Revista de Los Jaivas

Dominique Clarke, autora de “No soy tu Lolita”: “El estereotipo y construcción social de lo que es ser mujer no ha sido escrito por nosotras”

Dominique Clarke, escritora chilena y estudiante universitaria de psicología, ha publicado dos textos, “Mujer insurgente” y “No soy tu Lolita“. En su segundo libro presenta una novela protagonizada por Lorenza, quien va narrando su vida, retratando diferentes situaciones acerca de crecer y vivir en una sociedad machista, los decubrimientos en la adolescencia, experencias propias y cercanas que deben vivir las mujeres.

Conversamos con Dominique, acerca de su obra, desarollo, feminismo, historia y más.

Por Fernanda Schell.

¿Cómo surge la idea de escribir “No soy tu Lolita?

El estereotipo y construcción social de lo que es ser mujer no ha sido escrito por nosotras. Me fui dando cuenta de esto a medida que comencé a leer lo que son los llamados “clásicos”, libros escogidos por un grupo reducido y poco representativo de personas.

Madame Bovary, de Gustave Flaubert, “Anna Karenina de Leo Tolstoi, “Lolita de Vladimir Nabokov, son todos clásicos supuestamente, y son todos nombres de las protagonistas mujeres escritas por hombres.  

La cantidad de autoras perseguidas, exiliadas y/o ejecutadas a lo largo de la historia por intentar de darle verdadera voz a las mujeres es muy extensa para mencionarla así sin más, pero algunos ejemplos históricos son Enheduana, Safo de Mitilene, Hipatia de Alejandría.

Creo que la literatura es una defensa y pilar fundamental del cambio y el desarrollo de derechos humanos. Los libros me han dado fuerza, resiliencia y apoyo intelectual para defenderme ante injusticias y conocer mis derechos y libertades como mujer. Quiero a través de mi escritura poder darles esa compañía y fuerza a más mujeres.

En específico, “No soy tu Lolita” nace para visibilizar la importancia de las mujeres en la literatura y la cultura en general, y cómo esto es un pilar clave para la igualdad de género. La narrativa femenina es fundamental para resignificar la construcción social de lo que es ser mujer que fue fortificada por hombres de privilegio durante milenios. Nuestra voz es una pieza clave en esta reconstrucción, esta reconstrucción es lo que me llevó a escribir mi libro y lo que me da esperanza de que más mujeres alcen su voz.

–  En este texto profundizas temas que no me te habías atrevido a tocar antes. ¿Cuáles y por qué?

–  Uf, hay varios. En primer lugar, creo que los/las protagonistas LGBTQ+, que no había escrito antes, presentaron para mí un desafío sabiendo que muchas/os de mis lectores son adulto/as e incluso mayores, a veces temes que no quieran leerte (o incluso desagradables) porque estés involucrando la orientación sexual diversa como un eje base. Justamente al haber tenido ese temor entendí que el miedo a que no toleran la diversidad sexual que escribo es algo que en lo personal me pesa muchísimo menos (ahora, honestamente nada) en comparación a no aportar con la normalización de esta a través de mi escritura. Prefiero conectar con todos/as esos/as lectores/as que sí son parte de la comunidad. Una de las cosas más lindas que me han pasado ha sido recibir mensajes de lectoras contándome sus propias historias y cómo conectaron con ciertos personajes desde su orientación sexual.

Incluso, la sorpresa que me he llevado últimamente ha sido escuchar comentarios de adulto/as diciéndome que el libro les ayudó a entender la diversidad sexual desde una perspectiva cercana de entender.

Necesitamos normalizar el amor disidente en todas sus formas, y para eso necesitamos incluirlo en la cultura, y no con personajes secundarios, sino también con protagonistas. Esto fue algo que aprendí conversando con una amiga cantautora, Olivia García, ella es increíble, y justamente fue un referente para escribir este ámbito del libro.

El tema, eso sí, que fue más controversial para mí durante mucho tiempo de la redacción del libro fue que estaba cuestionando a “grandes” autores y pensamientos. En un principio confieso que tuve miedo, lo cual es algo muy ajeno ahora, pero fue mi realidad durante varios meses. Antes de publicar, no sabía cómo sería la respuesta del público a lo que estaba cuestionando y problematizando, que es la apropiación de la identidad y narrativa femenina por parte del género masculino desde la cultura. Pero sabía que eso era lo que realmente quería decir, al final entregué la versión del manuscrito sin censuras, lo cual agradezco hasta el día de hoy.

