ADIÓS QUERIDO AMIGO JANO

Desde aquel día en que, en pleno concierto en plena época hippie, vi aparecer tus manos que venían desde abajo, desde el piso y que cual Mozart en sus espectaculares hazañas frente a sus amigos de juerga, tus manos comenzaron a jugar sobre las teclas de mi teclado dando así inicio a una amistad imperecedera que hoy se somete a tu partida.


“El hombre de fierro” parte hoy dejando en mí y en nosotros el vibrante recuerdo de tantos años en la impresionante, inolvidable y eterna campaña por dejar nuestro nombre bien puesto.


Hoy son tus manos de orfebre de nuestros pasos, emprendedor de caminos abruptos, sembrador de trenes, hacedor de aguaceros provincianos ornados de sueños juveniles y pretenciosos donde nada ni nadie te iba a detener.


Hoy son tus manos que se van a sujetar otras varas, a colgar otros focos, a despedir a otros corazones.
La fuerza que te ha dejado queda en nuestros ideales y la memoria de tu bondad profesional subsiste como la recta solución a todas las preguntas sobre cómo hacer un trabajo.
Esas mismas manos que podían convertir muchos sueños añoran ahora el mejor escenario, encienden todos los reflectores.


¡A tout feu es tu despedida, amigo, hermano Alejandro Parra Balladares!