Eduardo Parra: Marcha al interior del espíritu Jaiva

(Publicado originalmente en revista #Rockaxis117, noviembre de 2012)
Es el único miembro fundador vivo que hoy no acompaña a Los Jaivas sobre el escenario. Pero en ningún caso eso significa que Eduardo Parra se haya apartado de la banda que tanto ama. Desde Francia nos contó en extenso cómo vive él el presente y el medio siglo del grupo.
Por Juan Ignacio Cornejo
Una vez que uno entra al entorno de Los Jaivas, la vida mágica del grupo es atractiva para cualquier lado que uno dirija la mirada. Hay mucha épica en esto de seguir adelante más allá de cualquier dificultad y tributar en cada paso a los que ya no están: Gabriel, “Gato” y Eloy. Al mismo tiempo, el mérito de este activo presente es méritos de los que sí están, con Claudio Parra y Mario Mutis como únicos fundadores activos. Pero hay uno que no está pero en realidad sí lo está, sólo que de otra manera.
Es Eduardo Parra, otrora tecladista y letrista de la banda, que por complicaciones físicas (poliomielitis) debió dejar sus tareas pero su día a día sigue ligado a Los Jaivas. Está a cargo de proyectos web como el sitio de la banda y la revista de Los Jaivas; prácticamente ya no viene a Chile – reside en Francia – y no asoma en ningún escenario junto a su gente; sin embargo, él sigue siendo parte de la institución jaiveana.
Claro, hoy Los Jaivas son seis sobre el escenario. Eduardo está dedicado a otras tareas, pero sigue siendo parte de la familia. “Escríbele a Eduardo, él te va a contar”, dijo más de una vez Mutis en su oficina en Ñuñoa. Eso hicimos. Sin la frescura del cara a cara físico, logramos articular una interesante conversación con el poeta Jaiva para que sea él quien cuente qué es lo que exactamente le pasó, a qué está dedicado y cómo ve lo que viene. Aquí está, desde Francia, el mayor de los Parra.
Mucha gente siente curiosidad o simplemente desconoce de su situación en Los Jaivas. Lo concreto es que hace varios años ya que está instalado en Francia por temas de salud.
“En realidad Los Jaivas completos, con camas y petacas y toda la familia, llegaron en el año 1976 a instalarse en la región parisina, primero a la mítica mansión Les Glycines, llamada “el castillo” por los chilenos de aquella época. Ahí nosotros estuvimos por once años viviendo en comunidad y posteriormente pasamos a vivir cada familia en su departamento. Al correr de los años, el destino quiso que quien se quedara primero en Chile fuera mi hermano Gabriel que yace en el Parque del Mar en Con-Con.
La muerte de Gabriel fue un quiebre espantoso en el grupo. De no haber sido por la idea de Juanita y su novio en aquel tiempo Fernando Flores quienes al vernos en ese estado de inercia y desencanto nos propusieron formar el nuevo grupo con la presencia de ellos dos. Esta proposición fue como si una varita mágica nos hubieran vuelto a la vida. Por aquellos años, Mario tampoco estaba en el grupo por lo que Fernando Flores iba a tomar el puesto del bajo y Juanita tomaría el de la batería.
Después de la muerte de su padre, Juanita junto a su madre Kenita fueron las primeras que naturalmente tomaron la decisión de establecerse en Santiago de Chile. Unos seis años después, Gato y su señora decidieron también regresar a Chile puesto que ya estaba claro que nuestra carrera en nuestro país no iba ser efímera y se podía ahora pensar en un grupo con una mitad del contingente en Chile y la otra mitad en Francia.
Pronto vino la muerte de Gato que para el pueblo de Chile y para todo el grupo sería la gran catástrofe. Pudimos sobrellevar esta tristísima e insalvable experiencia con mucho más coraje y rapidez que en el caso de Gabriel. ¡Debíamos continuar, costara lo que costara! El grupo ya se debía enteramente a Chile, no podíamos extinguirnos. Pese a todo y quizá para de esta forma mitigar el dolor Chile quería que continuáramos y fue eso lo que hicimos”.
