Los Jaivas: contemplando un arrebol eterno. Entrevista exclusiva con Gato Alquinta (2001)

Entrevista exclusiva con Gato Alquinta (2001)

FUENTE: https://www.rockaxis.com/vanguardia/entrevista/24516/los-jaivas–contemplando-un-arrebol-eterno/

NOTA DE PARTE DE REVISTA DE LOS JAIVAS:

Agradecemos infinitamente la labor que ha cumplido ROCKAXIS para con la música chilena. Esta entrevista, como ejemplo, es de un valor inestimable porque evidencia profundamente en palabras de Gato, nuestro trabajo y pensamiento musical. Nuestras acciones y decisiones, declaraciones que después de todo son muy escasas en el maremágnum de entrevistas que han concedido Los Jaivas durante su extendida carrera artística.

POR Héctor Aravena A.

Los Jaivas: contemplando un arrebol eterno

Entrevista exclusiva con Gato Alquinta (2001)

Sábado, 23 de Junio de 2001

Los Jaivas: contemplando un arrebol eterno

Los legendarios e inagotables Jaivas están de vuelta con su nueva producción “Arrebol”, palabra que significa un atardecer luminoso y que sin duda es metáfora del constante espíritu de creación y búsqueda de las raíces que siempre los ha acompañado. Mientras la banda acaba de reeditar su primer disco “El Volantín”, de alguna manera se cierra un círculo de más de 30 años, en donde Los Jaivas demuestran que tanto su pasado más lejano, como el presente más contingente, tienen una coherencia total en lo que es el magnífico legado de uno de los grupos más importantes de la historia de la música chilena.

 -Hablemos un poco del nuevo disco “Arrebol”. ¿Quisieron reunir material que tenían disperso y compuesto en distintos lados o siempre se pensó como un disco de canciones?

Gato Alquinta: Siempre lo habíamos pensado como un disco de canciones y teníamos varias cosas grabadas que las queríamos poner en este nuevo álbum. Lo que pasó es que estábamos en eso cuando fuimos a tocar a Vicuña y Eduardo (Parra) se inspiró e hizo un libro de poemas sobre Vicuña que se llama “Mamalluca”. Entonces ahí se nos ocurrió la idea de hacer un proyecto global, musicalizando esos poemas con coro y orquesta. Empezó bastante de a poco pero al final fue bien rápido como se desencadenó todo y terminamos grabando ese proyecto y quedó desplazado el disco de canciones. Entonces una vez que terminamos con “Mamalluca”, nos propusimos seguir con este proyecto en donde habían quedado rezagadas las canciones “Todos Americanos”, el tema de los derechos del niño “Por los Niños del Mundo” y el tributo a Victor Jara, “Vamos Por Ancho Camino”, que ya había salido en un disco homenaje con muchos otros intérpretes, pero también era para nosotros, según el trato que habíamos hecho con el sello Alerce. Además preparamos tres cuecas que estaban pensadas para este álbum, pero que también tuvieron una pequeña dispersión porque ya habían sido editadas en una compilación en donde salían cuecas de todos los álbumes de Los Jaivas. Ese era el material anterior y después nos pusimos a trabajar en octubre del 2000 y salieron cuatro canciones de ese tramo. Posteriormente hubo otro período de trabajo que fue entre enero y marzo del 2001, aunque hubo una gira entremedio. En definitiva nos concentramos en marzo y salieron tres temas más. Fueron siete temas nuevos, más los seis anteriores, completamos las trece canciones de “Arrebol”.

 -¿Quisieron hacer un disco que mostrara todas las facetas musicales en que los Jaivas ha incursionado? 

-Hay bastante diferencia entre un tema y otro y hay canciones muy dispares en cuanto al ritmo, la letra y en general son bastante diferentes. Por ejemplo el tema “Arrebol” surgió muy espontáneamente al final del trabajo “Hijos de la Tierra”. Recuerdo que estaba mirando por la ventana y tenía ese aire de guitarra con la melodía del canto tarareada y era una cosa bien arrastradora. A todos les gustó y recuerdo que tenía un efecto con la guitarra que se formaba como una sensación “planeante”, que después la quisimos reproducir con todos los instrumentos y puedes ver el resultado. También nos dimos cuenta que inconscientemente aflora una influencia africana. Me encanta la música de la Cora del país africano Mali y “Arrebol” tiene harto que ver con eso. La Cora son una especie de artistas que van cantando con una calabaza. Se escucha mucha de esa música en Francia, aunque en general allá llega música de todo el mundo, pero si una presta atención hay mucha música africana del centro de ese continente y también del norte, de la música árabe. En todo caso eso fue totalmente inconsciente, lo que hace que el tema sea bastante novedoso en cuanto a lo “jaivístico”, porque nosotros estamos siempre más influenciados por la cosa andina. 

