Ivar Muñoz- Rojas, autor de Underground Babilonia

Ivar Muñoz Rojas

Ivar Muñoz- Rojas, autor de Underground Babilonia: “Las fotos transmitían una imagen muy cercana de los músicos”

POR FERNANDA SCHELL

Fotografías, rock and roll, punk, amor e historias, eso nos trae el libro “Undeground Babilonia” del escritor, periodista, músico y guionista, Ivar Muñoz-Rojas, quien relató e investigó la historia de Philomena Winstanley y Claude Bessy, impulsores del movimiento punk. El autor recibió una caja de fotografías que había sacado Phil, allí se muestra una variedad de músicos famosos en diversos lugares y situaciones, esto va acompañado de una crónica que relata cada suceso ocurrido durante los años 70’. 

En aquel tiempo la pareja transcurre por diversidad, una de ella es Los Ángeles, allí participan en la escena punk a través de “Slash”, una revista independiente dio a conocer y apoyo a bandas como GermsXThe ScreamersBlack Flag. Claude se encargaba de escribir los textos, y Philomena fotografiaba a las bandas en un ambiente de confianza, naturalidad, cercanía y momentos que uno nunca pensaba ver.

El libro se puede obtener a través de la editorial Libros del Revés o Editorial La Felguera

Para saber más de la historia de este libro conversamos con su autor, Ivar Muñoz-Rojas. 

F: ¿Cómo surge la idea de escribir y recopilar la historia Philly y Claude? ¿Cómo llegaste a conocer a Philomena?

I: “La historia surge a raíz de que uno de los editores de este libro, Servando Rocha –con quien tocaba un en un grupo de punk (Muletrain), me habló de unas fotos que había en Barcelona de varias bandas punk de finales de los setenta. Se las había regalado una misteriosa mujer mayor inglesa a una chica a la que había conocido en un sitio para hacer fotocopias y esta a su vez, un tiempo después, se las había pasado a Servando. Me contó que se habían exhibido a nivel underground (se hizo una exposición en una casa ocupada, se publicó alguna en un fanzine…), y que sólo se sabía que esta mujer se llamaba Philomena Winstanley y que había vivido en Barcelona años atrás. La historia parecía muy jugosa, así que le pedí a Servando que me dejara las fotos para indagar en qué historia podía haber detrás. Me puse a investigar y el primer paso fue localizar a Philomena, que ahora vive en Sucre, Bolivia”.

F: ¿Qué te entusiasmó a introducirte en sus aventuras?

I: “La primera entrevista por teléfono con Philomena fue como encontrarte un lingote de oro en un arroyo. Contaba historias extraordinarias con toda la naturalidad del mundo: sobre cuando conoció a los Beatles de adolescente, cuando fundó junto a su difunto marido Claude la primera revista de punk en Los Ángeles, Slash; su amistad con Nick Cave en Londres. Tras algunas entrevistas, empecé a contactar con estos personajes de los que me hablaba, conocidos y no conocidos, y poco a poco fue tomando forma la historia. También fue muy gratificante descubrir el entusiasmo de estos amigos: querían participar y transmitir su cariño y respeto hacia Philly y Claude. Era una pareja muy querida”.                          

F: Cuando te llegaron las fotografías de Philomena Winstanley. ¿Qué fue lo que se te vino a la mente? ¿Qué encontraste allí?

I: “Lo primero que me fascinó fue que las fotos transmitían una imagen muy cercana de los músicos. Más que las clásicas fotografías de rock con los músicos posando casi como héroes, se trataba de escenas cotidianas; como si se tratara de un álbum de fotos con amigos, sólo que con John Lydon de Sex Pistols tomando té, Nick Cave de picnic o Sonic Youth tocando en la playa”.

F: ¿Qué fue lo que unió a Philly y Claude para que pudieran continuar juntos?

