Fresa Parra, heredera musical de uno de los grupos más emblemáticos de Chile

 

Fresa Parra, heredera musical de uno de los grupos más emblemáticos de Chile.

 

Fresa es hija de Eduardo Parra, fundador e integrante del grupo Los Jaivas.  Actualmente, Fresa Parra, junto a Toto Álvarez, se encuentran en pleno trabajo creativo, preparando lo que será el primer álbum.

Texto y fotografías:  Adolfo Vera – Mauro Bregante

 

Habíamos quedado con Fresa de encontrarnos en la rotonda que va hacia Laguna Verde y optativamente a Camino la Pólvora, en Valparaíso. Es ella quien nos recoge para llevarnos a su casa que dista un par de kilómetros desde ese punto. Al arribar al lugar, nos encontramos con un bosque que tiene características similares a los bosques del sur de chile. En medio de este paraje está su casa donde añosos y muy altos cipreses llaman la atención. Sumado a ello, varios de sus perros deambulando por el sector.

A continuación nos presenta a Toto Álvarez, músico viñamarino, con quien está preparando su próximo álbum. En la primeras conversaciones y recorriendo el lugar, aprovechamos de observar la belleza del paisaje para realizar nuestras fotografías, las cuales van fluyendo de manera espontánea en torno a esta locación natural.  Para continuar con el registro fotográfico, nos lleva a conocer un recinto ubicado dentro de este parque natural. Es la sala de ensayo,  allí realizamos algunas fotografías de ellos tocando varios instrumentos como piano, trutruca, bajo, tumbadoras y aprovechamos la luz del atardecer, que se filtra por las ventanas, tiñendo la escena de luz y sombra cálida, generando el ambiente mágico. Entre acordes andinos, Fresa se deja llevar por la inspiración del momento, donde Toto se integra a la perfección y aparecen unos compases al puro estilo Jaivas.

 

 Un poco de historia. La salida de Los Jaivas de Chile después del golpe de estado 1973 y su paso por Argentina.

Para indagar sobre sus comienzos en la música, conversamos largamente con Fresa, bajo una especie de ramada en el jardín de la casa. Allí nos va relatando su vida desde que era pequeña hasta hoy. Nos cuenta que nace en Zárate, Argentina a comienzo de los setenta.

 

“Yo nací en mil novecientos setenta y tres, en Argentina, cuando  Los Jaivas ya se habían ido de Chile hacía poco. Decidieron hacer un viaje como banda por Sudamérica y llegan a Argentina, con las mujeres con todo y ahí nací, en diciembre del setenta y tres, en Zárate, que es en la provincia de Buenos Aires”.

“Mi familia en argentina: Eduardo Parra, mi padre, Verónica Fernández, mi madre, Blanca Flor Parra (mi hermana mayor) entre las piernas de mi padre.  Y yo, Fresa Parra, al lado de mi madre. 1975”.

 

Fresa es la segunda hija de Eduardo. Primero viene Blanca Flor, quien, junto con sus primos Juanita, Michael y Lautaro nacen en Santiago, antes de migrar a la Argentina y mucho después vendrá Rosita, la hermana menor de Fresa.

“De los niños, como Blanca Flor, mi hermana, que es la mayor, nació en Santiago, igualmente Juanita, Michael que es otro primo hijo de Monica, la mujer de Gato, Lautaro hijo de Claudio que también habían nacido en Chile.  Entonces seguidamente viene la generación de los argentinos, donde soy yo la mayor. Luego viene Aurora Alquinta la hija del Gato y Moisés  Alquinta, también el hijo menor de Gato”.

 

Saliendo de Chile y una vez establecidos en Zárate, viven en comunidad y viene una época dura, pero muy rica creativamente. Según nos cuenta la hija del tecladista, fueron años increíbles, de gran creatividad e inspiración musical, se producen los primeros álbumes . Además, realizan giras por Sudamérica,  (Uruguay, Paraguay y Brasil).

