Revista de Los Jaivas

LA CULTURA MOCHICA

Gentileza de don Guillermo E. Pinillos Llontop

La Cultura Mochica


Los Moche

Moche o la cultura mochica es una cultura arqueológica del Antiguo Perú que se desarrolló entre los 300 a. C. y los 700 d. C. alrededor de los valles de la costa norte del Perú.
Las sociedades Moche desarrollaron una compleja tecnología de canales de riego, evidenciando amplios conocimientos en ingeniería hidráulica y ampliando la frontera agrícola. Además, hicieron uso intensivo del cobre en la fabricación de armas, herramientas y objetos ornamentales.
Fueron considerados los mejores ceramistas del Perú antiguo gracias al fino y elaborado trabajo que realizaron en sus cerámicos. En ellos representaron a divinidades, hombres, animales y escenas significativas referidas a temas ceremoniales y mitos que reflejaban su concepción del mundo, destacándose la asombrosa expresividad, perfección y realismo con que los dotaban.
Políticamente, las sociedades Moche de fuerte segmentación en clases sociales se organizaban en señoríos comandados por autoridades religioso-militares.

Huaco Retrato Moche C.P.

Ubicación geográfica
Mochica Norte En el valle de Jequetepeque: San José de Moro, Huaca Dos Cabezas, Complejo Pacatnamú, Casa de la Luna o Sián, el Hornito, entre San Pedro y Pacasmayo, Sincapecerce de Poémape, y la Tumba de la Mina. En el Valle de Lambayeque: Sipán y Pampa Grande
Mochica Sur: En el valle de Moche: La Huaca del Sol y de La Luna. En el Valle de Chicama: En este valle destacan varios edificios moche que fueron usados en tiempos Chimú, como: Sonolipe, Urricape, Mocollope, La Campana, Huaca Cartavio, Huaca Colorada, Huaca Facalá y Licapa. Los complejos arquitectónicos más grandes fueron El Brujo, y un complejo en Sauzal.


Una gran cultura
En general la cultura moche tuvo un gran desenvolvimiento en la zona de la costa del norte del Perú, en esta zona se desarrollaron de una forma impresionante, construyendo grandes templos que dejan gran parte de su legado, fue algo muy avanzado el tener sistema de irrigación y forma de controlar el río con motivo de regar el casi desierto que era el norte del territorio, al igual fueron grandes maestros al tratar el metal y el oro.


Obras de la cultura moche
Los mochica plasmaron el entorno de su mundo cultural y religioso en su expresiva cerámica perfeccionando una actividad artística que constituye el mejor documento y testimonio de su cultura. Fue escultórica, realista, documental, y pictográfica.
Escultórica: Porque representaban en bulto las figuras de los hombres, animales y plantas. Destacaron los huacos retratos.
Realista: Puesto que todo era reproducción exacta de la realidad. No inventaban ni imaginaban en su obra ceramista, que era expresión de las actividades.
Documental: Porque era realismo y su representación sirven como elementos para conocer la vida de los habitantes mochicas como si se estuviese leyendo un verdadero documento o fuente escrita.
Pictográfica: Ya que algunos huacos representan figuras pintadas y ornamentadas.

Corona MocheC.P.  

Cetro MocheC.P.

Ofrenda Funeraria C.P.

Mascara Moche C.P.

Aretes Moche C.P.

Brazaletes Moche C.P.

Anillos Moche C.P.

La Cerámica Moche

El más conocido legado cultural moche es su cerámica, generalmente depositada como preciosa ofrenda para los muertos. Hombres, divinidades, animales, plantas y complejas escenas fueron representadas por sus artistas bajo la forma de imágenes escultóricas o vasijas decoradas a pincel.

Elaborando Chicha C.P.
Falconida C.P.
Deidades C.P.
La Cacería C.P.

Su realismo es característica resaltante en sus huaco retratos, su famosa plástica asombra por la expresividad y perfección de verdaderos retratos de arcilla. Los cánones clásicos de perfección y realismo se reconocen aun en seres mitológicos, animales humanizados, hombres con atributos zoomorfos o partes combinadas de varios animales. Sin embargo también realizaron cerámica con gran contenido simbólico de pensamiento e ideas donde las imágenes se vuelven más abstractas y conceptuales, ambas tradiciones tanto la simbólica como la realista se encuentran sumamente vinculadas. Incluso hay piezas cerámicas donde conviven estas dos tendencias sin el más mínimo problema.

  

Analizando la iconografía de la cerámica, los investigadores actuales también pueden conocer interesante información sobre la vida de los moches: ceremonias funerarias, ceremonias rituales, paisajes, viviendas, guerras, enfermedades, etc. proporcionando así un vínculo entre los vivos y los muertos.

