Porotos granados y cueca brava

Por EUGENIO F. RENGIFO

Mis nietos y mi hija Catalina vienen de Limache a visitarme. Me traen rojos tomates, llenos de aroma y sabor. “Para acompañar los porotos granados me dicen”. Yo le he pedido a la señora Judith que cocinara una buena receta de este veraniego y típico plato chileno. Recetas hay varias. Pero, me dice Catalina, junto a los porotos frescos que se desgranan la noche anterior, hay que tener choclos humeros, tomates frescos, cebolla picada en cubitos, algunos trozos de ajo, zapallo también picado en cubitos, aliños a gusto, sal y comino. Y algo muy importante: albahaca. Hay todo un proceso en la preparación que requiere de amor y muchas ganas de compartir en familia o con amigos este folklórico platoNtan nuestro. No pueden faltar los tomates en ensalada y un picante ají verde para acompañar.

Mientras disfrutamos de estos porotos granados de verano, tan chilenos y que forman parte de nuestro patrimonio culinario, me viene a la memoria la última Encuesta Bicentenario que realiza anualmente la Pontificia Universidad Católica de Chile sobre los anhelos y expectativas de la sociedad chilena, lo que comento con Catalina en la sobremesa. Los resultados obtenidos en la versión 2021 de este estudio, dados a conocer en enero pasado, me inquietan en lo referido a su capítulo sobre Identidad Nacional. Allí se concluye que en general, los consultados se declaran poco identificados con el país y sus símbolos patrios. El orgullo por la historia del país disminuyó notoriamente a un 51% y en el año 2015 alcanzaba el 71%. Se observan también caídas importantes en el orgullo respecto de la democracia chilena y la historia de Chile en general. Sobre la identificación de las personas con cosas típicamente chilenas, se observa una disminución importante en comparación a la misma pregunta hecha en 2007, especialmente en lo que son la canción nacional y la bandera chilena.

Incluso, el orgullo que sienten los chilenos por la cueca bajó de una aprobación de 69% en 2007 a un 65% en esta última encuesta. Aunque, en los mayores de 55 años, el apego y la identificación con nuestro baile nacional el resultado arroja un 80% de las preferencias.

Hay luces de esperanza cuando el estudio señala que Las personas más identificadas con lo típicamente chileno son mujeres y hombres de 35 a 55 años o más, principalmente de los estratos socioeconómicos medio y bajo. Los más jóvenes (18 a 24 años) de los estratos socioeconómicos medio y bajo se identifican especialmente con las Fiestas Patrias. Me detengo en la cueca. Hace ya algunos años, el investigador Samuel Claro Valdés publicaba un estudio sobre la Chilena o Cueca Tradicional basado en la obra de Fernando González Marabolí, ex matarife, cultor e investigador innato y autodidacta de la chilena o cueca urbana. Y allí, este cultor comentaba que La cueca de Chile es la gracia, la sal y pimienta de la nacionalidad, por eso antes de aprender a tocar, a cantar y a bailar, hay que meterse la patria en el corazón, en el alma y en el cuerpo. Por su parte, Antonio Acevedo Hernández, escritor chileno destacado durante la primera mitad del siglo XX por sus obras de teatro, novelas, cuentos, crónicas periodísticas y su interés por la recopilación de la cultura folklórica, publicó un estudio sobre La Cueca: Orígenes , Historia y Antología, obra que lo llevó a entrevistar a cultores y expertos en la materia. Allí cuenta que cuando entrevistó a Margot Loyola, siendo ella vida, pasión y triunfo de la cueca le dijo: “Cuando bailo, siento la cueca sin definiciones y orígenes, simplemente como siento las cosas de mi patria, con una profunda pasión”.

En nuestros días resulta interesante revisar la acogida que ha tenido en la juventud la llamada cueca urbana, brava, chora. Y cómo ha ido cobrando nueva vida a través de interpretaciones de grupos como el de Daniel Muñoz y Los Marujos o Los Tres. En su crónica personal de la cueca brava, bajo el título El que sae, sae, Mario Rojas resalta la importancia de los cultores de esta corriente cuequera durante la segunda mitad del siglo XX y que ha influido hasta nuestros días; específicamente, destaca la obra de Nano Núñez, Fernando González Marabolí, el Baucha y Roberto Parra. El libro, además de ser un excelente documento para revisar lo que ha sido la cueca brava en el alma del pueblo, incluye numerosas cuecas de los últimos 70 años. Entre ellas, una cueca de Los Chileneros que refleja muy bien una temática popular y cotidiana: Me gustan los barrios bravos / los guapos de corazón / la gallá del Matadero / los chiquillos ‘e la Estación / la pasta de La Vega / y Recoleta / Diez de Julio y San Pablo / con Vivavceta / Con Vivaceta, sí / muy respetada / Plaza Almagro y San Diego / Blanco Encalada / lindas canchas de amores / los callejones.

Al encontrar esas luces de esperanza en la Encuesta Bicentenario 2021 sobre la valoración que aún manifiestan muchos chilenos sobre nuestra identidad típica, le comento a Catalina que me parece maravilloso que el menú de este almuerzo en la capital haya sido elegido por mis tres nietos limachinos con un guiso típico: “Pero, si los porotos granados son su plato favorito”, me responde con una ancha sonrisa.

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