“Y bueno ahí Los Jaivas tienen para mi gusto unos años increíbles en Argentina, muy duros también, pero creativamente muy importantes y proliferos: hicieron El Indio, Canción del Sur, Los sueños de América con Manduka, que son para mi, discos cruciales”.

Una de las experiencias que quedan en el recuerdo de Fresa y que es parte de su fuente de inspiración hasta hoy, es haber vivido rodeada de diversos instrumentos musicales cuando tenía apenas dos años de edad. Nos cuenta que un día se queda dormida en el bombo de la batería de Gabriel, situación que aprovechó René Olivares para realizar una ilustración de “Fresa durmiendo en el bombo”, que es un ícono representativo hasta el día de hoy.

“Y ahí vivimos en comunidad ya por supuesto rodeados de instrumentos y de las trutrucas, de los cultrunes y éramos unas guaguas yo andaba gateando ahí por la casa de Zárate. Así fue como un día no me encontraban y todos me buscaban y buscaban y resulta que finalmente me encuentran durmiendo en el bombo de la batería de Gabriel que él lo amortiguaba con unos cojines. Eso aparece en los dibujos de René Olivares, si se fijan en algunas historietas aparece un niño siempre metido en el bombo y esa escena viene de ahí”.

     Fresa con guitarra en mano y Aurora Alquinta cantando

Después de más de cuatro años de estadía en Argentina, en 1977, Los Jaivas junto a sus familias toman la decisión de partir, debido a la difícil situación política del país trasandino, quedando atrás Sudamérica. Ahora sus ojos están puestos en el viejo continente y emprenden el camino en busca de mejores alternativas de vida para esta tribu conquistadora chilena.  Todos juntos se embarcan en un trasatlántico rumbo a Europa, para ser más exactos, a Francia, país donde inician su nueva vida. Fresa recuerda ese momento con nostalgia.

 

Su llegada y estadía en Francia.

 “Y así es como nos embarcamos en un trasatlántico que nos va a llevar a todos a Barcelona y el mismo día de la llegada un bus puesto por EMI Londres nos traslada hasta Biarritz que es país vasco francés.  Ahí empieza nuestra vida en Francia donde vienen los años en los que convivimos en comunidad. Crecimos todos los niños juntos en los alrededores de Paris, en una casona que aquí le llamaban “el castillo”; parecía un castillo, pero más bien era una casa grande, muy grande con un parque hermoso que se transformó en nuestro refugio, en el paraíso de los niños. Entonces estamos ya en el setenta y siete. Es ahí cuando nacen los más pequeños, que son la última  generación de los que vivimos en comunidad. Viene Rosita, mi hermana menor. Ivonne, la hija de Claudio. Es en esta casa que  pasaron los años más intensos, para mí, en cuanto a la cercanía con la música.

     Ya desde Argentina, Fresa, una niñita, manifiesta su inclinación por la música y en especial por los instrumentos de percusión. Es así como nos cuenta su experiencia en la sala de ensayo de Los Jaivas.

“Lo maravilloso que era estar rodeados de muchos instrumentos, un sueño hecho realidad y aunque no siempre permitían ingresar a los niños, de vez en cuando abrían la sala de ensayo y nos dejaban entrar. Y ahí aprovechábamos de meter bulla con todos los instrumentos y era alucinante tener un piano de cola, una batería enorme como la de Gabriel, el mini moog de Eduardo, las guitarras todos los instrumentos de percusión africanos y de Sudamérica… Bueno, era un sueño para nosotros poder jugar ahí mientras nos permitían”.

¿Ustedes se mantuvieron con la misma imagen de hippie que proyectaban desde Chile hasta Francia?

“En Francia de hecho nos van a entrevistar revistas, por esta comunidad hippie donde andaban  los niñitos todos juntos, los papás con tremendos pelos, las mamás tejían estos chalecos. Todo eso llamaba mucho la atención. De hecho algunos de los vecinos se acuerdan todavía porque mis primos aún viven en el mismo barrio. Entonces ahí hay gente que nos conocieron desde chicos y claro, cuando hacían estos recitales la Fête de la Musique, que es la fiesta típica que hacen allá y que todos tocan música en las calles, Los Jaivas hacían estas tocatas abiertas y se llenaba.”