-¿Qué piensas del legado tanto musical y melódico, pero también humano de compositores que han influido tanto en la música de ustedes como Violeta Parra y Víctor Jara? 

-De todas maneras la Violeta Parra principalmente y Víctor Jara, en menor medida, fueron claves en el descubrimiento de nuestras raíces. Ellos hicieron un trabajo que fue el de ir a rescatar las raíces del folklore chileno, no como se nos presentó siempre cuando niños con el típico conjunto de cuatro huasos con el arpa y la guitarra que después se sacaban los trajes y se iban a trabajar a un banco. Eso es lo que nosotros conocimos como folklore chileno. Entonces la gracia de estos dos compositores es que fueron capaces de encontrar una cosa que estaba oculta antes de que ellos la descubrieran. Por ejemplo, yo actualmente, a estas alturas de la vida, descubrí lo que es toda la escuela de payadores de Rancagua, que es una cuestión maravillosa, una tradición que ellos tienen desde 1500 y tanto y que viene del país aragonés. La Violeta y Víctor conocieron todo eso en sus viajes al interior y fueron rescatando toda esa cosa, se nutrieron de eso y su creación fue como una consecuencia directa de ese ensalzarse de esas raíces. Para mí Violeta Parra es como una síntesis de todo el folklore oculto chileno, es lo más auténtico. Los argentinos decían que Los Jaivas eran el casamiento entre Violeta Parra y Jimi Hendriz. Es bien interesante lo que ellos dicen porque yo comparo a Hendrix con la Violeta, porque ella, desde ese punto de vista, se nutrió de las raíces y el resultado es tan auténtico como las propias raíces. Lo mismo pasa con Hendrix que se nutrió del blues americano de los negros que se tocaba en las calles y no estaba en los discos. El sintetizó de una manera tan genial que resultó ser una cuestión súper de avant-garde y tan auténtico como el mismo blues. 

-Interesante eso, porque desde esa mirada podemos decir que la creación de Violeta Parra es absolutamente avant-garde. 

-Claro, es avant-garde, pero al mismo tiempo es de una autenticidad única y se puede decir que es tan folklórico como el folklore puro. Eso fue lo que a nosotros nos maravilló de la Violeta, de tener un exponente en Chile que te haga conocer un género musical que es tan fuerte, pero que está escondido, al punto que la única persona que ha hecho eso fue Violeta Parra y por otro lado, aunque en menor medida, Victor Jara, pero siempre con esa misma fuerza de demostrar que nuestro país tiene una tradición musical. Nosotros somos mucho más eclécticos y nos hemos influenciado por más fuentes musicales latinoamericanas, sobre todo andinas. 

-¿Cómo fue ese proceso de descubrir otras fuentes musicales en nuestro continente? 

-Nos dimos cuenta que tenemos un Norte que está limitado con Bolivia, con Perú y que si uno se mete en la música no existen las fronteras. En los años 60 nos empezó a llegar un poco la historia de la música andina a través de grupos que se influenciaron como los Inti-Illimani que vivieron en Bolivia y volvieron con la quena, el charango. Así en los 60 comenzamos a descubrir que habían fuentes inagotables musicales que nos podían fortalecer para tener una identidad musical. Todo esto contrariamente a muchos grupos que se dedicaban a copiar lo que venía del mundo anglo-sajón. Admiro mucho a Hendrix, a los Rolling Stones y muchos otros exponentes de ese movimiento, pero resulta que ellos son bastante fuertes y han podido influenciar, o más bien invadir a todo el mundo con sus productos, por lo tanto, encuentro poco consecuente ayudarlos a ellos más encima interpretando su música. Nosotros lo que tenemos que hacer es fortalecer nuestro propio arte, buscar fuentes propias y tratar de hacer algo para poder sacar adelante una identidad propia, que ellos la tienen. No tenemos por qué ayudarles a vender lo suyo, tenemos que vender lo nuestro. 

-Entonces te parece indispensable para un artista la búsqueda de sus propias raíces para ir alimentando su arte. 

-Creo que es totalmente primordial. Es como tratar vender uvas norteamericanas acá en Chile en circunstancia que nosotros somos productores de la mejor uva. 

-Te lo pregunto porque hay cientos de grupos en Chile que hacen eso. 

