Entra por café, sal más feliz

Entra por café, sal más feliz
POR EUGENIO RENGIFO
Es una invitación tentadora. Un aroma de placer y paz invade la terraza de una simpáticacafetería de barrio y comienza toda una experiencia sensorial. Se dice que, tan solo en el tueste de esta baya roja proveniente de Etiopía en su origen, se liberan más de ochocientos compuestos que estimulan el cerebro. Sencillas mesas, con hermosos tulipanes en sus cubiertas, reciben a los vecinos que quieren disfrutar de un café matutino y de una fluida charla o simplemente dar vuelo a la imaginación en la lectura. Pido un espresso doble de variedad arábica. Y cuando me sirven la bebida, me dan ganas de agregar también Un café para Platón. Hay un tibio sol de invierno, el cielo santiaguino está limpio y la cordillera se ve blanca. Anoche llovió. Caminando por las calles de mi barrio me he encontrado con este Ona Café, en una esquina de Carlos Antúnez con Hernando de Aguirre, ahí en Providencia.Lo abrieron hace solo tres semanas y, realmente, después de entrar por un café se sale más feliz, como dice el letrerito instalado al centro del lugar
Moliendo Café
… Cuando la tarde languidece, renacen las sombras y, en la quietud, los cafetales vuelven a sentir… Así dice la canción del venezolano Hugo Blanco, quien la hizo famosa a comienzo de los 60. En Chile y en toda América latina se difundió con gran éxito la versión de Lucho Gatica. El aroma del café ha sido fuente de inspiración no sólo para músicos y cantantes, sino que también ha penetrado en la literatura, el cine, la pintura. Una muestra de libros: El ladrón de café, Tom Hillenbrand; Café amargo, Simonetta Agnello; Café nostalgia, Zoé Valdés; ¿Nos tomamos un café?, Odin Dupeyron. En cine y telenovelas: Café con aroma de mujer, Fernando Gaitán; Coffee & cigarettes; Café y crema; La chica del café… Lugares: Café de las Artes; Café literario…
Al grano
El café nos une. Nos lleva a un lugar de encuentro con el otro: enamorados, compañeros de oficina, amigos del deporte, jubilados, matrimonios jóvenes con sus niños, artistas. Se conversa y se comparte mucho… Mis mañanas y tardes en el café me llevan a pasear por ese Pequeño Café de Tokio: … bajo los cerezos que abrazan uno de los ríos de la ciudad se esconde un pequeño café con tres mesas de madera donde sus clientes encuentran algo más que un lugar para tomar una bebida: un refugio… el joven encargado del café, con su presencia tranquila, les ofrece algo más que una cálida bienvenida: un espacio terapéutico donde compartir sus miedos y encontrar el valor para seguir adelante. A veces basta una taza caliente y un gesto amable para iluminar el camino. (“Mis tardes en el pequeño café de Tokio”, Michico Aoyama, Planeta 2025).

Platón en la borra que queda en la taza
Hay personas que pueden leer lo que deja la borra del café en la taza. Quedan figuras espontáneas que hablan por sí mismas. Yo no soy de esos, pero leo algo más en el fondo de mi taza sobre Un café para Platón, esa hermosa canción que Fernando Ubiergo nos regaló en noviembre de 1977 y que nos dejó pensando sobre la partida de un amigo que abandona sus estudios universitarios y sale al exilio, según ha contado su autor… Un día de octubre a clases no llegó / había dejado la universidad / como un pitillo a medio terminar su carrera se quedó. / Siempre pedía un café para Platón / unas monedas para la locomoción / no tenía nada y valía más que yo porque él todo lo dio… (https://www.youtube.com/watch?v=Al6Sr1KPVws&list=RDAl6Sr1KPVws&start_radio=1)
Vale la pena recorrer el barrio y encontrar ese lugar donde el café te invita a detenerte por un momento en nuestro diario vivir. En unas pocas cuadras que rodean el sector donde vivo puedes encontrar más de veinte cafés, unos más íntimos y acogedores que otros, más sencillos, más ostentosos, en fin, de todo. Algunos de ellos, además de Ona Café: Sabores de Buenos Aires, Cortaderas, Sol Café, Black Sheep, Juliet, Filippo, Café Magnolio, Naif Café…
El aroma del café y su fuerza que nos brinda nos han de llevar con más entusiasmo por esos senderos ignotos de la vida.
