Los Mesones de Don Pedro

Por Eugenio F. Rengifo L.

Es temprano, en la mañana. Primero de junio de 2023. Suena el teléfono. Es mi
hija Josefina <<Papá, me dice. Murió Pedro Messone esta madrugada. Acaban de
dar la noticia en la Cooperativa. La estoy escuchando mientras voy en el auto
camino al puerto a hacer mis clases de pilates. Dicen que tenía 88 años>>.
Me invade una pena inmensa. Uf, otro grande, grande que se nos va. Tan buena
persona, Pedrito. Y qué voz privilegiada. Pero, de inmediato me doy cuenta que
hay un error en la edad. <<Tenía 83 años, le digo a mi hija. Era del 39>>. Lindos
recuerdos comienzan a surgir en mi mente en esta fría mañana. Tantos momentos
compartidos en la academia de guitarra de Sergio Sauvalle, a comienzos de los
años 60, en encuentros musicales, en festivales, la televisión, teatros… Tantas
conversaciones en las que afloraba su genuino amor por la música chilena de raíz.
Y cómo resaltaba de inmediato su plena identidad con el Puerto Principal: <<Nací
en Temuco, pero soy porteño de corazón>>, decía. Muy buen conversador. Me
imagino que en la Casa del Padre ya se instalaron los mesones de Don Pedro
para compartir con otros grandes de nuestro folklore que partieron antes que él.
Hace muchos años, en esos gratos encuentros que nos regalaba la música, Pedro
nos contaba uno de sus tantos proyectos: <<Quiero instalar un restorán en Buin
donde la música chilena y la buena conversa sean los anfitriones. Me gustaría
llamarlo Los Mesones de Don Pedro>>. El proyecto no prosperó. Pero han sido
muchos los mesones donde dirigió entretenidas conversas. Vaya, si no era un
entretenido contertulio. Hace pocas semanas, antes de su partida, casualmente
recordábamos a Pedro con mi hermano Luis Eduardo, allá en su casa del Cajón
del Maipo. <<Mira, tengo un excelente recuerdo de Pedro Messone, me dijo. Lo
conocí hace años. En 1976 fui a Antofagasta a construir 52 casas para la gerencia
de Codelco. Estuve alojando a comienzos de febrero en el Hotel Turismo de
Antofagasta, que en ese tiempo estaba a cargo de la HONSA. Comía todas las
noches en el comedor del hotel. Ahí cantaba Pedrito , en el show  de noche.
Conversamos largamente todas esas noches;  un tipo muy simpático. Hicimos
muy buenas migas>>.


En un encuentro que tuve con él en enero de 2009, durante el transcurso del
Festival del Huaso de Olmué, le pedí que me contara un poco más sobre sus
inicios en la música. Y sobre el nacimiento de Los 4 Cuartos. Yo estaba
escribiendo un libro donde el neofolklore cobraba especial relevancia en el primer
capítulo para poner en contexto la historia de algunos grupos folklóricos que
nacían en la década del 60.

<<Esto viene desde mi niñez -me decía-. Al “Chino” Urquidi lo conocí por nuestra
común afición al jazz en la época del colegio. Yo estudiaba en el Seminario San
Rafael de Viña y el “Chino” era alumno del colegio de los Sagrados Corazones,
Padres Franceses, también de Viña. Los días sábados nos juntábamos y
partíamos a Valparaíso a escuchar jazz en unas sesiones inolvidables. Además, a
los dos nos apasionaba de forma especial la música creada por los grandes coros
americanos de color con sus característicos negro spirituals, sus ritmos y
cadencias. También me llamó mucho la atención la armonía que hicieron más
adelante los coros alpinos, esa línea musical de Europa llegada a Chile con los
inmigrantes. Estos grupos estaban formados, en su mayoría, por gente de la
Liguria, Italia; utilizaban arreglos corales que se abrían a cinco voces, y eso me
llamaba mucho la atención; tenían un tenorino de registro muy alto, también
aparecían los bajos haciendo de solistas, al igual que los barítonos y, por
supuesto, los tenores, dependiendo del tema. Los primeros en escuchar este tipo
de música fueron los argentinos, porque siempre la moda de Europa llegaba
primero a Argentina. Todos estos sonidos ya nos entusiasmaban bastante.
Pasaron los años y volvimos a coincidir con el “Chino”. Yo ya me había
reencontrado con “Conejo” Morales, un profesor primario muy amigo de nosotros,
con quien había cantado en el coro de la Escuela de Pedagogía de la Universidad
Católica. “Conejo” Morales era muy amigo de Fernando “Nano” Torti, quien había
cantado conmigo una vez que yo fui a reforzar a los tenores del coro bancario.
Bueno, “Nano” y “Conejo” eran muy músicos. “Nano” tocaba muy bien el piano y
“Conejo” la guitarra. Los dos acompañaban a figuras bien especiales: a una
especie de chansonniere chileno que cantaba en francés, y al naciente Peter
Rock, quien tendría unos 16 años en esa época>>.


En esa calurosa tarde de enero en Olmué, bajo unos árboles que algo refrescaban
el aire, Pedro recordaba que todo se dio para crear un cuarteto vocal en el que
pudieran aplicar sus ideas corales. Además, me dijo que habían tenido la
oportunidad de conocer al grupo argentino Los Huanca Hua cuando vino a Chile y
les llamó mucho la atención la novedosa forma de interpretar el foklore, lo que se
constituyó en una influencia clave para crear el sonido de Los 4 Cuartos. Lo que
reafirmarían también con otro grupo vocal argentino llamado Los Trovadores del
Norte.


Las primeras experimentaciones vocales del grupo fueron en Radio Minería,
donde cantaban jingles en los espectáculos en vivo que la emisora transmitía
diariamente. Al poco tiempo, el productor Camilo Fernández los invitó a grabar
discos y luego se incorporó un quinto integrante al conjunto para completar las
armonías de voces: Carlos Jorge Videla, a quien habían conocido en la academia
de guitarra de Sergio Sauvalle. Al poco tiempo, se retiró “Conejo” Morales y se
unió al grupo Willy Bascuñán. El primer gran éxito del grupo fue un rasguido-doble
argentino llamado Juan Payé.


Tantos recuerdos con Pedro. Y tantas hermosas canciones que hizo famosas y
nos regaló a los chilenos… El corralero, El solitario, El ovejero… Su voz cristalina
quedará en nuestros corazones al igual que el patrimonio musical que nos legó y
seguiremos recordando sus tertulias en esos soñados Mesones de Don Pedro, ya
sea en el Cajón del Maipo, en Olmué, Buin, en cualquier lugar de nuestro querido
Chile.