-Bueno, desgraciadamente yo he estado en la vereda del frente e incluso a veces me siento muy solo en esa posición. Después de los años de la dictadura y todo eso, este fenómeno se exacerbó. De todos modos cuando volvimos a Chile nos dimos cuenta, que a pesar de todo eso, había en las generaciones más nuevas mucha gente que había sentido nuestro mensaje y que había una apertura hacia nuestras propias raíces. Siento que hay una cosa inconsciente que hace que los chilenos se sientan identificados con la música de Los Jaivas. En el fondo, no podemos cambiar esa mentalidad un poco colonialista que hay acá, pero sí, inconscientemente, la gente puede darse cuenta que tenemos raíces y que somos un pueblo diferente que tiene modos de expresión distintos. 

-Pero nuestra identidad a veces no está muy definida… 

-Está claro que somos mezcla de muchas culturas, pero lo que no tenemos que olvidar, es que tenemos una identidad aunque sea difícil de encontrar y que surge de esa misma mezcla. 

Los Jaivas: contemplando un arrebol eterno

-Volviendo a “Arrebol”, hablemos un poco de sus letras que son bastante distintas, algunas muy poéticas, otras más populares y otras de conciencia social. 

-Hay un tema que se llama “Chile”, que es una canción de búsqueda, donde se expresa un poco esto que te estaba hablando. Nosotros nos encontramos con un país que andaba con zapatillas Nike, jokies americanos, un poco de rap y un poco de esto y lo otro. En esa canción hay un acercamiento a ese tema. Por un lado la cosa empieza con una trutruca y parece que fuera un machitún mapuche, pero de pronto empieza a hablar un tipo que está en un bar con un fraseo un poco rapeado, entonces quisimos mostrar ese encuentro que tenemos con nuestro país y las nuevas generaciones. 

-¿Cómo es el proceso de creación de las letras en la banda? 

-Hay algunas que han sido un poco colectivas, pero hay otras que generalmente las escribe Eduardo. Él escribe mucho y yo a veces le tomo sus poemas y los transformo en canción. En el caso de “Todos Americanos” Eduardo hizo la letra. El “Arrebol” es una lírica que hice yo y que surgió en un momento específico. Nos encontrábamos en una parte de Francia que se llama la Campiña, que es un lugar hermoso. Estábamos en un estudio y había una parte en donde podíamos alojar durante todo el tiempo. Tenía una ventana que daba justamente a la Campiña, en donde hay una colinas y unos trigales. Una imagen súper bucólica, pero real, que estaba sucediendo. Estaban ahí las colinas movidas por el viento, los trigales amarillos, que es justamente la imagen que se expresa en “Arrebol”, que es el atardecer. Siempre la naturaleza ha sido una fuente de inspiración para Los Jaivas. Otro caso distinto es el de “Milonga Carcelaria”. Este tema se compuso en el mes de octubre del 2000, sin embargo su historia tiene más de 20 años. Por cuestiones personales decidí radicarme aquí en Chile, entonces cuando estábamos con mi señora empacando todos los papeles, las fotos y los recuerdos de todas nuestras andanzas, de repente mi señora encontró una carta que Eduardo me había enviado desde la cárcel de Argentina cuando el estuvo preso tras el golpe de estado de Videla en 1976. El cayó preso, según nos dijeron, por el estado de sitio, en donde cualquier chileno que estaba en Argentina era sospechoso de terrorismo. Entonces en ese tiempo yo le hice una canción a Eduardo que se llamaba “En Tus Horas”. Finalmente cuando lo pudimos ubicar, después de 3 meses, estaba en la provincia de Buenos Aires y su señora lo fue a ver y le contó que yo le había hecho esta canción y él me contestó con una carta. Esa carta ahora es estrictamente la letra de “Milonga Carcelaria”, que fue la visión que él tuvo dentro de la cárcel. Dentro de todo es bastante positiva la letra, no se queja, sólo dice “Aquí estoy entero” y no muerto, cosa que era una gran gracia para esa época.

 -¿Crees que es importante que en general las artes y en especial la música debe tener un rol o una conciencia social y expresar ideas concretas como el caso de “Todos Americanos” o “Por los Niños del Mundo”? 