Huaco Erótico C.P.


Sus pictografías derrochan vida y movimiento en las complejas escenas de ceremonias, combates, cacerías rituales y probables relatos míticos. Sin embargo, la vajilla para uso diario, utensilios domésticos y vasijas para agua fueron funcionales, sencillos y escasamente decorados.

Lagartija C.P
Batracio C.P.
Cóndor C.P
Lechuzas C.P
Vasija Ceremonial C.P.
Deidad C.P.
Serpientes con cabeza de perro C.P.
Parto C.P.
Maromero C.P.
Deidad Guerrera C.P.

La cerámica fue pictórica, con asa puente y con el pintado de toda la superficie conocido como “horror al vacío”. La cerámica moche tiene dos colores predominantes: rojo y crema, no usaron el color azul y verde por respeto al mar, conocido como Kon. Ellos utilizaron moldes para fabricar sus objetos de cerámica, tanto de uso doméstico como de uso ceremonial, estos últimos generalmente tienen base de forma globular y decoraciones que reflejan la cosmovisión e ideología del pueblo moche. Los moches usaron hilo para hacer sus cerámicas.

Los Funerales de la Tuerta

Había una vez en el norte del Perú, hace mucho, muchísimo tiempo, un pueblo llamado Moche. Allá en los valles de la costa donde habitaban había de todo. Los moche buscaban su sustento no sólo en las orillas de los ríos, sino en el mar, en las playas, en las lomas y entre los bosques de algarrobo.
Con sus botes de totora pescaban en el mar. Cazaban a los lobos marinos en las playas. En los bosques cazaban venados con ayuda de redes, lanzas y macanas. Recolectaban caracoles de las plantas en las lomas. Cogían frutos de los árboles. Donde había agua suficiente, sembraban yuca, frijoles y ají. Trataban de servir a sus dioses, pero vivían atemorizados por los monstruos.


Al dios Sol lo querían. Pero cuando pasaba con su corte también temblaban de miedo. Es que éste algunas veces hacía detenerse a las aves que lo transportaban, se bajaba de su anda y pedía la sangre de prisioneros para alimentarse. El dios Aguila le llevaba su bebida preferida. También el dios de la Vía Láctea pedía el sacrificio de guerreros. Sus servidores, el dios Búho y la diosa Luna, eran los encargados de llevarle sus manjares.


En esos tiempos, no se sabe bien de dónde, apareció un señor poderoso, fuerte y aguerrido. Lo llamaban Quismique, porque algunas veces parecía viejo. Pero otras veces se le había visto más joven. Casi siempre levaba un sombrero con piel de puma y orejas de cabeza de culebra. Su cinturón era de serpientes. Decían que tenía poderes mágicos, que podía hablar con los dioses del mundo de arriba, que sabía tomar la forma de animales.

Los monstruos no le tenían ningún respeto a Quismique. Peor, como él ayudaba a los habitantes de los valles, los monstruos maléficos salían de sus escondites, le perseguían, le amenazaban, y trataban de hacerle daño.

Como no podían hacerle daño a Quismique, los monstruos encontraron a la madre de Quismique, llamada Pir Juchkiik porque era tuerta. La mataron en el desierto y la dejaron para que la devoraran los buitres.

Enfurecido Quismique y Murrup, su ayudante, persiguieron a los gallinazos, los ataron y los sacrificaron.

Luego cavaron una tumba y dieron sepultura a la madre. Para que nada le faltara en el mundo de los muertos, colocaron muchos objetos y mucha comida al lado del sacófago. De allí fueron al templo del dios de la Via Láctea, llevando un cargamento de conchas para solicitar su apoyo.

A los cinco días del entierro echaron la suerte. Con palitos y frijoles de colores podían adivinar la voluntat de los dioses. Todos los signos coincidieron. Quismique tenía que descender al mundo de los muertos, averiguar quienes habían sido los culpables de la muerte de su madre, y tenía que asegurarse también el apoyo de los antepasados en su lucha contra ellos.

Así que Quismique descendió al reino de los antepasados. Ellos organizaron una fiesta y le dijeron lo que ya sabía: los monstruos maléficos de las profundidades habían dado muerte a su madre. Los antepasados le ofrecieron apoyarlo en la persecución de los malhechores.

La victoria de Quismique fue motivo de fiesta para todos. Sonaron las antaras y tambores. El héroe y su ayudante Murrup bebieron y bailaron con la gente. Para los habitantes de los valles, las hazañas de Quismique significaron la liberación de los seres que tanto los habían aterrorizado. Sus aventuras fueron contadas una y otra vez y él se convirtió en su héroe y dios favorito.

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