Porque jamás imaginé el apoyo y resonancia que tendría ese mensaje con las personas.

–  ¿Fue un desafío desarrollarlas?

–  Completamente, cada temática nueva involucró muchas correcciones, búsqueda de bibliografía complementaria, estudios. Creo que mi principal motor cuando toco temáticas nuevas o desafiantes es prepararme lo mejor posible y nutrirme de todas las vías a mi alcance para entregarle la mejor versión de mi escritura a los/las lectoras/es.

También estas nuevas temáticas trajeron muchas conversaciones y sobre todo reflexiones (intra e interpersonales) sobre por qué estaba decidiendo escribir o no escribir algo. ¿Por miedo? ¿Porque realmente creo en esto? ¿Porque es lo más cómodo?

Siempre he tenido a personas increíbles para tener estas conversaciones, que me sacan de mi zona de confort y me ayudan a cuestionarme más allá de lo que ya conozco.

–  ¿Cómo fue el proceso de escribirlo durante el encierro y la pandemia?

– Los libros para mí tienen dos procesos, uno es la escritura y el segundo es la edición. Si bien “No soy tu Lolita” lo escribí propiamente tal los meses de abril, mayo y junio en el 2021, lo cual fue en período pandémico y parcialmente encerrado (en esa época cada semana era una sorpresa porque variaban las fases), después el proceso de edición duró diez meses. Para mí la escritura del libro involucra ambos, porque el manuscrito final no sería lo que es hoy si no fuese por esos diez meses de edición. Estos ya no fueron en encierro, creo que fue muy liberador para mí poder vivir esa parte ya escribiendo en cafés, pudiendo realizar entrevistas físicas o buscar material físico para estudiar.

– Estuviste en Alemania, donde te juntaste con una académica especializada en la invisibilización de las mujeres en la literatura. Cuéntame acerca de esta experiencia y aprendizaje.

Cuando digo que fue el evento más fortuito que me ha pasado en la vida, lo digo con todo el sentido de la palabra. Yo ya había escrito “No soy tu Lolita y estaba en proceso de edición cuando tomé el curso de roles de las mujeres en los siglos XVI y XVII que esta profesora impartía en mi universidad alemana.

Entré al curso sin expectativas y resultó ser que había una clase entera en el programa dedicada a una de las autoras que citaba fuertemente en “No soy tu Lolita”, Christine de Pizán. Le conté a mi profesora sobre lo que estaba escribiendo y le pedí una entrevista. Durante la conversación que tuvimos, además de ayudarme a encontrar fuentes para fundamentar el argumento del libro, también ella me contó sobre la lucha real, lejana de la ficción, que estaban llevando las académicas mujeres desde hace décadas en Europa. Efectivamente, tener un curso sobre el rol (invisibilizado) de las mujeres en la historia no es algo que nace sin oposición de la noche a la mañana. Con ella pude ver que la deuda histórica que se tiene con las mujeres y sus aportaciones existe en todos los países y culturas, independiente del desarrollo que tengan. Fue una de las experiencias más nutritivas que he vivido desde la experiencia universitaria.

–  ¿Qué tanto hay de ficción y realidad en la novela junto a los personajes?

–  Creo que hasta el día en que se publicó el libro era pura ficción. Tomé las luchas que la mayoría de las mujeres llevamos desde nuestra infancia y adolescencia y quise crear personajes con los que todas se sintieran identificadas de alguna forma u otra, tal vez no al pie de la letra, pero desde algunas emociones y frustraciones que vivimos en común. Tenía una idea general del espacio seguro que quería generar para mis lectoras.

Hasta que se publicó el libro, y fue una respuesta muy diferente de lo que esperaba.

Me empezaron a llegar testimonios de lectoras (de todas las edades) que me decían “esta fue mi adolescencia”, “siento que leí un fragmento de mi vida”, “viví esto, me hubiese encantado leer este libro a los 15”, “yo tuve a una profe Febos, a un Agustín, y a un Matías…”.

