Un libro muy significativo para la música popular peruana fue publicado hace algunos meses en el vecino país, en el que destaca la vida y obra de variados próceres fallecidos de aquella tierra incaica. En este sentido, el escritor y musicólogo chileno, Claudio Gajardo, es coautor de “Cielo Rock”, cuyo artículo, “Edgar Zamudio: el trotamundos peruano que recorrió Latinoamérica”, aparece como una de las propuestas que acompaña al resto de los otros trabajos biográficos, también redactados por los limeños: Hugo Lévano, Fabiola Bazo, Fernando Pinzás, Támira Basallo, entre otros.

      Sobre este punto, Edgar Zamudio fue un músico incaico que inició su carrera artística profesional, en Chile, en 1965, cuando debutó discográficamente por el sello discográfico RCA Víctor con el single, Anita / Yeah Yeah Yeah. Para aquello, necesitó de músicos de sesión como The Vikings, quienes fueron un grupo musical de Constitución que aceptaron la proposición del joven artista peruano para que lo acompañaran, a viajar, a Santiago, en razón de materializar aquel proyecto. En este contexto, el tema Anita, cuya autoría corresponde a Mario Obregón, fue la cara A, la que se difundió en varias radias capitalinas de la época, así como de las que existían en Constitución.

       Posteriormente, tras una disidencia que hubo al interior de la agrupación, la gran mayoría de los jóvenes maulinos decidieron regresar a su ciudad, en tanto Edgar Zamudio configuró su segunda formación la que le permitió registrar un segundo disco 45 rpm con el que preparó, junto a sus nuevos músicos santiaguinos, una gira al Perú.  

       Al respecto, el propio Gajardo nos indica, “la historia de Edgar Zamudio es una de las más especiales que me ha tocado investigar, puesto que corresponde a la materialización del sueño de un joven peruano que partió con camas y petacas desde Lima a Santiago, decidido a incluir la música beat por medio del ritmo del shake, en nuestro país. Para 1965, los números artísticos de la Nueva Ola Chilena, aún no se atrevían a evolucionar del twist al beat, salvo Don Giovanni y Los Dolce Vita, así como Los Mac’s. Por consiguiente, cuando Edgar y Los Vikings se presentaron en algunos locales de Santiago, varios artistas nuevaoleros quedaron impresionados ante los movimientos sensuales que Zamudio provocaba en las féminas chilenas, puesto que ningún cantante criollo bailaba shake, arriba del escenario. Por tanto, la performance de Zamudio y sus músicos de sesión se veía como una propuesta que perfectamente podía ser comercializada por todo el continente y tan no sólo en Chile. Y es así, tal cómo lo entendió el propio Zamudio, quien realizó una gira latinoamericana con sus músicos chilenos”.

        En 1968, tras su larga travesía desde Chile a México, Edgar Zamudio logró instalarse en el país azteca, primero como artista solista y seguidamente como productor musical. Más tarde, tras haber incursionado en varios estilos de música juvenil, el propio Zamudio se embarca en un proyecto musical de música folklórica andina, denominado Inkakenas, el cual significaba su propia evolución y reinvención como artista.

         Gajardo explica que “Edgar Zamudio fue un músico peruano empeñoso que llegó a cumplir sus sueños artísticos, en base al tesón, talento, perseverancia  y a una serie de propiedades que ningún artista latinoamericano de su tiempo logró igualar ni menos superar. En resumidas cuentas, la historia de Edgar Zamudio vale la pena en tomarle mucha atención porque supo recorrer Latinoamérica para llevar a cabo su propuesta musical, en una época en que no había Internet ni redes sociales que le permitieran abrirse camino rápidamente. Sin embargo, él lo logró y supo cómo hacerlo. ¿De qué manera? Pues bien, conociendo a la industria musical latinoamericana por dentro y por fuera, gracias a su principal virtud: ir varios pasos más adelante que la propia industria musical. Y aquello no cualquier artista pudo lograrlo, sin haber tenido una industria discográfica multinacional que lo apoyara. No obstante, Edgar Zamudio sí pudo hacerlo y dio cátedra en aquello”. 

        Finalmente, para aquellos coleccionistas y melómanos, “Cielo Rock” se encuentra en Chile y es el propio Claudio Gajardo, quien lo distribuye. Su valor es de $30.000, precio que se sostiene, debido a que es un libro importado, exclusivo y su stock es limitado. El correo de Claudio Gajardo es investigadorchileno@gmail.com.