Revista de Los Jaivas

LA CARA MUSICAL DE SERGIO LAGOS: “Lo único que sé es que van a seguir pasando los años y yo seguiré haciendo discos”…

Periodista, músico, padre y dibujante. Estos son algunos de los interesantes rasgos que conforman el perfil de Sergio Lagos, el hombre de la TV, que no solo se contenta con esta profesión que lo ha logrado identificar a nivel internacional. También su corazón late por otra alternativa apasionada: “Marciano” y su proyecto solista, hicieron de él un músico consagrado. 

Desde muy pequeño conoció el gusto por el arte musical, su madre se lo inculcó.  

A causa de los encuentros con tocatas, instrumentos y enseñanzas por el universo del sonido, tomó la decisión de formar un grupo junto a Rodrigo Castro con quien editó 5 discos. Después de 10 años decidió seguir el camino como solista formando así la banda “Los Gaffers”, agrupación que ha entregado ya 4 álbumes.  

Además de la música, el periodismo lo llevó a ser rostro de Canal 13 donde ha encabezado la conducción de los reality shows, programas nocturnos y la conducción del Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar. 

Para interiorizar un poco más el costado musical de Sergio Lagos, te invitamos a leer la siguiente entrevista.  

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F: Tu primera banda fue «Caballero Negro». ¿Cómo evocas ese tiempo? 

S: «Yo tenía 16, y la música se fue acercando de maneras bien subliminales, porque vengo de una familia musical. Mi vieja es musicóloga. En mi casa entraba gente con disco, o si no, no entraba. Está actividad se fue transformando en una cosa más suave. La música era un primer “filtro” humano de búsquedas y motivaciones.  

Mi vieja en esa época hacía clases en la universidad y tenía mucho contacto con el mundo más joven. Me llevaba a ver a una banda de trash que se llama “Pentagram”. Estamos hablando del 86’, donde por primera vez vi la guitarra eléctrica. Me dediqué a mirar qué es lo que pasaba con este instrumento, y ahí partí, averigüé el nombre del guitarrista y fui a buscarlo.  

Llegué a una pieza chiquitita, en un barrio de Temuco, él vivía en un lugar pequeño, ahí se montaba la batería. Un día llegué a pedirle que me enseñara a tocar guitarra eléctrica, él me enseñó durante dos meses, y luego me dice que ya no me podía seguir haciendo clases porque quería invitarme a que fuera parte de su banda. Yo no lo podía creer, porque este era un tipo universitario y yo era un mocoso. Así partió “Caballero Negro”, fue excepcional porque fue mi primer trabajo musical constante, periódico, con ensayos, fechas, afiches, una grabación e ir a la radio”. 

F: En definitiva. ¿Qué te llevó a estudiar Periodismo? 

S: “En realidad el periodismo fue una casualidad más que una búsqueda, porque yo estaba en la música con mi pasión y era mi principal eje, también me interesaban muchas cosas, tal vez escribir, la pintura, fotografía, la imagen ¡Todo! Estaba muy impactado por la fuerza del arte y la creación, como respuesta yo creo a un anhelo espiritual o personal de aportar y de poder sumar en este mundo.  

Me vengo a estudiar Periodismo porque finalmente había tenido un amigo, mi mejor amigo, quien me había hecho interesarme para estudiar en la Andrés Bello. Razón suficiente para que dijera “me meto ahí”, vi una malla en la que había doscientos ramos de todas las cosas, digamos -faltaba botánica- pero tenía de todo. En un instante fue difícil porque pensé “lo mío es la comunicación audiovisual, el cine”. 

F: De esta eterna búsqueda dentro del universo de la música, cuando formaste el grupo “Marciano” a mediados de los 90’s. ¿Qué recuerdas de aquel momento y qué rescatas musicalmente de esta banda?  

S: “Lo interesante de “Marciano” es que no es un recuerdo, es una cosa súper presente. Nunca me sentí un guitarrista, como el típico compañero que llegaba y cantaba cincuenta canciones y que en las fogatas la llevaba, o el guitarrista que tocaba los solos. Siempre estuve en un camino muy raro, en el que me interesaba quedarme pegado y escuchar lo que saliera, sin mayor proceso. 

Luego se transformó en una cosa súper musical, escuchaba a músicos como Starly Jordan, era un tipo que tocaba la guitarra arpegio, como percutiendo la guitarra y me provocaba una curiosidad feroz. Cuando ya descubrí los pedales, me compré un delay y me quedaba horas.  

