Noticias, Sobre fotografía / Por Adolfo Vera

La fotografía social de Lincoyán Parada

una mirada al pueblo Mapuche

Por Adolfo Vera

Lincoyán Parada es un destacado fotógrafo chileno. Sus comienzos en fotografía fueron como autodidacta, para luego recibir la formación del profesor y fotógrafo Bob Borowicz. A ello se suma, su formación en el Foto Cine Club de Chile.

A lo largo de su vida, Parada participa en distintas federaciones de fotografía, trayectoria que lo ha llevado a recibir premios y distinciones. Así mismo, colaborando en distintos medios, entre los cuales podemos mencionar, Revista del Domingo, ilustrando con sus imágenes muchos artículos. Dentro de sus exposiciones se cuenta las dedicadas a los mineros del Carbón de Coronel y Lota “Los compadres del Carbón” y la población La Victoria, en Santiago de Chile.

En el imaginario colectivo de quienes conocen sus fotografías, destaca la exposición y edición del libro “El Mapuche Con Buenos Ojos”, obra cumbre de Parada, al poner en valor al pueblo Mapuche (comienzo del proyecto 1993, año de los pueblos indígenas), registro fotográfico realizado en distintas ciudades del Sur de Chile. La mirada de Parada es cercana a quienes retrata, sumergiéndose en el entorno familiar Mapuche, dándonos a conocer la cultura local y cosmovisión, distinta al habitante de la ciudad.

Al observar sus imágenes, es inspirarse en el mundo indígena Mapuche costumbrista. En ellas, aparece lo tradicional, la mirada desde un pasado reciente hasta hoy, un pueblo vigente en sus costumbres y vivencias, siendo las fotografías de Parada, una iconografía de este pueblo originario y ancestral, con su presencia en nuestro territorio, más de 500 años A. C.

Quienes han visitado su exposición, “El Mapuche Con Buenos Ojos”, las fotografías ampliadas en color son casi unas verdaderas pinturas, exhibiendo este mundo colorido y pintoresco, al quedar retratados todos los elementos y expresiones culturales del pueblo Mapuche, con sus actividades cotidianas, utensilios, personas, paisajes, que constituyen el imaginario visual indígena.

En sus fotografías podemos observar, gallinas revoleteando unas entre otras para alcanzar el maíz, la señora amasando con la harina de piñón, la casas adornada de elementos rústicos, la tetera y las ollas negras pintada por el fuego, el retrato familiar; personas jóvenes y adultas posando para foto y mientras otras se agrupan entorno al fogón con el mismo propósito, quedar registradas para posteridad.

A su vez, se aprecia a un hombre hacha en mano cortando leña en el bosque cargado de nieve en una época invernal y una niña acercándose a un pehuén joven (araucaria araucana), para colgar sus delicadas prendas, en un lugar rodeado por graciosas Araucarias, telón de fondo de este paisaje cordillerano.

En suma, un mundo lleno de encantos y muchas araucarias de un color verde intenso y tranquilo, presente en la Cordillera de los Andes y Cordillera de la Costa (Nahuelbuta), distribuido desde la octava hasta la décima región de Chile.

Mapuche = gente de la tierra, y su idioma, Mapudungun = Idioma de la tierra.

En entrevista Parada nos dice: “es lo que me paso a mí con los Mapuches, descubrí lo distinto, ya no es la estufa a gas, ni tampoco el zinc, es la madera, ahí está el fuego con el humo, es lo que une a la familia Mapuche, el fogón, es el entorno familiar”. A su vez, destaca belleza del paisaje y la relación del Mapuche con la naturaleza, estableciendo su armonía y conexión con su propio elemento, la tierra.

Para finalizar, compartiremos algunas de sus fotografías y un link de un video producido por el Consejo de la Cultura y las Artes en conjunto con Duoc UC, en entrevista a Lincoyán Parada y su obra, “El Mapuche Con Buenos Ojos”, contando su experiencia y sensaciones vividas llenas de encantos, destacando la revaloración de este pueblo, el contacto con la naturaleza, la vida compartida entorno al fogón y el mate, elementos presentes en su fotografías y testimonio visual del pueblo Mapuche. RDLJ.

Ref.:

http://www.artistasvisualeschilenos.cl/658/w3-article-40139.html
Sobre fotografía / Por Adolfo Vera

La fotografía de Charles Wellington Furlong, un viaje en el tiempo

Por Adolfo Vera

Charles Wellington Furlong, viajero, explorador, escritor, profesor de dibujo, por solo mencionar algunas de sus cualidades, quien, realizara expediciones al territorio austral, Tierra del Fuego, entre los años 1907-1908, emprendiendo un numeroso registro fotográfico de las culturas indígenas fueguinas, y además, su participación en otras actividades de orden antropológico.

De origen estadounidense, Furlong, decide explorar las tierras australes y conocer las culturas indígenas que habitaban en ese entonces la Tierra del Fuego y los canales Patagónicos, viajando al inhóspito lugar a comienzo del siglo pasado. Muchas de sus fotografías se encuentran en un museo de Estados Unidos y en su página web, existe información respecto al trabajo realizado en el archipiélago fueguino.