También de adolescentes actuales, creo que esto fue lo que más me sorprendió, “el otro día me sentí como Lo, sexualizada por mis compañeros, para ellos fue un chiste la situación…” Sí, es duro saber que todas vivimos actualmente y en el pasado situaciones en donde se nos ve como un objeto antes que un sujeto de derechos, pero mis lectoras me dejaron bien claro que ellas responden, resisten y cuestionan. Y esa fuerza, ese fuego que me transmite cada una, eso es lo que te deja bien claro que las cosas no van a quedar como antes.

– ¿Cómo visualizas el actual feminismo en las nuevas generaciones?

– Súper potente y diverso. Creo que todavía quedan muchas barreras y construcciones sociales que necesitamos desaprender para poder realmente internalizar la equidad de género, pero para esto las voces de las nuevas generaciones son cada día una fuente de inspiración y aprendizaje muy potente e importante. En lo personal, cada día desaprendo las misóginas que tengo internalizadas gracias a nuevas voces feministas, pero también gracias a voces más antiguas. A qué voy con esto, el diálogo intergeneracional y la validación de la experiencia y aporte de las juventudes es una pieza clave en este cambio, pero necesitamos de esta conversación desde todas las edades, incluídas las infancias y juventudes.

– En la literatura y la música. ¿Qué mujeres te inspiran?

En el ámbito internacional diría que Cassandra Clare, Louisa May Alcott y Simone de Beauvoir. Con Clare y May Alcott conocí en mi adolescencia una narrativa en la ficción que encarnaba mujeres fuertes, resilientes y luchadoras. Gracias a ellas conocí a personajes como Emma Carstairs y Jo March, que retratan acciones y pensamientos que hasta el día de hoy son parte fundamental en mi feminismo.

Con Simone de Beauvoir logré materializar todos estos pensamientos dentro del mundo ficticio sobre las mujeres para traerlos al mundo real. Desde su teoría feminista, Simone de Beauvoir me hizo ver que ese mundo donde las mujeres podíamos tomar las riendas de nuestras vidas sí era plausible, y lo era a través del feminismo.

En el ámbito nacional Marcela Serrano es un referente muy potente para mí, no la conocía antes y por mucho tiempo me la recomendaron, hasta que leí mi primer libro de la autora y quedé fascinada con las veinte páginas. Me alucinó su pluma y la forma en que abarca las temáticas de género desde la interseccionalidad.

Desde la música también, referentes internacionales, creo que todo/as mis lectores/as saben que Taylor Swift es un referente muy potente para mí (dicho de forma moderada ja ja). Ella ha encontrado cada camino mejor que el otro para responder a las negativas que se le han dado como mujer desde la industria musical. Su historia como artista y todo lo que ha enfrentado es una fuente de mucha inspiración para mí.

Y referentes musicales nacionales, hay dos mujeres que en lo personal me han traído con su música, mucha energía e inspiración. Antonella Sigala y Camila Moreno. La música y trayectoria de Antonella me han llevado a encontrarme con partes de mí y de mi arte con las que jamás había conectado. Ver a una mujer conectar con públicos a través de emociones tan grandes, eso sí que inspira, sobre todo cuando son tan buenas en lo que hacen.

Lo mismo me pasa con Camila Moreno, además de que conecto mucho con el activismo cultural que genera desde su música, las problemáticas que trae sobre la mesa con sus letras, no tengo palabras para describir la fuerza y emoción que me dio escucharla en vivo.

–  Para la gente que le gustaría ingresar al feminismo o desea leer autoras. ¿Qué recomendaciones les dirías?

–  Uf, por dónde partir, al final de No soy tu Lolita hay una lista entera de títulos que recomiendo para justamente leer autoras y consumir literatura con perspectiva femenina, pero si tuviese que recomendar uno fácil, directo y amigable de leer diría que “Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo” de Chimamanda Ngozi Adichie.

Si quieren leer de época victoriana o ese estilo más “clásico”, “Jane Eyre”, de Charlotte Brontë. Por otro lado, “Saga Cazadores de Sombras”, de Cassandra Clare o “Saga Trono de Cristal”, de Sarah J. Maas. Ficción chilena: “Diez Mujeres”, Marcela Serrano y no ficción: “Una habitación propia” de Virginia Woolf. 

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