Durante todo un largo trecho estuve pinchando algunos proyectos musicales. Me juntaba con gente, tocábamos y como que no cuajaba muy bien. En seguida comencé a sentir que yo tenía que trabajar con la guitarra como un instrumento. Fue así como llegó el momento de hacer música electrónica. Con otro amigo, ideamos un proyecto que se llamaba “Salvado de avena». Compusimos mucha música, pero nunca tocamos en vivo. De pronto me encuentro con Rodrigo, nos juntamos, hicimos dos ensayos y al tercero estábamos tocando, y nunca ha dejado de ser así. Es muy espontánea nuestra relación musical.  

Durante estos 21 años no hemos parado de tocar, nos hemos detenido años porque yo me metí en otros proyectos, rompimos la historia de “Marciano” durante un tiempo, pero cada vez que nos reuníamos, era lo mismo”. 

F: Con esta trayectoria. ¿Has sentido una evolución musical?  

S: “No sé si hay una evolución musical, por cierto, que lo hay, pero no es consciente. La gracia de “Marciano” es que no es un trabajo musical como todos los otros que he desarrollado, porque finalmente siempre trabajamos primero para un disco y después se transforma en cualquier cosa. Empieza a mutar rápidamente, es muy orgánico, versátil y con cero ambiciones de muchas cosas que en la música en general ocurre.  

Me da la sensación de que esa es su fortaleza, su liviandad. Parece que vamos a hacer esto mientras tengamos orejas con Rodrigo, porque somos muy amigos y ya después de tanto tiempo, tenemos una relación sincera, hemos pasado por varias. Es la historia de mi amistad con Rodrigo, más allá de todo lo que pasa. de lo que ocurre en el día a día, es la historia de una amistad inquebrantable”. 

F: Y en esta música más electrónica. ¿De dónde proviene esta influencia?  

S: “Curiosamente en esta familia musical, tal vez el único espacio musical que yo no cachaba era el mundo electrónico, que si bien existía -porque claro, yo conocía a “Kraftwerk”, un poco de Stockhausen, y algunos proyectos progresivos o jazzeros que tenían una connotación. Cuando me hablaban de tecno, yo tenía una relación con “Depeche Mode”, “Erasure “y todas esas cosas que a mí me cargaban. «I just can´t get enough» de “Depeche Mode” lo encontraba horrible, y “Erasure” era intragable. “Pet shop Boys” tampoco, ni por si acaso”.  

F: Pero menos lo más electro, más sintético. 

S: “Claro, y sobre todo esta cosa synth pop, como de canciones, pero también con una actitud de la canción. Yo era mucho más melancólico que todo eso al final de cuentas”. 

F: ¿Y qué opinaba la gente de Marciano? 

S: “En esa época pre Marciano, incluso, porque esto es 92-93′ empieza el proceso, era muy nuevo y super divertido cachar lo nuevo que era. En Chile había unas tribus que empezaban a hacer cosas porque era bien activista en términos como de “hay que hacer fiestas, hay que tomarse lugares». Era de overol, bototos, por lo menos yo me lo tomé así, como un trabajador del arte. Y yo lo pasé demasiado bien”.  

F: Cuando entraste en la televisión. ¿Seguiste con estos proyectos musicales?  

S: “Sí, por supuesto. El 96’ estábamos partiendo con muchas cosas, de hecho, estábamos partiendo con Marciano de alguna manera. «Música libre» (que así era como se llamaba Marciano antes de ser Marciano). Partimos el 96’. 

Primero trabajé con este grupo que se llamaba “Barracuda” -más que trabajar, compartía- pero después armamos “Evolución” que era nuestro propio equipo, por afinidades, por mundos, por universidades, armamos nuestro propio lote. Ahí empezaron a aparecer las primeras fiestas de “Evolución”, comenzó a aparecer Salvado de Avena”, “Cebra” empezó a hacer sus primeros cortos, y andábamos así, muy juntos por esto”.  

F: Volviendo a tu música tú grabaste el disco «Solo» en el 2007, y esto fue mezclado en San Francisco. ¿Qué rescatas de esta experiencia?  

S: “Aunque lo internacional es sólo una anécdota, aquella experiencia alucinante. Lo potente de alguna manera abrirme solo, porque con el Marciano tuvimos un momento demasiado éxito y respecto al éxito, si no lo sabes entender te puede generar muchísimas cosas complejas. Y nos provocó muchísimos enredos a nosotros como amigos, porque se mezcló todo: la plata, el trabajo, las distintas cosas en las cuales cada uno estaba metido”. 

F: ¿Y cómo lograron superar esto? 

S: “Dejando de hacer música juntos. Necesitaba también volver a aprender. Prácticamente nos juntábamos muy poco para ensayar y cuando nos juntábamos era como estrictamente para componer y me empezó a dar como la sensación de que estaba trabajando y ahí me dejó de parecer interesante. Si esto se parece demasiado al trabajo, no sé si me gusta, porque era todo el rato como cumplir, como la obligación, como una empresa.  

