Arctaña: 26 años de un lenguaje sonoro que une memoria, territorio y creación

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Arctaña: 26 años de un lenguaje sonoro que une memoria, territorio y creación

Con más de 26 años de trayectoria y un sonido inconfundible dentro de la música de raíz chilena, la banda Arctaña realizará una gira por Santiago, Yumbel, Requínoa, Lanco, Padre de las Casas y San Antonio para presentar un concierto inmersivo que invita al público a viajar por los paisajes, historias y memorias profundas del territorio. Este espectáculo forma parte de su proyecto “Fin gira Arctaña 2025. Cultura que Suena: Música, Patrimonio y Conexión con lo Nuestro” —folio 845397— financiado por el Fondo de la Música, Línea de Apoyo a la Circulación de la Música Chilena 2025 – 1° llamado 2025-2026 / Circulación Nacional, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. La agrupación, nacida en Talca en 1999, ha cultivado una propuesta única dentro de las Músicas del Mundo, integrando influencias andinas, experimentación sonora y una identidad marcada por el diálogo entre tradiciones y contemporaneidad.

Con estas presentaciones, la banda desplegará un ensamble de ocho músicos y más de 60 instrumentos de diversas culturas, todos ejecutados en vivo sin recursos virtuales, en una apuesta artística que combina memoria, educación, emoción y entretenimiento. El público podrá no solo escuchar sus obras, sino también participar de una experiencia instrumental abierta, donde conocerán la historia, construcción y sonoridad de los instrumentos utilizados por la banda. Antes de subir al escenario, conversamos con ellos Claudio Hidalgo (quien está a cargo de la guitarra, charango, trompe y otros) para profundizar en este proyecto, su visión artística y el camino que han recorrido en estas más de dos décadas de creación:

A lo largo de 26 años, Arctaña ha construido un lenguaje propio dentro de la música de raíz. ¿Cómo describen ustedes la identidad sonora que los ha acompañado desde sus inicios hasta hoy?

Nuestra identidad sonora es, ante todo, un relato musical. Desde nuestros inicios hemos buscado contar historias sin palabras, a través del timbre, la respiración y la vibración real de los instrumentos. Cada obra nace de la exploración de las músicas de raíz, tanto de Chile como de otros territorios del mundo, y se transforma en un viaje sonoro que invita a la imaginación y a la conexión emocional.

Aun así, dentro de la nomenclatura de géneros y estilos, decimos que hacemos música del mundo con influencia andina y elementos de paisaje sonoro.

Trabajamos desde una música 100% instrumental, orgánica y humana, sin artificios digitales, sin distorsiones ni inteligencia artificial. Creemos profundamente en el valor del sonido en su estado más puro y en la energía irrepetible del encuentro entre músico e instrumento.

A lo largo de estos 26 años, ese espíritu se ha mantenido intacto: una identidad que une tradición y creación, memoria y presente, territorio y emoción, construyendo un lenguaje propio que sigue evolucionando, pero sin perder su raíz.

Sus presentaciones son parte del proyecto “Cultura que Suena”. ¿Qué les interesaba transmitir con esta gira y qué lugar ocupa en su trayectoria artística?

El proyecto “Cultura que Suena” nace desde nuestro profundo deseo de acercar la música de raíz a las personas, no solo como un concierto, sino como una experiencia viva de encuentro con el patrimonio sonoro. Nos interesaba transmitir que la cultura está presente, que respira, que evoluciona y que sigue sonando en cada territorio, en cada comunidad y en cada persona que se permite escucharla con atención.

Esta gira tiene un lugar muy especial dentro de nuestra trayectoria, porque sintetiza gran parte de lo que hemos construido en estos 26 años: la investigación de las raíces, el respeto por las tradiciones, la creación contemporánea y el vínculo directo con el público. No es solo una etapa más, sino una reafirmación de nuestro camino artístico.

Además, este proyecto marca un hito profundamente significativo para Arctaña, ya que fue seleccionado por el Fondo de la Música, en la Línea de Apoyo a la Circulación de la Música Chilena 2025 – 1° llamado 2025–2026 / Circulación Nacional, del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile, siendo además el fondo que financia esta gira. Este respaldo representa un gran honor y un reconocimiento al trabajo sostenido que hemos desarrollado por más de dos décadas, fortaleciendo aún más nuestro compromiso con la música de raíz y con el público de nuestro país.

La experiencia instrumental previa al concierto es una instancia muy valorada por el público. ¿Cómo surgió la idea de abrir ese espacio y qué buscan que los asistentes vivan allí?

La Experiencia Instrumental surgió de manera completamente espontánea y natural. En nuestras primeras presentaciones, cuando recién comenzábamos, siempre había personas, las más curiosas, que al terminar el concierto se acercaban a preguntarnos por los nombres de los instrumentos, sus orígenes, los materiales con que estaban construidos y cómo se producían esos sonidos. Ese interés genuino del público fue el verdadero punto de partida.

Con el tiempo entendimos que esas conversaciones no eran algo aislado, sino una necesidad real de acercarse más profundamente a la música, y decidimos transformar ese intercambio en un espacio abierto, participativo y consciente.

