Verano abierto a la cultura
COORDENADAS: Es sábado, a media tarde. El metro de la línea 1 me lleva hasta la estación Pedro de Valdivia. El verano santiaguino nos regala la oportunidad de visitar diferentes espacios culturales para disfrutar de la música, el cine, el teatro, las artes en una amplia oferta que nos invita a vivir nuestra identidad a través de la belleza y la creatividad. Al salir de la estación y caminando por Nueva Providencia hacia el oriente, a pocos pasos, me encuentro con una casa enorme, de estilo neoclásico, que a comienzos de los años 20 del siglo pasado se llamaba Palacio Schacht, declarado Monumento Histórico en abril de 2005. Hoy es el edificio que alberga a la Fundación Cultural de Providencia. En el jardín de la mansión, se exhibe la muestra “Zig-Zag: 120 años – 120 portadas”.

LA LUNA ERA MI TIERRA: Con sencillez y suficiente espacio, me encuentro con 120 momentos de la historia ilustrada y escrita de nuestra literatura y periodismo de más de un siglo.
Me acerco para apreciar el colorido diseño de Paul Dufresne para la portada del primer número de la tan conocida Revista Zig-Zag publicado en febrero de 1905 . Cerca,encuentro la portada del primer libro de Condorito con el característico estilo del dibujante René Ríos “Pepo” para este personaje popular de la historieta cómica que naciera en 1949 y que hasta el día de hoy nos sigue divirtiendo. Más allá comienzo a volar hacia el año 1948 con el diseño de Jorge Délano “Coke” para el libro La Luna era mi Tierra del escritor, abogado y diplomático Enrique Araya. Y luego, me introduzco al mundo social de inicios del Siglo XX frente a la portada de Casa Grande, controvertida novela de costumbres chilenas del escritor Luis Orrego Luco dada a conocer en 1908. De pronto me encuentro con un diseño hermoso de Nemesio Antúnez que anuncia en 1963 Destierros y Tinieblas del poeta Miguel Arteche. Por supuesto, está presente la Guerra del 79 con el inolvidable libro Adiós al Sétimo de Línea de Jorge Inostrosa, cuyo primer tomo, de un total de cinco, fue publicado en 1955. Más allá aparece Hijo de Ladrón, del Premio Nacional de Literatura Manuel Rojas, en su edición de 1951 con la “sombría” ilustración de Agustín Cardemil. La nostalgia de mi niñez se ilustra con El Peneca, semanario ilustrado para niños cuyo número 1 fue publicado en noviembre de 1908 con la portada de José Foradori“Pepin”.
Hay 112 portadas más que hacen de esta muestra un camino maravilloso a recorrer de la mano de un buen libro o una buena revista.

RAÍCES Y ALAS: Cambio de escenario en la primera quincena de enero. Estoy en la Estación Mapocho. Cerca de cinco mil personas esperan la salida del “tren” de la poesía, la música, la convivencia. Entre ellos hay familias enteras, amigos, niños y niñas, estudiantes, profesionales, todos juntos a la espera de que se ponga en marcha este “tren” de encuentro. A la espera del Concierto por la Hermandad 2026. Por el pasillo principal comienzan a subir al escenario cerca de cien instrumentistas, con un arpa incluida; luego se desplaza el coro ciudadano, al que le siguen cien voces infantiles que han llegado desde el Colegio Domingo Santa María de Vicuña y de la Escuela de Música de Quilicura., todos ellos bajo la dirección coral general de Virginia Bono. Por último, ingresan al escenario la mezzosoprano Javiera Barrios y la directora general maestra Alejandra Urrutia. Más tarde se va a incorporar la actriz Paulina García.
Y comienza el sonido envolvente de la música y la palabra a invadir nuestras almas: Una creación sinfónica y coral del músico Sebastián Errázuriz en torno a la poesía y el legado de Gabriela Mistral, nuestra Premio Nobel que tanto cariño nos ha regalado a través de supersona, su obra poética y su vocación de educadora, colocando siempre en el centro a los niños y niñas. En mi asiento me espera una postal en la que leo: Donde hay un niño, debe haber cuidado, respeto y amor. Cada niño es una pregunta viva que la sociedad entera debe responder. (“Llamada por el niño”, Gabriela Mistral).
El recorrido contempla cinco “estaciones” y lleva el nombre de la Sinfonía: Raíces y Alas. Vamos conociendo Cuna de Tierra, la que cura nuestro cuerpo y salva mi alma; Escuela de Luz, llena de juegos infantiles; Desolación, el gran dolor de la vida de Gabriela Mistral; Acción por la infancia, carta por los niños; hasta que llega a la “estación” final: El verdadero gozo de la vida, gran celebración por el placer de servir a los demás.
Luego de un silencio, un aplauso atronador llena la sala por largos minutos; cinco mil almas se han elevado para mirarnos cara a cara en gestos de verdadera hermandad. Hermandad entre el público, los niños del coro, las voces adultas, cada músico y música. La emoción nos embarga a todos. Ha sido un concierto maravilloso.

Me acerco al compositor Sebastián Errázuriz, quien me dirá después: Fue una alegría compartir este estreno con tanta gente querida. Y un regalo haber sido convocado para un desafío tan grande. Se refiere a VibraClásica, organización que se ha propuesto inspirar, educar y empoderar a las comunidades en Chile a través de la música. También escucho a la maestra Urrutia emocionada diciéndole a la prensa que “El Gran Concierto por la Hermandad es más que un evento cultural. Es una invitación a detenernos y recordar lo esencial, la posibilidad y necesidad de hacer comunidad”.
CIERRE ABIERTO: Pero hay más. La cultura continúa ofreciéndonos momentos de encuentro con las artes y la belleza en este verano que se alarga para regalarnos espacios de reflexión, alegría y amistad.