En su trabajo fotográfico, y la técnica de registro, las antiguas Cámaras de Placas, que contenían en su interior placas de vidrio (tamaño 9 x 12 cm.), las que una vez expuestas a la luz, se obtenía una imagen latente, para posteriormente ser reveladas químicamente, obteniéndose una imagen en negativo fotográfico y luego, un positivo en papel fotográfico. Una de las características del trabajo con placas de vidrio, era el tamaño de la placa, que permitía realizar ampliaciones a gran tamaño, destacándose muchos detalles contenidos en las imágenes por su excelente definición.

Desconocemos si sus registros fueron totalmente espontáneos o casuales (instante decisivo del fotógrafo) o hubo una puesta en escena, sin embargo, a través de sus fotografías, nos introduce en este mundo ignoto y lejano, de otros tiempos, devolviendo la respuesta a la interrogante de la mirada desconocida, de quien observa el pasado desde el futuro, y solo lo hace a través de las fotografías Furlong y la de otros fotógrafos contemporáneos. En su narrativa visual, se encarna la figura fueguina y su relación con su espacio geográfico, en sus fotografías se aprecian aspectos estéticos, de composición, destacando los juegos de luces y sombra, contraluz, figura y fondo.

La fotografía de Furlong es mágica, porque denota la presencia indígena en su hábitat, manifestada delante de la cámara, y aunque haya pasado más de un siglo del registro, seguimos sintiendo ese momento sublime en sus imágenes. Es por ello, que su fotografía nos abre una ventana en el espacio/tiempo, para mirar y entender el pasado; quienes fueron y como habitaron esos territorios, y hoy, lamentablemente extintos, estos primeros habitantes de esas tierras inhóspitas y lejanas, ayudándonos a construir el imaginario fueguino desde la mirada reflexiva y el accionar de su autor, (encuadrando, componiendo y registrando sus imágenes), para luego, convertirse en un patrimonio fotográfico vernáculo de nuestro país, llevándonos a construir nuestro propio imaginario visual de las culturas indígenas.

Hemos seleccionado tres fotografías para conocer el registro fotográfico de Furlong y las presentamos a continuación:

En las primeras imágenes, el fotógrafo nos entrega una composición horizontal casi perfecta, ordenando los elementos, en una diagonal entre el mar y tierra, quebrándose en el fondo con las nubes y acentuando el carácter insular de esta zona austral.

Abrigados con pieles de Guanaco, yacen inmóviles, en el silencio, casi podemos sentir el ambiente gélido trasmitido por la imagen y denotado por el ambiente del lugar.

El paisaje desde un borde interior hacia el exterior, nubes cargadas de agua, el mar, la tierra, conviviendo en una perfecta armonía, en un espacio amplio, casi infinito, alejados de toda contaminación, vemos a ellos, a los Selknam (Onas), en un estado de contemplación, cómplices del silencio y la simpleza, sin elementos ajenos, solo ellos, con su mirada lejana y perdida, más bien, conectados con su mundo interior. Y el grupo familiar, en un paseo por el silencio y la contemplación de los espacios costeros, a lo igual que una plaza de un día domingo, la familia pasea y se sienta a contemplar la inmensidad, en definitiva, su propio espacio y su propia vida.

En la última fotografía, es un grupo de Selknam desplazándose por la isla grande de Tierra del Fuego, donde todo se funde en una poesía visual, en un viaje por el tiempo: postal de lo primitivo y puro. Hombres, mujeres con niños en sus espaldas, perros, van todos en una marcha, con atuendos característicos de una era primitiva, arcos, flechas, y en su vestimenta, la piel de guanaco, redundando su aspecto de cazadores. El grupo viaja cohesionado, en un espacio costero y amplio, y un juego luces y sombras acompañan la imagen en su proyección sobre el agua, generando una doble imagen del grupo, centro de interés visual de la fotografía. De alguna manera, esta imagen los lleva por el camino de la eternización, (hoy extintos) y desde el pasado, lanzan su grito y nos dicen, estos fuimos y así habitábamos y ahora vamos camino al infinito. A más de un siglo del registro fotográfico, las generaciones actuales tienen la oportunidad de conocerlos, abriendo una ventana al pasado, para contemplarlos en una mirada eterna hacia su cultura.

Antes de concluir, queremos recordar el nacimiento de la fotografía, con Joseph Nicéforo Niépce, quien, registrara la primera fotografía de la historia, en 1826, imagen obtenida desde una ventana, en Le Gras, Francia. Sin embargo, el trabajo se vio interrumpido con su fallecimiento, el cual, prosiguió Louis Jacques Mandé Daguerre, posterior a la muerte de Niépce. En la perfección del invento, nace el Daguerrotipo, el cual, fue inscrito posteriormente en la sociedad científica de Paris y con ello, la fecha oficial del nacimiento de la fotografía, el 19 de Agosto 1839, conmemorándose hasta hoy.

Ref.:

http://www.fotografiaindigena.cl/fueguinos/?cat=8http://www.antropologiavisual.cl/2005_6_art05_maturana.html#capa2