Hoy, en la Experiencia Instrumental buscamos que los asistentes no solo observen, sino que toquen, escuchen de cerca, sientan la vibración y descubran con sus propios sentidos cómo nace el sonido. Es un momento de aprendizaje, pero también de juego, de asombro y de conexión emocional con la música.

Para nosotros, esta instancia es una extensión natural del concierto: un espacio donde el público deja de ser solo espectador y se transforma en protagonista, viviendo la música desde su dimensión más esencial y humana.

En el escenario trabajan con más de 60 instrumentos de distintos orígenes. ¿Qué criterios utilizan para integrarlos y construir un relato musical coherente entre culturas tan diversas?

Para nosotros, cada instrumento no es solo una fuente de sonido, sino un portador de historia, territorio y memoria cultural. El primer criterio para integrarlos es siempre el respeto por su origen y su identidad sonora. Estudiamos sus posibilidades, sus timbres, sus afinaciones y su contexto, para que dialoguen desde su esencia y no como simples elementos decorativos dentro de una puesta en escena.

A partir de ahí, el segundo gran criterio es la coherencia del relato musical. No los unimos de manera arbitraria: cada instrumento entra en función de la historia que queremos contar en una obra determinada. Buscamos puntos de encuentro entre culturas a través del ritmo, la respiración, las escalas, las texturas y las emociones que transmiten.

El resultado es un lenguaje propio donde lo ancestral y lo contemporáneo, lo local y lo universal, se entrelazan de manera orgánica. Más que fusionar por fusionar, nos interesa crear puentes sonoros, permitiendo que instrumentos de distintos rincones del mundo conversen en un mismo paisaje musical, sin perder su identidad, pero construyendo una experiencia coherente y profundamente humana.

Una de sus características es la total ausencia de instrumentos virtuales o inteligencia artificial. ¿Por qué es importante para ustedes mantener esa relación artesanal con el sonido?

Para nosotros, mantener una relación artesanal y humana con el sonido es una decisión profundamente estética, ética y emocional. Creemos que el sonido nace del cuerpo, de la respiración, del roce de los materiales, del pulso humano, y esa energía no puede ser reemplazada por ningún algoritmo.

La ausencia de instrumentos virtuales o de inteligencia artificial no es un rechazo a la tecnología, sino una forma de cuidar lo esencial: el vínculo directo entre el intérprete y el instrumento, la imperfección viva, el error que se transforma en expresión, y la emoción irrepetible de cada ejecución.

Trabajar desde lo acústico nos permite habitar el sonido en su estado más puro, donde cada vibración es real, donde cada nota ocurre solo una vez. Esa fragilidad y verdad es, justamente, lo que buscamos compartir con el público: una experiencia sonora honesta, presente y profundamente humana.

Están trabajando en un nuevo álbum. ¿Qué pueden adelantarnos sobre este proceso y cómo dialoga con sus discos anteriores, Ir sobre los pasos y Tiempo?

Estamos en un proceso creativo muy intenso y emocionante con nuestro nuevo álbum. Es un trabajo que recoge todo lo que hemos aprendido en estos 26 años, pero que al mismo tiempo nos desafía a explorar nuevos territorios sonoros.

Si Ir sobre los pasos fue un disco que miró hacia nuestras raíces, hacia nuestra historia y hacia el camino recorrido, y Tiempo profundizó en la relación entre memoria, naturaleza y espiritualidad, este nuevo álbum avanza hacia una propuesta que busca tejer esos mundos con una perspectiva más expansiva y madura.

En términos sonoros, seguimos trabajando desde nuestra esencia: música instrumental, orgánica, sin artificios digitales ni inteligencia artificial. Pero al mismo tiempo estamos explorando nuevas texturas, nuevas combinaciones tímbricas y un enfoque más cinematográfico del relato musical.

Este nuevo trabajo dialoga con nuestros discos anteriores porque mantiene ese sello que nos acompaña desde siempre, la búsqueda de identidad, la narración a través del sonido y el respeto por los instrumentos, pero también abre puertas hacia un lenguaje más amplio, más profundo y más conectado con lo que estamos viviendo hoy como grupo.

Podríamos decir que este álbum es una síntesis y, a la vez, un nuevo comienzo: un puente que une nuestra historia con la proyección futura de Arctaña.

Después de tantos años de camino, ¿qué los sigue moviendo a crear, investigar y compartir esta música que rescata memoria, identidad y territorio?

Después de tantos años de camino, lo que nos sigue moviendo es, en primer lugar, la necesidad vital de crear. La música para nosotros no es solo un oficio o una carrera, es una forma de estar en el mundo, de comprenderlo y de dialogar con él.

Nos moviliza también el asombro permanente frente a la riqueza de los territorios, de las culturas y de las memorias que habitan este país y otros rincones del mundo. Sentimos una gran responsabilidad y, al mismo tiempo, un profundo privilegio de poder investigar esas raíces, aprender de ellas y transformarlas en música viva.

Lo que realmente da sentido a todo es el encuentro con las personas. Ver cómo esta música despierta recuerdos, emociones, preguntas y conexiones en quienes la escuchan nos confirma que este camino sigue siendo necesario. Crear, investigar y compartir no es solo un acto artístico para nosotros, es también un acto de memoria, de identidad y de amor por el territorio y por la experiencia profundamente humana de hacer música juntos, entre verdaderos amigos. 

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