Sobre fotografía / Por Adolfo Vera

La fotografía de Charles Wellington Furlong, un viaje en el tiempo

Por Adolfo Vera

Charles Wellington Furlong, viajero, explorador, escritor, profesor de dibujo, por solo mencionar algunas de sus cualidades, quien, realizara expediciones al territorio austral, Tierra del Fuego, entre los años 1907-1908, emprendiendo un numeroso registro fotográfico de las culturas indígenas fueguinas, y además, su participación en otras actividades de orden antropológico.

De origen estadounidense, Furlong, decide explorar las tierras australes y conocer las culturas indígenas que habitaban en ese entonces la Tierra del Fuego y los canales Patagónicos, viajando al inhóspito lugar a comienzo del siglo pasado. Muchas de sus fotografías se encuentran en un museo de Estados Unidos y en su página web, existe información respecto al trabajo realizado en el archipiélago fueguino.

En su trabajo fotográfico, y la técnica de registro, las antiguas Cámaras de Placas, que contenían en su interior placas de vidrio (tamaño 9 x 12 cm.), las que una vez expuestas a la luz, se obtenía una imagen latente, para posteriormente ser reveladas químicamente, obteniéndose una imagen en negativo fotográfico y luego, un positivo en papel fotográfico. Una de las características del trabajo con placas de vidrio, era el tamaño de la placa, que permitía realizar ampliaciones a gran tamaño, destacándose muchos detalles contenidos en las imágenes por su excelente definición.

Desconocemos si sus registros fueron totalmente espontáneos o casuales (instante decisivo del fotógrafo) o hubo una puesta en escena, sin embargo, a través de sus fotografías, nos introduce en este mundo ignoto y lejano, de otros tiempos, devolviendo la respuesta a la interrogante de la mirada desconocida, de quien observa el pasado desde el futuro, y solo lo hace a través de las fotografías Furlong y la de otros fotógrafos contemporáneos. En su narrativa visual, se encarna la figura fueguina y su relación con su espacio geográfico, en sus fotografías se aprecian aspectos estéticos, de composición, destacando los juegos de luces y sombra, contraluz, figura y fondo.

La fotografía de Furlong es mágica, porque denota la presencia indígena en su hábitat, manifestada delante de la cámara, y aunque haya pasado más de un siglo del registro, seguimos sintiendo ese momento sublime en sus imágenes. Es por ello, que su fotografía nos abre una ventana en el espacio/tiempo, para mirar y entender el pasado; quienes fueron y como habitaron esos territorios, y hoy, lamentablemente extintos, estos primeros habitantes de esas tierras inhóspitas y lejanas, ayudándonos a construir el imaginario fueguino desde la mirada reflexiva y el accionar de su autor, (encuadrando, componiendo y registrando sus imágenes), para luego, convertirse en un patrimonio fotográfico vernáculo de nuestro país, llevándonos a construir nuestro propio imaginario visual de las culturas indígenas.

Hemos seleccionado tres fotografías para conocer el registro fotográfico de Furlong y las presentamos a continuación:

En las primeras imágenes, el fotógrafo nos entrega una composición horizontal casi perfecta, ordenando los elementos, en una diagonal entre el mar y tierra, quebrándose en el fondo con las nubes y acentuando el carácter insular de esta zona austral.

Abrigados con pieles de Guanaco, yacen inmóviles, en el silencio, casi podemos sentir el ambiente gélido trasmitido por la imagen y denotado por el ambiente del lugar.

El paisaje desde un borde interior hacia el exterior, nubes cargadas de agua, el mar, la tierra, conviviendo en una perfecta armonía, en un espacio amplio, casi infinito, alejados de toda contaminación, vemos a ellos, a los Selknam (Onas), en un estado de contemplación, cómplices del silencio y la simpleza, sin elementos ajenos, solo ellos, con su mirada lejana y perdida, más bien, conectados con su mundo interior. Y el grupo familiar, en un paseo por el silencio y la contemplación de los espacios costeros, a lo igual que una plaza de un día domingo, la familia pasea y se sienta a contemplar la inmensidad, en definitiva, su propio espacio y su propia vida.

En la última fotografía, es un grupo de Selknam desplazándose por la isla grande de Tierra del Fuego, donde todo se funde en una poesía visual, en un viaje por el tiempo: postal de lo primitivo y puro. Hombres, mujeres con niños en sus espaldas, perros, van todos en una marcha, con atuendos característicos de una era primitiva, arcos, flechas, y en su vestimenta, la piel de guanaco, redundando su aspecto de cazadores. El grupo viaja cohesionado, en un espacio costero y amplio, y un juego luces y sombras acompañan la imagen en su proyección sobre el agua, generando una doble imagen del grupo, centro de interés visual de la fotografía. De alguna manera, esta imagen los lleva por el camino de la eternización, (hoy extintos) y desde el pasado, lanzan su grito y nos dicen, estos fuimos y así habitábamos y ahora vamos camino al infinito. A más de un siglo del registro fotográfico, las generaciones actuales tienen la oportunidad de conocerlos, abriendo una ventana al pasado, para contemplarlos en una mirada eterna hacia su cultura.

Antes de concluir, queremos recordar el nacimiento de la fotografía, con Joseph Nicéforo Niépce, quien, registrara la primera fotografía de la historia, en 1826, imagen obtenida desde una ventana, en Le Gras, Francia. Sin embargo, el trabajo se vio interrumpido con su fallecimiento, el cual, prosiguió Louis Jacques Mandé Daguerre, posterior a la muerte de Niépce. En la perfección del invento, nace el Daguerrotipo, el cual, fue inscrito posteriormente en la sociedad científica de Paris y con ello, la fecha oficial del nacimiento de la fotografía, el 19 de Agosto 1839, conmemorándose hasta hoy.

Ref.:

http://www.fotografiaindigena.cl/fueguinos/?cat=8http://www.antropologiavisual.cl/2005_6_art05_maturana.html#capa2

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