¿El clan jaivas en total más o menos cuantos eran?

Los Jaivas con sus respectivas mujeres que eran cinco y sus hijos. Mi papá tenía tres, Claudio dos, Gabriel uno: la Juanita. Éramos nueve niños más los adultos que eran diez ya vamos en diecinueve más Jano ( iluminación) Piola (manager) y René (pintor, ilustrador) Ese era el clan. Imagínate las fiestas que se hacían, por ejemplo las Navidades eran enormes,  los años nuevos había muchas sorpresas. Si, porque como contaba Eduardo, ellos siempre tuvieron una inquietud de relizar, de crear espectáculo, desde niños lo hacian como un juego. Ese espíritu lúdico se repetía en nuestra casa ahí en Francia y las fiestas eran muy hermosas.    

De los trabajos musicales que recuerda y destaca Fresa, es la creación de la obra Alturas de Machu Pichu, la lleva impregnada en su ADN, como nos expresa, debido a escuchar los temas todos los días y tener en la memoria la obra completa desde la creación. “Todos los temas sonaban maravillosamente”, nos cuenta.

“Y así fueron pasando los años en Francia, creciendo entre medio de todas estas actividades culturales y musicales”. 

 

El regreso y el reencuentro

Corre el año mil novecientos ochenta y dos, cuando la comunidad Los Jaivas tiene el primer encuentro con ese Chile que para estos niños se había convertido en un mito. Uno de los recuerdos importantes en la vida de Fresa fue ese encuentro en la Quinta Vergara con el público de Los Jaivas, subiendo al escenario junto a sus primos invitados a cantar junto al grupo el tema “Plantita de Alelí”. Al subir recuerda el nerviosismo propio de la situación y es cuando Juanita les decía “no miren al público miren al los árboles” y observa que los árboles estaban atiborrados de gente gritando y demostrando el cariño que sienten por el grupo.

  Fue en el año ochenta y dos, yo tenía nueve años cuando por primera vez visito Chile. Los Jaivas habían decidido viajar con toda la familia. Ese viaje fue memorable para nosotros porque era primera vez veníamos los más chicos. Para llegar a Chile pasamos primero por Perú.  Tocaron ahí Los Jaivas y fue impactante.  Finalmente en Chile íbamos a conocer a nuestras familias, nuestras abuelas, mi abuela paterna Hilda Pizarro, la mama de los Parra, de “los chiquillos”, como les decía ella. Y además conocer a todas mis tías abuelas acá en Viña, ¡conocer Viña!, estar en el hotel O’Higgins,  con todos alojando por el Festival de la Canción. También conocer la cordillera en Santiago, donde vivía mi mamá, mi madre Verónica Fernández. Eso fue muy fuerte, profundo y muy bonito, por supuesto, conocer a la familia. Sin embargo, algo fundamental fue  también, darse cuenta de lo que significaban realmente Los Jaivas en Chile.

Otra de las vivencias que esta en sus recuerdos es con el público de Los Jaivas, en el teatro Caupolicán de Santiago en 1982.

“Lo que eran Los Jaivas en Chile, porque no era lo mismo en Europa, que claro, con la misma calidad musical y todos los europeos alucinaban con Los Jaivas pero el impacto con el público chileno fue realmente otra cosa. Haber sido testigo del recital del Caupolicán en el ochenta y dos, fue impactante. En esa época Los Jaivas empezaban sus conciertos con Tarca y Ocarina, que es un tema potentísimo en base al rock. Quedaban todos con la boca abierta, simplemente todos quedaban para adentro y era una locura, una locura ver como estaba lleno, repleto el teatro, como colgaba la gente, se tiraban por los balcones, le tiraban regalos al escenario, era un acabose. Así de fuerte también la emoción, la alegría musical y todo. ¡Fueron momentos alucinantes, prácticamente indescriptibles!.