-Creo que siempre el arte tiene un rol social se quiera o no. Es una cosa natural, el artista es una persona social que se dirige hacia una sociedad de una forma masiva. Entonces creo que de todos modos cumple un rol social bueno o malo. La música hiper comercial cumple un papel social, pero que es negativo porque va eliminando los valores musicales y artísticos de tal manera que se transforma en un simple negocio. Ahora, depende de la altura intelectual y humana que tenga el artista el cómo va a ser su aporte a la sociedad. Nosotros por lo menos tratamos de transmitir en la manera más fidedigna lo que pensamos frente a la vida, sin que la cuestión se transforme en un panfleto político. Porque también existe ese otro peligro. Por nuestra parte normalmente creemos que cumplimos con una función social de dar valores que nosotros creemos en nuestras canciones. Incluso pienso que es mucho más decidor lo que podemos decir a través de las notas que de las palabras. Es decir, la palabra es importante, pero para nosotros es más importante todavía lo que se puede decir con la música. El hecho de que no toquemos ritmos típicos de la radio o de lo que viene de afuera ya te quiere decir algo. Cuando escuchas un trote mapuche llenado con una guitarra eléctrica y todo eso, son notas, son ritmo, son corcheas, pero te están diciendo que nosotros tenemos una idea bien concreta de lo que podemos hacer con la música. 

-¿Qué tan cerca del rock se sienten Los Jaivas? 

-Muy cerca. Nos sentimos así porque el rock para nosotros fue un movimiento que surgió en los años 60 con la necesidad de volver a las raíces, de volver a expresarnos a través de este lenguaje que era el rock, donde aparecían los instrumentos eléctricos y una cierta forma de criticar a la sociedad: Eso es lo que nosotros captamos. Por eso tenemos ese acercamiento con el rock, no porque toquemos estrictamente música de rock, pero sí por el espíritu con que hacemos nuestra música, que es el mismo de Inglaterra o Estados Unidos que lograron sintetizar sus propias raíces. 

-Es decir, esa actitud del rock está en ustedes.

 -Exactamente, nosotros surgimos y tuvimos un vuelco justamente en los momentos en que se estaba dando toda esta revolución del rock de fines de los 60. 

Los Jaivas: contemplando un arrebol eterno

-¿Cuánto del espíritu de improvisación de los primeros días de la banda todavía queda en Los Jaivas? 

-Nosotros siempre improvisamos aunque actualmente lo hemos hecho poco en los escenarios. De vez en cuando nos mandamos lo que se llamaba en Argentina una “papada” y en el taller siempre empezamos improvisando. Nos ponemos a improvisar y de ahí han surgido ideas que se han transformado en temas como el caso de “Chile”. Es decir, hay una improvisación de donde surgen ritmos, maneras de tocar y en definitiva, formas musicales que descubrimos a través de ella. Hay mucho de eso cuando hacemos una canción, porque uno puede llegar con una idea pero después cada integrante de la banda va poniendo de lo suyo y lo que toca uno inspira al otro a hacer otra cosa y así se va desarrollando el tema. Cuando tenemos el material, lo volvemos a escuchar muchas veces y comenzamos a rescatar lo que nos parece interesante de las improvisaciones que finalmente se transforman en temas. Hay muchas cosas que han salido absolutamente de esas formas libres de tocar música.

 -¿Qué piensan del cariño que siempre les ha mostrado la gente en Chile? 

-Bueno, eso es lo que encuentro como mágico, que realmente es mágica la música y lo que es capaz de transmitir. Cuando converso con la gente es evidente que entiende perfectamente lo que estamos diciendo y qué es lo que somos. Se siente ese contacto, esa comprensión que en definitiva el arte tiene como función que cumplir. Es decir, transmitir ideas y sentimientos. Cuando converso con la gente sencilla, del pueblo, que nos contacta y nos habla, yo me siento completamente realizado a través de la música, de poder haber transmitido y sentir de vuelta esa misma comprensión. 

-Es que eso es lo interesante de Los Jaivas, que la música es compleja pero refleja un sentimiento popular. 

-Claro, el sentimiento popular es lo que trasciende finalmente a través de los tiempos. 

-¿Cómo ven, ahora en perspectiva, el gran impacto que causó “Alturas de Machu Picchu”? 

-No podemos negar que es la obra más importante, o considerada, la más importante de Los Jaivas. Se dieron las condiciones para que eso ocurriera así. Imagínate como son las cosas que pasan por casualidad, porque la idea no surgió de nosotros. Estando en Francia llegó a vernos un amigo, que es un productor peruano llamado Eduardo Camino. Él nos planteó que junto a Mercedes Sosa hiciéramos un proyecto de musicalizar los poemas de “Alturas del Machu Picchu” de Pablo Neruda. Nosotros le dijimos que no hacíamos esas cosas y que siempre componíamos nuestras propias letras y era raro hacer una cosa así. Él nos dijo que podía hacer una película en las ruinas. Después nos contactó desde Lima y nos confirmó que estaba todo listo pero sólo con nosotros, sin la Mercedes Sosa. Bueno, así fue como aceptamos, aunque no muy convencidos. En dos meses hicimos la música en Zárate, que era donde vivíamos en Argentina, en comunidad. Nos metimos en la sala de ensayo, agarramos la inspiración y no paramos más. 

