, fecha del estreno, señala que <<¡Mañana es el gran día de regocijo para los chilenos>>.

EN EL FOYER: hago un intermedio. Y me traslado a mi preadolescencia. Tan emocionante como las películas que me atraían en los años ’50 eran las salas donde se proyectaban. Para los rotativos, con entradas de bajo precio y donde desfilaban dos o tres films continuados, solía ingresar a cines como el Baquedano, Italia, Marconi. Allí podía estar fácilmente encerrado durante cuatro o cinco horas junto a mi hermano que me acompañaba en esas andanzas. Si se trataba de un estreno, había que pagar un poco más que en los rotativos y acceder a butacas muy confortables, pantallas impecables, un celuloide que no se cortaba en la mitad de una escena en tensión, un foyer estupendo, elegante. Hablemos de los cines Metro, Astor, El Golf, Las Lilas, o el Rex.
Me traslado a 1959. Tenía 13 años de edad cuando mis papás me invitaron al estreno de la película Problemas de alcoba –Pillow talk en su título original- con la actuación estelar de Doris Day y Rock Hudson. El ´acontecimiento´ iba a suceder en el lujoso cine Rex de calle Huérfanos, en el centro de Santiago. Qué elegancia: butacas de felpa, alfombras donde se hundían los zapatos con una sensación de placer, foyer colmado de un público vestido como para una fiesta, lámparas colgando del techo para iluminar el glamour, una pantalla enorme rodeada por hermosas cortinas que se abrían con elegancia antes de iniciar la función. (Me llamaron la atención algunas butacas a la orilla del pasillo que tenían el doble de tamaño que las generales.)
De pronto, se apagan las luces de la sala y se encienden las del escenario: tremenda sorpresa para mí. Ingresan cuatro artistas vestidos de smoking y comienzan a cantar El amor es algo esplendoroso. Son nada menos que Los 4 Ases, uno de los grupos vocales de moda más famosos en todo el mundo en esa época. No podía creer lo que estaba viendo y escuchando. Claro, mi papá conocía mis gustos musicales y me quiso regalar ese maravilloso momento. En esos años, cuando había un importante estreno cinematográfico, se presentaba, previo a la proyección de la película, un espectáculo musical del más alto nivel.

CONTINUARÁ: La nostalgia en movimiento nos lleva a mirar al cine chileno con un crecimiento enorme de realizaciones en los últimos 30 años. Nuevos y jóvenes directores, guionistas, productores, actrices y actores, la moderna tecnología al servicio de la imagen y el sonido, y todos quienes desarrollan sus capacidades creativas en torno al séptimo arte se van uniendo para narrar cinematográficamente aspectos claves de la sociedad y la cultura de nuestros tiempos. Y con éxito a nivel nacional e internacional.
Distinciones y premios a películas chilenas en importantes festivales de cine a nivel global reafirman los logros alcanzados. Dos muestras a destacar: Historia de un Oso, bajo la dirección de Gabriel Osorio, ganó el Oscar como el Mejor Cortometraje Animado en 2016. Se convirtió en el primer Oscar para Chile en la historia de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos. Y dos años más tarde, Una Mujer Fantástica, de Sebastián Lelio, obtuvo a su vez un Oscar como la Mejor Película Extranjera de 2018. La prensa especializada mundial la catalogó como una obra ´luminosa´, ´hipnótica´ y ´magnífica´.
Así las cosas, el cine chileno seguirá en movimiento.