De las experiencias que le aportaron en su crecimiento musical, fue el contacto con su tío Iván, hermano de su madre, músico, quien tocaba guitarra y piano y además tenía una batería en casa En esos años, Fresa, se acerca más al piano y la guitarra…

 

 

Comienza  su vida universitaria, estudia Diseño en la Escuela de Arquitectura de la UCV.

Es en esa época se demuestra de pleno su pasión por la música y el dibujo que desarrollaría en paralelo durante su vida, entrando a estudiar diseño en 1994 a la reconocida Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica de Valparaíso, donde se sentía en un ambiente similar, por la mística de la escuela, le recordaba la vida en comunidad en Paris.

   “Yo entro a la escuela de arquitectura en el noventa y cuatro y tuve la suerte para mi gusto de ver y conocer algunos de los creadores de la escuela, que eran Alberto Cruz, Godofredo Iommi,  Girola que era un escultor, ya eran mas viejitos, pero se notaba toda la potencia en sus discursos. Fue especial para mi porque se me hizo un paralelismo porque yo venía de una escuela, de un grupo creativo también muy intenso cuando te toca vivir en comunidad como Los Jaivas, realmente su life motiv era la música no era la familia, o sea vivían con nosotros porque éramos sus mujeres y sus hijos, pero ellos eran cien por ciento dedicados a la música y tenían esto súper metido y es lo que hicieron siempre. Eso también es una escuela si o si, lo quieras o no. Y en ese sentido la escuela de arquitectura se me hizo un poco familiar, por la experimentación, por el ambiente muy cálido que había, por lo menos para mí y el echo de tener la poesía en su discurso, se inspiraban de la poesía y  eso también estaba en Los Jaivas, con mi papá que es poeta, y las letras de muchas  canciones son suyas y era Gato que las musicalizaba. Me tocó presenciar varios procesos creativos muy lindos, lo más cercano que vi grande fue el Si Tú No Estás, que lo habían empezado con Gabriel por ejemplo: Como Tus Ríos Te Recorren  estaba hecho con Gabriel, y otra más: Agua Marina. Fue precioso y terriblemente triste porque fue justo cuando murió Gabriel. Él tenía una casa (en esa época ya no viviamos en comunidad) vivíamos cada familia en departamentos, sin embargo Gabriel tenía una casa grande y ahí era donde ensayaban, en un inmenso subterráneo. Después de la muerte de Gabriel, regresaron de Chile y debieron terminar el disco en esa casa y yo iba para allá a verlos. Ahí estaban las rosas en el jardín y Los Jaivas tocando y era un mar de lagrimas, muy triste y conmovedor. Ese disco es precioso para mi gusto, muy lindo… Volviendo a mi escuela, bueno, fueron años de mucho trabajo, busqueda y observación, hasta  titularme. Esto, sin duda, marca tu vida porque son procesos, largos momentos que uno comparte intensamente con los compañeros y así tambien con los profesores: José Ballcels , Silvia Arriagada y Alejandro Garretón. Es bajo la mirada académica de ellos que yo me titulo presentando un trabajo que culmina con una serie de grabados”.

“Había muchas clases comunes como Amereida, un tema fundamental. Había también actos poéticos. Todos eso actos poéticos se realizaban en la ciudad abierta. Esos acontecimientos a mi me alucinaban, eso de que nos recibieran con uva y vino el primer día o las vigilias por el día de san Francisco de Asís, que es el patrono de la escuela. Todas esas cosas me emocionaban e inspiraban”.

