FLOR DE IDENTIDAD / Por Eugenio Rengifo

Septiembre de chilenía y Los 4 Huasos

Flor de identidad

Por Eugenio F. Rengifo L.

Septiembre es el mes de las celebraciones patrias en Chile, al igual que en otros países de América. Se izan banderas tricolores por todos lados. Se hermosean las casas, las plazas. Los campos se visten de flores y de verde. La primavera nos llama a despertar el alma que pueda estar dormida. Llegan los ecos libertarios de independencia que lanzaron nuestros padres de la patria hace más de 200 años. Durante más de dos siglos de vida republicana se ha ido consolidando hombro a hombro, sonrisa con sonrisa, llanto con llanto, una identidad que surge de lo más profundo de cada uno de los chilenos que han construido nuestro país en la fábrica, en el mar, los cerros y valles, en las cocinas y ramadas, en las ciudades y rancheríos.

Y de pronto, al pasar de los años fue surgiendo un canto lleno de amor por lo nuestro, por la gente, la historia, el paisaje que nos ha cobijado. Llegaron voces desde el Viejo Mundo que se fueron mezclando con las voces criollas y autóctonas hasta dar vida a diferentes líneas de música que han ido tomando forma con el paso del tiempo. Una de esas líneas es la que se llamó en el Siglo XX la canción típica chilena. Y uno de sus exponentes más característicos de esta línea fue el grupo Los 4 Huasos que inició su canto en 1927 cuando comenzó a rescatar la obra popular en campos y pueblos del sur y de la zona central y logro así dar nueva vida a un repertorio inolvidable que difundió por todo el país y por la América morena.

Los Cuatro Huasos fueron los iniciadores de un estilo que, con los años, pasó a llamarse simplemente música típica chilena. Su influencia fue determinante en una serie de grupos que han cultivado esta forma de interpretar el cancionero popular de nuestro país durante el siglo XX y lo que va corrido del siglo XXI.

Los orígenes de este tipo de expresión se remontan a los albores de la colonia, con la llegada de los españoles a estas lejanas tierras del sur del mundo. Las formas de música religiosa y música militar se convierten en el primer contacto que tienen los criollos y nativos con las corrientes musicales europeas. Hay noticias que señalan al sacerdote mercedario Antonio Correa como un virtuoso de la flauta que llamaba a los indios al son de su instrumento desde el cerro Huelén y empleaba la música con fines docentes y misionales. También existen referencias sobre el uso de la guitarra como instrumento de música popular y de solaz familiar. El tambor de las bandas militares pasa a convertirse en el acompañamiento característico de los pregoneros. A su vez, se sabe que el padre Luis de Valdivia introduce la práctica de cantar la doctrina por las calles y en su Gramática de la lengua mapuche incluye cuatro canciones religiosas.

El romancero español fue clave en la formación del cancionero popular chileno: aportó estructuras poéticas y melódicas que fueron moldeando la expresión cantada en el sur de América y en Chile. De allí que es común encontrar versos y melodías que se repiten en los distintos países de la América morena, con leves adaptaciones culturales locales.

La tonada es uno de los frutos más evidentes de la influencia española en el caso de nuestro país. Junto a la canción, el vals y la cueca, Los Cuatro Huasos hicieron de ella uno de los pilares fundamentales de su estilo y repertorio. Por eso, rescordar la historia de este grupo es revivir también estos ritmos y versos que han ayudado a consolidar, en cierto modo, la identidad chilena durante los últimos cien años.

Al revisar la historia de este tipo de expresión artística, nos encontramos con algunos precursores de esta corriente, como Los Huasos de Chincolco, Los Huasos de Reñaca o Los Huasos de Pichidegua, quienes efectuaron grabaciones discográficas previas a las primeras realizadas por Los Cuatro Huasos en noviembre de 1927.

El original e innovador estilo de Los 4 Huasos para interpretar el cancionero de raíz folklórica, el rescate de la guitarra como instrumento de acompañamiento en grupos masculinos de canto, la tenida del huaso acampado a modo de vestimenta característica para el escenario, la conformación de cuatro integrantes y un repertorio que mezcla lo nuestro con las expresiones musicales populares latinoamericanas han hecho de este grupo una escuela que ha tenido muchos discípulos en los últimos 90 años.

Septiembre, 2019.

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