¿Podemos explicarle a aquellos que no lo sepan bien qué su situación, qué pasó con su salud y por qué tampoco viene muy seguido a Chile?
“Tiempo después de la muerte de “Gato”, mi cuerpo no dio más. Recuerdo que después un concierto en Valdivia, en la mañana siguiente, al tratar de levantarme a la ducha del hotel que nos hospedaba tuve la desagradable sorpresa de que no podía levantarme de la cama. Debí dejarme caer al piso y de ahí gatear hasta la ducha sin otra alternativa que aceptar la situación: mi cuerpo había llegado a un límite que ya me había sido anunciado muchos años antes. Después de un accidente en Orleans donde por milagro la barra de iluminación que caía por accidente se detuvo a milímetros de mi espalda. Esto bastó para que una de mis vértebras se trizara imperceptiblemente, lo suficiente para dejarme inválido como por un mes.
Fue en aquel hospital de Orleans donde fui llevado después del accidente donde el traumatólogo me anunció que si yo no hacía los ejercicios diarios debidos antes de los cincuenta años iba a necesitar una silla de ruedas. El suceso de Valdivia me aconteció después de mis cincuenta y hasta el día de hoy no utilizo silla de ruedas pero las molestias no me dejan y dificultó que pueda soportar una gira completa día a día”.
¿Se puede saber cómo se resolvió su tema en la interna del grupo una vez que se presentaron sus problemas de salud? Para empezar, no había sido fácil reponerse de todo lo que les ocurrió del 2003 en adelante. ¿Influyó todo eso en que usted demorara o apurara su decisión? Con proyectos tan satisfactorios para el espíritu de tanta gente, muchas veces ponemos la tarea y el bien colectivo por encima de la salud o la necesidad propia, ¿no?
“Como ya te dije, el grupo actualmente está preparado para toda contingencia. Si las dos terribles desapariciones anteriores no pudieron minar la estabilidad y constitución del grupo, poco iba a hacer mí bajada del escenario (es así como yo llamo mi distanciamiento del grupo). Directamente yo ya no podía más y necesitaba de más que un largo descanso. En mi visita al neurocirujano aquí en Francia la cosa no fue muy halagadora puesto que este doctor me declaró que él no podía hacer nada por mí. Que él no podía hacerme de nuevo. Desde ese momento parte una historia de calmantes para mitigar los dolores que año a año habían ido en aumento. Es verdad lo que tú propones sobre que cuando una misión es tan por el bien colectivo… Pero creo que los dolores y la incomodidad ya venían soportándola en escena durante muchos años. Hay un momento que se llega al límite”.
Su caso es quizás el mejor ejemplo en vida de la suerte de perpetuidad de Los Jaivas: sin estar aquí, no ha dejado la banda y de cuando en cuando les acompaña en actividades. Es difícil encontrar otros ejemplos así. ¿Qué cree que tiene de particular el espíritu del grupo que desarrolló tal mística?
“Sin duda este espíritu viene de muchísimo más atrás. Desde nuestra niñez comenzaron los juegos los que no necesariamente fueron siempre musicales, pero se debe hacer hincapié en que un piano siempre hubo en la casa y que los juegos musicales eran más que comunes en nuestra casa familiar donde a partir de un momento se juntaron Gato y Mario para nuestra delicia fraternal. Esto quiere decir que nosotros prácticamente fuimos una sola familia.