-¿Qué recuerdos tienes de esa época en Argentina? -Bueno, fue la época más humilde, pero la más linda. Vivíamos en Zárate que es una ciudad a unos 120 kilómetros de Buenos Aires, en las riberas del río Paraná. Para nosotros fue un período muy fructífero musicalmente y tuvimos todo el apoyo de la comunidad intelectual de esa ciudad. Lo que pasó es que nos fuimos a Argentina con un productor que después nos dejó un poco abandonado. Incluso no queríamos quedarnos mucho tiempo, sino que después de un par de meses irnos a Bolivia, Perú y Colombia en una gira Sudamericano para impregnarnos de todos los elementos musicales de esos países. Pero resultó que llegamos a Argentina e inmediatamente empezamos a tener problemas. Había sido recién el golpe de estado en Chile y habíamos salido el 29 de septiembre del ’73 con este productor que te decía. Cuando se le acabó la plata nos mandó a donde sus amigos de Zárate, que era una comunidad de intelectuales que tenían una biblioteca tremenda y bastante actividad cultural. Ellos nos recibieron con los brazos abiertos, nos alojaron en sus propias casas en un primer tiempo y posteriormente apareció una especie de mecenas que la convencieron que comprara una casa para prestárnosla y para que nosotros pudiéramos vivir y ensayar ahí. El tipo compró una casa en el centro de Zárate, una casa vieja pero muy linda. Ahí nos pusimos a vivir y estuvimos dos años, donde cada uno tenía su habitación con su familia. Se hizo realidad ese gran sueño que teníamos de vivir en comunidad. Había un gran comedor donde comíamos todos juntos y tocábamos todo el día en una gran sala de ensayo. 

-¿Y el período en Francia fue muy distinto? 

-En Francia no fue lo mismo. Cuando estábamos en Argentina no pensábamos que íbamos a llegar tan alto, porque al final de nuestra estadía éramos considerados como uno de los mejores grupos de rock, eso que ni siquiera nuestro estilo era absolutamente rock. En un principio nos mandaban a ciudades pequeñas, pero después teníamos una gran cantidad de público y nadie pensaba que éramos chilenos, creían que Los Jaivas eran argentinos. Bueno, nosotros nos fuimos con esa idea a Francia, pero allá no era ni parecido el camino que se podía hacer. Era mucho más difícil. Además era el tiempo en que estaba de modo el new wave, que era una música bastante estúpida. Entonces con toda nuestra magnificencia musical nos encontraban planeantes y pasados de moda. Era música planeante como decían despectivamente estos tipos del new wave que fue una moda que no duró más de dos años. Los punks eran mucho más interesantes porque eran más verdaderos y no una cuestión tan sosa como fue el new wave. Entonces tuvimos que expandirnos y empezamos a hacer giras por Holanda y Alemania que eran pueblos mucho más musicales y que comprendían nuestra música. Hicimos una gira hasta Suecia y los países nórdicos. En todo ese tiempo no paramos de girar hasta el año ’88 en que murió Gabriel Parra. 

Los Jaivas: contemplando un arrebol eterno

-Hablemos un poco de las cuecas que están en este nuevo disco, que a pesar de no tener las formas tradicionales, también podemos encontrar una renovación en cuanto a las letras que son absolutamente actuales.

 -No sólo la cueca en su forma pura, también el ritmo de la cueca lo hemos aplicado en muchos temas que no son cuecas. Ahora, en este disco hemos llegado al extremo de hacer cuatro cuecas que tienen la estructura tradicional y que cualquier pareja de bailarines, por mucho que este diciendo cosas que no tienen que ver con las cuecas tradicionales, la puede bailar por la estructura. En los últimos diez años el interés por los verdaderos cultores de la cueca en Chile ha ido creciendo. Creo que el deber de los medios de comunicación y de todos los chilenos es ir hacia ellos y hacerles un gran homenaje. 

-Ok Gato, muchas gracias por una entrevista tan completa y mucha suerte con este nuevo trabajo “Arrebol”

.Héctor Aravena A.