ADIÓS, RENÉ: «No hay Jaivas sin René Olivares ni René Olivares sin Jaivas»

RENÉ

(December 24, 1946 – October 13, 2025)

René Olivares Espínola nace en Santiago de Chile en 1946. Se cría en cuna de periodistas. Una rica vida social con figuras de relevancia internacional deja impregnadas sus voces en el salón de la casa familiar. Su padre, René Olivares Becerra, dirige la revista Topaze, una publicación humorística de oportuna y perspicaz crítica política, repleta de caricaturas efectuadas a las más altas personalidades del gobierno y de la palestra criolla.

René fue un niño precoz. A los doce años ya ocupaba mesa de dibujo en las oficinas de la revista Pandilla que dirigía Marcela Paz, la autora de Papelucho. Ese mismo edificio, que en realidad eran las dependencias de la editorial Zig-Zag, albergaba a lo más seleccionado de las comunicaciones gráficas de aquellos años. Más arriba estaban los talleres de Pepo, el creador de Condorito, a quien René visitaba con la admiración infantil que profesa el alumno al maestro. Muchos años después, René bromearía diciendo que su pintura va de Pepo a Matta.

Inquieto y deseoso de conocimiento, a los veintitrés años viaja a Roma y reside en esa capital algunos meses, pintando. Posteriormente será Rapa Nui quien atraerá su atención. René vive en esa isla la libertad del gran horizonte del Pacífico dejándose transportar por las leyendas de la Polinesia. Desde sus primeros años, René había comenzado los especiales viajes por los territorios de la imaginación, recorridos que lo hicieron rodearse de un mundo secreto, de universos no vistos. El espacio interestelar se tiñe repleto de estrellas. Planetas extraños y jamás conocidos irrumpen en las pinturas. Animales fantásticos pueblan geografías siempre fabulosas, sugestivas. Si no, simples lagartos que, junto con las piedras, datan de la prehistoria. Sus visiones transitan por un paisaje donde las hecatombes, las feroces erupciones de la Tierra o las manifestaciones incógnitas de algún continente sumergido anidan en los pensamientos de un extra-terrestre. Toda la obra transita por la amplitud de las posibilidades que en nuestra imaginación existen. De pronto, nace un supralenguaje. Pinceles y lápices comienzan a verter curiosas e inéditas caligrafías, melosos signos parecieran hacer referencia a una conciencia sideral que inunda sutilmente el cosmos y a toda la materia.

Un jaiva
René Olivares es uno de Los Jaivas. No hay Jaivas sin René Olivares ni René Olivares sin Jaivas. René es el jaiva de rostro incógnito y casi nada conocido por seguidoras y seguidores. Sin embargo su presencia pictórica y estelar persiste en la conciencia de los que gustan de nuestra música. Imbuidos ya por alguna canción, auditoras y auditores, no pueden dejar de recordar los increíbles paisajes con los que el pintor ha querido ejemplificar estas sonoridades. 

Con René nos conocimos en 1970 cuando descubríamos una afortunada coincidencia entre nuestra propuesta musical y su obra plástica. El famoso cuadro que sirve de carátula al disco denominado El Indio, causó la admiración de Gato Alquinta quien por esos años escribía Indio Hermano. El hallazgo motivó la inmediata inclusión de esa imagen en la producción de nuestro segundo single. Con estas coincidencias de pensamiento y similitudes sorprendentes en la expresión, trabamos una amistad incondicional y luego decidimos continuar juntos nuestro camino del arte y la existencia.

La pintura de René Olivares
En la obra pictórica de René, el paisaje chileno es fundamental, pero no, desde luego, con el sentido de un Juan Francisco González, o un Ramos Catalán, o un Vicente Perez Rosales. René ve nuestro paisaje nacional como una consecuencia cósmica. Así, la Tierra, y hasta los campos que a ella la bordan, reparten su cosmos, flotan en un espacio desconocido y sin fin. Siempre el paisaje chileno impactó a René motivando su pincel con los colores de nuestra patria larga y desconocida. Con especial predilección pinta el extremo austral del continente. Allá donde la cordillera se zambulle en el mar y los prados se desmiembran. Donde lejos, en el horizonte, por las profundidades del mar congelado, iceberg tras iceberg, llegamos a encontrar los glaciales más recónditos de nuestro planeta. Hay una evidencia de mundos, de varios universos que se entrelazan entrecruzando sus realidades. Realidades que transitan ciertas e incólumes, aparecidas de un instante único y casi incomprensible. Figuras insólitas… Y la cordillera, siempre la cordillera. Todo el paisaje nacional le interesa.

Como la música de Los Jaivas, también sus diversas obras, toman posesión de un lugar u otro del continente sudamericano. Entonces aparecen los colores de las culturas andinas. René insiste también sobre un paisaje del altiplano, a veces, hasta de un prehistórico altiplano y hasta por momentos pareciera dar testimonio de una raza sectaria que se alimentaría de sueños muy lejanos venidos de más allá de las estrellas. Crea relaciones mágicas entre personajes que representan simbólicamente a la conciencia oculta de nuestro continente, de nuestras culturas y de nuestro planeta. Conciencia planetaria, galáctica y universal. El chamanismo, la macumba, los extraños arcanos de civilizaciones olvidadas. Soledad mineral. Germinación y dulzura en los senos henchidos de una madre evocan con necesaria nostalgia a un Alimento de la Vida. Vía Láctea, galaxia, mar. Todo se mezcla, todo se relaciona con el imaginario, con las dimensiones olvidadas, con lo desconocido, con el misterio.

Un día René me había dicho:
-Yo trabajo con epifanías. Pinto en estado de gracia. Al final de cuentas la epifanía es el milagro. Trabajo con el milagro.

Con profunda emoción publico este texto que René adoraba. Lamento con toda mi alma la partida de nuestro querido René. Que en Paz descanse.

Eduardo Parra

About The Author