Posteriormente Mario, en primeras nupcias se casaría con nuestra hermana Carmen. Es decir, la idea de una familia fue tan natural entre nosotros que pasar a formar una comunidad con los años iba a ser cosa lógica y ya parte de nosotros. En mi calidad de hermano mayor, me tocó ser al argumentista de varios juegos. Llegó un momento en que todo lo concentramos en un circo donde yo era el guionista y también actor en algún número por ahí. Pero los artistas por excelencia eran Gabriel y Mario quienes se transformaban de trapecistas en payasos, de payasos en elefante, de elefante en músicos, etc. En el invierno estos sketchs pasaban a realizarse en el salón de nuestra casa. Todo esto y mucho del aspecto familiar pasaron a ser parte integral primero de High Bass y posteriormente se desarrollaría enormemente en Los Jaivas”.
Vamos a lo musical. Sabemos que hoy por hoy es difícil para Los Jaivas sacar adelante un proyecto musical nuevo, pese a que según sabemos sí hay algunas cosas grabadas y mucho inconcluso. La mayoría de la gente relaciona esto a la ausencia de «Gato». ¿Es tan así? ¿Cómo se trató ese asunto en los años que siguieron a su muerte y previos a que usted dejara activamente el grupo? ¿Alcanzó usted a formar parte de esa interrogante?
“Mira, sinceramente Gato pesó mucho en la conciencia popular chilena puesto que fue siempre la voz cantante del grupo. Su rostro se veía por doquier en todos los programas de televisión y donde fuera. Era natural puesto que él era la primera y casi única voz. Esto yo creo que pesó mucho en la conciencia popular que no se hace problemas ni quiere investigar ni tiene porqué hacerlo, más allá de lo que ve.
Sin embargo en escena no se ve el trabajo de arreglos y lo que cada uno aporta al trabajo final. Hay cosas invisibles. Por ejemplo yo he colaborado con casi el ochenta por ciento de las letras del grupo, pero sin embargo era Gato quien magistralmente con su voz las llevaba al micrófono. Así, cada cual ha aportado lo suyo. Y por sobre todas las cosas, yo creo que eso sí que la gente lo ha visto, el sentimiento de fraternidad en escena, el sentimiento de estar felices haciendo lo que hacemos. Mucho de esto lo inventó el público en nuestros largos años de animadores de fiesta. Y nosotros de eso nunca nos hemos olvidado. Al contrario, nuestra música se basa por sobre todas las cosas en la felicidad.
Creo que nuestro repertorio todavía tiene mucho que decir y mucho por estudiarse en sí mismo. Pedirle al grupo actual música nueva no es un pecado de parte del público pero creo también que ellos, el público, desean tener más. Igual nosotros desearíamos tener más, pero ya no somos los mismos creadores de antes. En principio faltarían tres. ¡Eso es mucho! Quizá sea mejor rescatar el trabajo que ha quedado en el camino como, por ejemplo: ‘Letanías por el azar’, que es un tema sinfónico que refleja enormemente nuestro espíritu, nuestro estilo y nuestras ganas de querer hacer arreglos cada vez más amplios y complejos”.
Hoy lo vemos a distancia pero muy metido en asuntos del grupo, haciéndose cargo de la revista de Los Jaivas y apoyando en todo lo que pueda por la vía de Internet. Una de las cosas más llamativas en la revista es que prestan el espacio para exponer a nuevas bandas, en su mayoría desconocidas. ¿Qué es lo que más satisfacción le ha dado en esta nueva tarea?
“Desde muy niño, aparte de la música me interesó la literatura (mis primeros poemas los escribo a los doce años) y la gráfica, el dibujo. Estaba convencido a mis diez años en que yo sería un dibujante de historietas y me interesé mucho en ello. Creé varios personajes y llegué hasta confeccionar algunas revistas dibujadas completamente por mí. Es por esto que de mi parte encuentro muy natural estar trabajando y llevando adelante una revista.
