“Aqua Vitae”: El universo de Niles Atallah a través de la fotografía en colodión húmedo

La Alquimia de lo Real
Hay una falla en la realidad que solo el cine, o lo que queda de él tras el desastre, puede revelar. Mientras el mundo contemporáneo se desintegra en una nube de datos binarios, Niles Atallah y el Taller Espora nos proponen un retorno a lo tangible, a lo que ellos llaman «sabiduría lítica» que late en el corazón de los minerales. Este viernes 5 de junio a las 19:00 horas, la casona de Ernesto Pinto Lagarrigue 156 (Casa Fósfora) abrirá sus puertas para inaugurar Aqua Vitae, una exposición que no es solo una muestra fotográfica, sino un portal alquímico hacia un futuro que ya ocurrió.
Para Atallah, el uso del colodión húmedo no es una nostalgia estética, sino una búsqueda espiritual. «La alquimia tiene que ver con la capacidad de transformar nuestra realidad… lo externo es lo interno», reflexiona Niles. En su cosmovisión, nuestros teléfonos y computadores no son más que «piedras mágicas» hechas de minerales que nos mantienen adictos, pero en esta muestra, el mineral recupera su carácter sagrado. Los personajes que habitan las placas de vidrio (híbridos de plástico, restos humanos y animales que ya conocemos por películas como Animalia Paradoxa y el corto Vitanuova) son criaturas que, tras el colapso, han decidido capturar sus propias imágenes en piedra.
«Chile ya es postapocalíptico… la distopía para alguien que no viene del mundo colonial ya sucedió», lanza Niles sin ninguna duda del desastre en el que vivimos. En ese escenario de escombros, el acto de fijar una imagen se vuelve un ritual de resistencia. No se trata de la comodidad digital donde «las imágenes carecen de sentido cuando saltas los pasos», como dice él, sino de un proceso donde el sentido está albergado en la lucha misma con la materia.

Química, Explosivos y Magia Latente
Para los integrantes del taller, el proceso técnico tras Aqua Vitae es un acto de desafío al borde del abismo. Coni Maldonado, participante de la exposición e integrante de Casa Fósfora, explica que el colodión húmedo es un químico peligroso que requiere precisión absoluta y un equipo de al menos tres o cuatro personas para funcionar. La placa de vidrio debe ser emulsionada con una mezcla que incluye nitrocelulosa (o algodón pólvora), diluida en éter y sales como yoduro de potasio o bromuro de cadmio.
«Es un proceso de muchos pasos y demasiadas posibilidades de desastre», dice Coni. Una vez que la placa se sumerge en un baño de plata, se vuelve fotosensible y el reloj empieza a correr: tienen aproximadamente 15 minutos para tomar la foto antes de que el químico muera. Bajo una sensibilidad casi nula, las cámaras (en este caso, una antigua fotocopiadora que el equipo tuvo que «re-inventar») requieren exposiciones de varios minutos. Es en el laboratorio, bajo la luz roja, donde ocurre el milagro: «Esa imagen latente… es magia, no hay nada y de repente empieza a aparecer», confiesa Coni. «¿Qué hay más intangible que una imagen líquida?».
Esta técnica, que se remonta a 1850, es en realidad un acto de insurrección química en pleno siglo XXI. Debido a que el colodión está catalogado en Chile como un explosivo, el equipo debe fabricar sus propios reactivos desde cero mediante la manipulación de ácidos, un rito que Niles define como una transformación tanto material como espiritual. No es una búsqueda de la «estética vintage», sino un intento por recuperar la tangibilidad en un mundo que se desvanece en lo binario

Un Universo Colectivo
Aunque el imaginario emana de la «cabecita de Niles», como dicen todos, la ejecución de este mundo es una labor horizontal y compartida. José Tomás Urrutia, otro miembro del taller, enfatiza la riqueza de este proceso colaborativo: «Hemos tenido oficios y roles súper dinámicos… desde asistentes de laboratorio hasta producción general». Para él, la exposición es la prueba de que el universo de Atallah es tan denso y vibrante que puede desbordarse desde el cine hacia la fotografía, el sonido o cualquier forma de arte que pueda acogerlo.
La museografía de la muestra, diseñada junto a arquitectos y carpinteros, refuerza esta sensación de cataclismo suspendido. La sala está dispuesta para que parezca «algo estallando, algo cayendo… una especie de movimiento que quedó suspendido». No es una exposición de objetos fijos; es, en palabras de Niles, cine hecho de piedras, donde cada cuadro es un mineral que, aunque inerte, respira una vida propia.
Aqua Vitae es, en última instancia, una celebración del residuo y de la luz que sobrevive al desastre. Es una invitación a dejar de ser víctimas de la realidad para convertirnos en sus colaboradores alquímicos. Como dice el texto de la obra: «Utiliza los pedazos de dioses y ángeles que encuentran en la basura y unen las partes dispersas en un solo ser».
Coordenadas:
Ernesto Pinto Lagarrigue 156, Casa E.
Viernes 5 de junio a las 19:00 horas.
Invita:
Espora Taller
Casa Fósfora
Niles Atallah
Coni Maldonado
Norkys Saraí
José Tomás Urrutia
Hans Von Marées
Martín Velasco