“Marciano” en su minuto era un proyecto ambicioso, andábamos viajando con 12 personas, 3 proyectores. Visualistas, DJ´s, iluminadores, sonidistas, 2 manager. Entonces de ser un equipo que nos juntábamos a hacer fiestas “Evolución”, ya se transformó en una productora, y como productora empezamos a tener responsabilidades más grandes, equipos de trabajo, y para mí siempre el centro fue tocar; pasarlo bien y ensayar y tener como esa relación. Se nos desencajó un poco la onda, en ese sentido, aguardando que Rodrigo llegara para ensayar, me puse a hacer música solo.  

En un minuto, francamente estaba un poquito agotado de la dinámica de “Marciano”. Mi hermano escuchó las cosas que estaba grabando y me dijo “aquí hay un disco». Yo le dije «tú estás loco, de la cabeza» y por casualidad apareció Jaime y me dice lo mismo y me empecé a entusiasmar. Me pareció alucinante empezar a hacer canciones, empezar a trabajar con cierta estructura, ocupar las palabras, como una manera posible de movilizar una energía. Ahí me volvió el encanto por la banda nuevamente, con un proyecto musical de varias personas interactuando según un contenido común”. 

F: ¿Cuál es la diferencia de trabajar más solista que con Marciano? 

S: “Marciano” es efectivamente un trabajo de dos personas, y en solitario es el trabajo de una persona que va guiando un proceso. La responsabilidad queda en ti».  

F: ¿Como solista continuaste con un sonido similar? 

S: “No, completamente distinto. Porque la idea era también aprender otro lenguaje, era como «oh, estoy hablando italiano y quiero aprender chino». Después de muchos años de haber tenido una experiencia de banda me di cuenta que lo añoraba. Sentí que podía tomar la guitarra, no cantar las canciones de Silvio, ni ninguna de nadie sino como decir «ésta es mía, puedo aportar con ésta». Han pasado un poquito más de 10 años, hay 4 discos, conocí a un grupo de gente maravillosa de la cual estoy absolutamente enamorado también. 

Ahora tengo 2 proyectos, estoy grabando un disco con “Los Gaffers”, el disco «O» y terminamos el año pasado, antepasado un disco con Marciano y ahora estamos tocando ese disco. Finalmente, hoy día hablo dos lenguas distintas. Ahora sueño con que en algún minuto voy a reunir estos dos, pero eso será un proceso de los próximos 10 años, tal vez”. 

F: ¿Y de qué tratan estos proyectos?  

S: “El disco «O» son canciones: lo interesante de ellas, en el hecho de escribir, es que va muy claramente dejando una huella acerca de tu paso. Siempre he pensado que de todas las cosas que yo he hecho, lo que he construido, lo único que me interesa que se preserve de mí son los discos que he hecho con “Marciano” y como solista. Me imagino a mi nieto cachando quien era su abuelo por la música. Entonces va a escuchar “Marciano” y va a decir «estaba re loco el abuelo».  

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F: Tu proceso musical. ¿Ha ido cambiando con el tiempo?  

S: “Todo el tiempo va a cambiar y es bueno, cuando partí con las canciones de vuelta el primer tiempo aquí arriba teníamos una sala y no salía. Estaba como ensimismado. Si alguien quería venir a verme tenía que venir para acá, porque no contestaba teléfonos. Además, fue un período bien extraño porque en mi trabajo, en mi rol de comunicador yo estaba haciendo cosas intensas, como el Festival de Viña. Fue “ok, voy a hacerlo bien y rápido, volveré para acá”. 

Ha sido muy gracioso eso porque yo me junto con mis colegas del mundo de la televisión o como cuando me juntos con mis colegas del mundo de la música -que también hablo 2 lenguas- si bien mi búsqueda y mi aprendizaje está en la música, porque ahí me atrevo a equivocarme, me atrevo a echarla a perder, no tengo que responderle a nadie finalmente porque tampoco soy un profesional que vive de la música, porque a mis canciones no les pido plata, no les pido que me den el sueldo. No quiero que nunca sea así tampoco. Hay gente que le funciona, y esta perfecto. Pero en mi caso prefiero que no.  

Uno siempre quiere que funcione más allá de si te funcione o no económicamente igual uno quiere satisfacción, y es muy difícil sustraerse de aquello. Hay que reconocer que uno pasa por etapas. Hay momentos en que te da lo mismo y en otros que lo único que quieres es que funcione el proyecto o a veces te da lo mismo. Uno se confunde o se marea”.  