Por otra parte, en eso de apoyar a las bandas nacientes y hasta desconocidas, viene del desencanto de nuestros primeros pasos en Santiago cuando ninguno de los escasos sellos discográficos de aquel tiempo nos abrió sus puertas y tuvimos nosotros con nuestro propio esfuerzo y los pocos pesos que teníamos producir nuestro primer disco que ahora se conoce como “El Volantín”. Creo que estas amargas experiencias típicas de un grupo novel pesan en la historia personal y recordando aquellos lejanos momentos de angustia, es que quise de alguna manera suplir ese desencanto que a muchos grupos en formación ha llevado al exterminio. Me parece que nuestra sociedad debería ser mucho más solidaria y en vez de plantear un espíritu combativo debería existir primeramente un espíritu solidario, un sentirse una verdadera comunidad, hermanos de país, congéneres, habitantes agradados por nuestra compañía. Mucho de eso lo está supliendo actualmente el Fondart y también la SCD, pero siempre habrá algo de infelicidad en las acciones humanas y es eso lo que yo deseo suplir en la revista. ¡Tratar de pregonar la felicidad!”.
Los Jaivas se caracterizan por su humildad, pero camino a cumplir 50 años de carrera es correcto apelar un poco al ego. ¿Sienten que llegaron donde nadie en Chile había llegado? ¿Qué sensación lo envuelve más en este minuto: orgullo de estar en esta celebración, satisfacción por el deber cumplido o gratitud con la vida?
“Todas las preguntas que tú te planteas en esta pregunta yo las siento profundamente en mi corazón. Al parecer es cosa sorprendente cumplir 50 años de carrera artística y creo que lo estamos asumiendo de la mejor manera que podamos hacerlo. Si hemos celebrado todos los cumpleaños… ¡cómo no vamos a celebrar éste!”
Ya metidos en este aniversario, los seguidores del grupo se lo preguntan: ¿va a participar en algo?
“Me parece lógica y necesaria la pregunta por parte de nuestros seguidores y les agradezco la preocupación. De hecho, ya lo hemos dicho, estoy participando a través de Revista de Los Jaivas y el sitio de Los Jaivas. Con David hemos creado dos sitios más que tienden a atender las necesidades e ideas que puedan existir para las celebraciones: http://mediosiglo.losjaivas.net/ y http://preparandolos50.losjaivas.net/. Además creamos igualmente una revista en papel virtual que se llama Medio Siglo, que es el nombre que le hemos dado a todo el proyecto de celebraciones. ¡Y claro que voy a ir a participar de los conciertos del Medio Siglo! Es imposible no estar. Pero no voy a partir desde el 1 de enero en adelante. Me uniré solamente entre junio, julio y estaré en escena seguramente hasta septiembre, octubre”.
Le consulté a Mario por el futuro y me dijo que esto en ningún caso era la despedida de Los Jaivas. Vamos incluso un paso más allá para terminar: a partir de la presencia de Juanita y Ankatu, ¿son Los Jaivas hereditarios? ¿Estaría de acuerdo con que la banda siguiera en pie sin que Claudio, Mario o usted estuvieran involucrados?
“Llegará algún día en que naturalmente nuestros hijos seguirán con esta aventura de la cual ellos son completamente autores y partícipes. Y no son sólo Juanita y Ankatu. La lista es larga de quienes de entre ellos se dedican a la música o al arte: están mi hija Fresa Parra, baterista y teclados y mi hijo Víctor Parra, piano, teclados y música electrónica, Aurora Alquinta, cantante, Moisés Alquinta, multiinstrumentista y música electrónica, Marina Mutis, teatro y música, Erasmo Parra, multiinstrumentista y música electrónica, hijo de Claudio.
Respecto a lo otro, Mario tiene toda la razón. No porque estos 50 años los vayamos a celebrar de pata en quincha, de punta en blanco y bien celebrados, va a ser esta nuestra despedida. Al contrario, la fuerza para continuar está más latente que nunca y siguiendo con el refrán: El que nace chicharra, muere cantando, sin duda que lo vamos a aplicar a nuestras vidas en escena y si yo me he bajado del escenario, ya ves tú que de hablar, escribir y actuar no pienso parar”.