FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

El almacén de la esquina y un museo de identidad

Escucho en las noticias que ya operan supermercados donde no hay personal que atienda al cliente. Una vez que usted activa la aplicación en su móvil para comprar todo comienza a fluir, desde que ingresa hasta que sale del lugar. Elige sus mercaderías y el móvil va registrando su pedido. Antes de salir, ya le han descontado de su tarjeta bancaria el valor de su compra. Se va y los productos adquiridos por usted llegarán a su casa en el momento que usted ha señalado como el más oportuno.

Las redes digitales reemplazan a las redes de personas presenciales de carne y hueso.

En algunas ciudades de Chile ya es habitual toparse en las calles con bicicletas o pequeñas motos que llevan un tremendo canasto en la parte trasera del vehículo con la comida rápida que usted ha solicitado a su restorán preferido. Olores a fritura, churrasco, sushi, pollo asado invaden las avenidas que llevan alimentación a su destino a la par que Juan o Rosa pedalean y sudan la gota gorda para llegar a tiempo. Si no alcanzan a entregar el pedido a la hora señalada, Juan y Rosa deben sacar plata de su bolsillo y pagar el pollo asado, el sushi, el churrasco o las frituras que solamente han olido pero que no han probado. Si su pedido llega a casa a tiempo, velozmente, Rosa o Juan le cobran rápidamente y emprenden el vuelo en cosa de segundos.

Me recuerdo con nostalgia del almacén de la esquina, lugar de encuentro con vecinos y dueños de emporios con los cuales se conversa y la compra pasa a ser una experiencia casi patrimonial en los antiguos barrios de Santiago, Chillán, Valparaíso en el norte, centro y sur del país.

Visito en Chillán a mi hijo Federico, su señora Paulina y mi nieto Joaquín. Paulina me invita a conocer un almacén donde se hace venta a granel, como era antes. Es en calle Constitución 1128, a pasos de Avenida Argentina. El letrero dice Rukatremo y al ingresar me encuentro con una tentadora variedad de productos naturales, saludables y eco-amigables: legumbres, aceites, especias, frutos secos, semillas, miel, cereales, pan integral. Me atiende Lisette y me dice que sus proveedores son emprendedores que se la juegan por un futuro más ecológico, sustentable, sin basura. Me explica que la política de su almacén contempla un sagrado respeto al medio ambiente, busca transmitir una experiencia sensorial en un lugar donde la estética tiene su rol y se transmite alegría…Todo ello para tener una vida más sustentable.

Luego viajo a Valparaíso a ver a mi hija Josefina y su familia y me pide que la acompañe al Ecoparaíso, otro almacén de venta a granel inspirado en un mercado sustentable. Está en Urriola 448, en el corazón del Cerro Alegre. Los dueños son una pareja de jóvenes emprendedores que ofrece a los vecinos una amplia selección de productos que permitan vivir de manera más sustentable. Otro lugar de encuentro donde se conversa de lo simple que puede ser la vida en nuestros días y se comparten gratos momentos mientras envolvemos un rico pan de semillas en una sencilla bolsa de papel y cogemos una bandeja de 30 huevos de color que han puesto gallinas de campo. Mi hija ha traído envases de vidrio para comprar productos de biolimpieza: <<son fabulosos -me dice-; y no contaminan las aguas>>.

Muy cerca de allí subo por el Pasaje Bavestrello, en la calle Álvaro Besa 628, y me encuentro con el Decoalmacén La Verbena, en la casa 31, una hermosa recreación de un típico emporio porteño que pretende recuperar el patrimonio que significan estos almacenes en la creación de identidad de barrio: un lugar para estrechar lazos de amistad entre los vecinos y poner en valor ese entorno como un verdadero museo de identidad. La emprendedora de esta iniciativa es Patricia Campos, quien me invita a tomar un delicioso café: <<He querido recuperar antiguos muebles y elementos de los típicos almacenes de barrio para mantener la identidad de lo nuestro>>. Uno de sus proyectos consiste en preparar las <<Onces porteñas>> para reunir a grupos de no más de ocho vecinos una vez al mes: <<La idea es juntarse a conversar de temas de interés para el barrio y disfrutar de un rico té>>. También está postulando a un Fondo de Cultura -Fondart- que apoya el patrimonio con el fin de hacer itinerancia con su Decoalmacén. Si obtiene acogida el proyecto, antes de fin de año espera llevar su emporio a Santa Cruz y abrirlo al público en la Casa de la Cultura de la Municipalidad. Y luego, en 2020, llevar este museo de identidad a Puchuncaví y presentarlo en el antiguo Palacio Ross.

Estos emprendimientos sustentables van encendiendo luces de esperanza para un hoy y un futuro en el que se encuentren los miembros de una comunidad en un entorno sencillo a escala humana y que promueva la amistad con el prójimo y el medioambiente. Ya está pasando.

Julio 2019

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