F: En tu trayectoria de solista, ¿cuál es el disco que más destacas? 

S: “Cosmos” es un punto bien alto, por lo menos yo lo sentí. Esto tiene que ver con lo que te va pasando a ti cuando haces canciones, cuando uno escribe o un artículo, una cosa escribir uno, lo otro es escribir”.  

F: Ahí tuviste una conexión con la astronomía.  

S: “Ha sido un mundo que nos acompaña siempre, desde “Papelucho y el Marciano”, “Crónicas Marcianas”, “ET”, la ciencia ficción. Esto sigue siendo un tema para mí porque hoy, 2019, estamos viendo en un espacio absolutamente de ciencia ficción.  

Mi ciencia ficción de los 21 es completamente distinta a los que tengo hoy día. Ese lenguaje tiene que ver con la curiosidad, con el amor, la búsqueda, con la incertidumbre permanente de este recorrido humano. “Cosmos” me pilla en un momento muy especial, fue muy agradecido de ese instante, lo del Planetario está dentro de los grandes momentos de la vida, como creador. En la cosa creativa”. 

F: ¿Qué sentiste ese momento de estar en el Planetario exponiendo tu música? 

S: “No podía ser más feliz. Fue mucho agradecimiento, sigue siendo un espacio que yo, cada vez que escucho el disco digo “wow, qué conectado estábamos, qué bonito, lo pasamos tan bien, nos reímos tanto”. Cada tocata fue un momento, tengo una sección de verdad, la música tiene una energía joven, fresca, te limpia la cabeza, el alma, hay algo ahí”.  

F: ¿Vivirías de la música?  

S: “Si la vida me la regala, nunca le he pedido a la música eso, al periodismo le pido.  Por algo estuve ahí lidiando con las notas, que algo te de vuelta.  En el periodismo hay un trabajo colectivo, lo que tú haces está en función al que otro te entienda, la clave es que, la otra persona cache, ese es tu objetivo, sea lo que sea que hagas, en la música no. La música es libre, no dependes si te gusta a ti, depende de que te pasa a ti. Es la vibración. Del resto no te puedes hacer cargo. No dañas a nadie, es una energía absoluta entregada al cosmos, al viento, no pesa, no huele, es libre, es una energía que solo existe si tú les das valor o no”.

F: ¿Qué quieren demostrar este 2019? 

S: “El disco nuevo no pretende nada. Son 10 canciones del disco “O” son un círculo personal. Son canciones que compuse en un momento especial, y después de “Cosmos”, que fue un proyecto grupal con clara intenciones de armas una escenografía, un proceso de conversación, gira, el disco pretende ser un disco y nada más”. 

F: ¿Cuándo pretenden lanzarlo? 

S: “No tengo pretensión de lanzarlo urgente, quiero que lo terminemos tranquilos, con los tiempos de todos los involucrados, que lo disfrutemos, que lo toquemos en alguna situación especial. De eso se trata para mí, a rato va cambiando. Lo único que sé es que van a seguir pasando os años y yo seguiré haciendo discos. Cada canción que ocurra es un milagro”.   

06 de DICIEMBRE del 2014/ SANTIAGO El músico nacional, Sergio Lagos, participa en el show homenaje al músico transandino, Gustavo Cerati realizado en Movistar Arena. FOTO: MATIAS DELACROIX/AGENCIAUNO

F: Como comunicador. ¿Cómo ves la escena nacional? 

S: “Tengo muchas ganas de aportar, siento que falta un coagulante, esto tiene que ver con la cosa de poder de presentarle al público, de cómo se ve esto, qué ocurre aquí. Conozco, entiendo, y he visto muchas escenas distintas, pero siento que funcionan mucho en la trivialidad. Lamentablemente ahora existe una industria mucho más feroz que antes, existe una hegemonía de ciertos sonidos que no contraste con la diversidad imperante, hay ciertas sonoridades que están aquí invadiendo el mainstream total de la gente, y hay otras cosas que son interesantes, pero que no tiene visibilidad.  

En la música son cada vez son menos los artísticas chilenos que tienen visibilidad, y cada vez menos procesos artísticos. Antes había más relatos, antes podías escuchar Criminal en la radio.  

Falta una plataforma de visualización audiovisual de todo lo que sea hace. Hay otras plataformas interesantes en el mundo, pero aquí no se han replicado. Existe una generación que está en deuda. Me extraña la no sensación urgencia de presentar el contexto generacional”.  

F: ¿Tienes algún otro proyecto? 

S: «Estoy en el proyecto de tener menos proyectos, pero siempre estoy tentando en algo nuevo. En todo caso, trato de contenerme».