I: “Supongo que esto debería responderlo Philly -desgraciadamente no llegué a conocer a Claude, ya que falleció en 1999. Desde fuera, y a partir de lo que me han contado ella y los numerosos cercanos a la pareja a los que he entrevistado, creo que su entusiasmo y sus ganas de vivir ajenos a las expectativas o presiones de la sociedad contribuyó a que vivieran todas estas aventuras que inspiran libertad. Eso sí, Philly contagia entusiasmo y optimismo, pero con una visión crítica y los pies en el suelo, desde mi punto de vista”.

F: Algún momento. ¿Quedó fuera del libro? 

I: “Sí, aquellas anécdotas que no he podido contrastar ni verificar. Para mí era muy importante que el libro resultase fluido de leer con cierto aire novelesco -sin ánimo de sonar pretencioso, pero que igualmente fuese un trabajo periodístico. Que lo que contase fuese verdad”.

F: ¿Cuál crees que es el legado que deja este libro, las fotos y la historia de esta pareja?

I: “Es difícil verlo desde dentro, claro. Quiero pensar que es una historia bonita y singular, y que de alguna manera da voz a todos esos personajes aparentemente secundarios pero que desde la sombra dan forma a movimientos artísticos, en este caso musicales, de todo tipo. Nos solemos acordar de los que tuvieron los focos encima, pero son sólo la punta del iceberg”.

F: ¿Qué rol cumplió esta pareja en aquellos años?  

I: “En el primer punk de Los Ángeles su rol fue determinante a través de la revista Slash: fue pionera y la que cohesionó el primer punk rock en la ciudad. Después, en Londres y Manchester, aun habiendo estado en la fundación de sitios o movimientos después legendarios, su papel fue más inspirador que instigador. Quizás en Gran Bretaña no estuvieron tan al pie del cañón, pero fueron una influencia para personajes más notorios. New Order recuerda, por ejemplo, como Claude y sus provocadoras proyecciones de vídeo fueron claves para ambientar y darle una identidad al mítico club The Haçienda en sus primeros días”.

F: ¿Cómo visualizas la actual escena undeground? ¿Existen similitudes?

I: “Durante 12 años estuve muy metido en el underground punk de España con dos grupos (Aerobitch y Muletrain) junto a los que toqué mucho por todo el país (y también por Europa), pero ahora estoy bastante desconectado del punk aquí. De aquellos años lo que aprendí es que existe una manera de hacer las cosas a tu aire, sólo por amor al arte y sin esperar nada más que la mera satisfacción de hacerlas y compartirlas. Y en este contexto son claves aquellas personas que organizan conciertos o publican discos sin prácticamente obtener beneficios; altruistas como los que montan un concierto en una ciudad que no es la tuya, y te dan de cenar y sitio para dormir en sus casas sólo porque les apasiona la música. Creo que ese instinto, esas ganas de moverte al margen de los caminos marcados, es muy oxigenante y que en esencia no varía tanto de una generación a otra. Los chavales que se graban canciones y vídeos de trap con un móvil también buscan tener un mensaje y un espacio propios, aunque yo no los entienda ni me gusten.  ¡Pero así debe de ser si soy un viejo de casi 40 años!”. 

F: ¿Qué se aprende realizando este tipo de investigación?

I: “A nivel personal ha sido un ejercicio de constancia y disciplina. Trabajo como guionista en televisión y lo he ido escribiendo entre un proyecto y otro, de manera que lo he aparcado y retomado varias veces hasta terminarlo. Y bueno, por cursi que pueda sonar también ha sido una lección vital comprobar, con entrevistados bastante mayores que yo, que las personas que cuidan a otras son recordadas toda la vida, aunque no haya contacto con ellas. Aunque decir esto me temo que suena más hippie que punk, jeje”.

F: ¿Qué proyectos tienes? 

I: “Cuando me encontré esta historia sentí casi una obligación moral de escribirla: aquello que me contaba Philly simplemente no podía caer en el olvido. Ahora mismo entre trabajo e hijos pequeños es difícil encontrar huecos para escribir algo propio, que no sea para el trabajo. ¡Quizás un cuento punk para niños!”. 

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