“A mi me llamaba la atención Alberto Cruz, como hablaba, cómo se expresaba, cómo hilaba miles de ideas, como iba dejando abierto una cantidad de temas para que tú siguieras estudiando. Y Godofredo Iommi que era un señor que ya tenia su edad pero que cuando empezaba a hablar se transformaba en un joven idealista trasluciendo una energía que realmente hacia llegar directa y fuertemente lo que decía. A mí me recordaba esa energia que transmitía Gabriel al tocar… ¡Al tiro te daban ganas de tocar!  Para mí, concretamente Los Jaivas son hasta el ochenta y ocho, de, ahí jamás vuelven a ser lo mismo. Ahora, la muerte de Gato también ya es más “aceptable” (si esto se pudiera decir) y entre comillas, porque ya él tenía más edad. Con la muerte de Gabriel obligatoriamente nos tuvimos que acostumbrar y resignar a esta poderosa realidad. Su muerte fue impactante porque era muy joven y todos sabíamos que quedaba todavía mucho camino por recorrer. La voz de Gato es incomparable, para mi es la mejor voz. Ademas, Gato es el impulsor, la chispa creativa. Mi papá es el poeta quien ha escrito casi todas las letras, exceptuando, lógicamente  Alturas de Machu Pichu que es el poema de Pablo Neruda. Pero Gato igualmente fue letrista y escribió varias de las canciones de Los Jaivas

 

       Fresa Parra en el piano, Toto Álvarez en la conga

Sus caminos por la música.

Queremos saber más sobre sus inicios en la música y nos cuenta que se impregnó con el Rock y el Jazz.

“Yo soy de escuchar harta música,  me encanta la música como te digo es siempre mi compañía en los buenos y en los malos momentos o sea yo vivir sin música no lo concibo. Escucho mucha radio y después en las escuelas más rock acá en chile y el jazz. Los años en la escuela de arquitectura  fue una época muy bonita y me hice de muy buenos amigos. Ahí conocí un gran amigo que se llama Cristóbal Vicente. Fue con él que retomo la batería, porque Cristobal tenía una batería y un día me lleva para su casa y me subo a la batería y toque como dos horas sin parar, así como una bestia desaforada”.

¿Estudiaste música?

“La verdad nunca estudie música, soy autodidacta en ese sentido solo el hecho de haber tenido siempre la música muy presente en mí desde muy chiquitita. La música de a poco se fue transformando en una compañera que siempre tuve y siempre me cobijó también en todo momento y no podía vivir sin ella y me encanta y siempre me gustaron todos los instrumentos. Pero la batería me maravillaba, Gabriel maravillaba… Era algo que nos dejaba sin palabras sin aliento y todos queríamos tocar batería y varios tocamos batería de hecho la Juanita, Amaru y yo, claro”.

Perdón ¿dónde conoces a Cristóbal?

En la escuela, somos de la misma generación porque después nos dividen, él es arquitecto, el primer año era común y ahí fue una especie de revelación. Compartimos fiestas, momentos de tambores y musica improvisada, me reencontré con toda esa energía que tenía ahí dormida y mis amigos me daban fuerza: “tienes que tocar, que increíble como tocas”… En ese momento eran puras tocatas así, cada vez que había una fiesta yo tocaba batería sola y de ahí de apoco fuimos trabajando más eso. A Cristóbal le gustaba el cine hicimos un par de experimentos con imagen. Es tras esta intensa convivencia y las ganas de compartir de hacer cosas que  al fin creamos una banda que se llamó Uñas Negras.  En realidad Uñas Negras empieza con Franco Carroza que es otro amigo que aparece. En el ambiente escuelístico hay mucha gente artista, a unos les gustaba el cine a otros la fotografía… A nosotros nos gustaba la música a otros la pintura… Entonces se creaban estos ambientes.  Por ejemplo esta época fue marcada también por una casa muy significativa, ya que varias generaciones de la escuela pasaron por ella: “ María Antonieta” la llamaban. Una casona de Valparaíso. Ahí se hicieron grandes encuentros con muchos amigos y reuniones muy entretenidas donde siempre la música era el eje central”. 

Les contaba de Uñas Negras. Esta banda se crea con Franco en el bajo y yo en batería. El estilo era muy improvisado. Me recordaba mucho la época de Los Jaivas cuando comienzan a tomar su propio camino que está registrado en los cinco CDs de La Vorágine.  Por hacer una analogía, Uñas Negras seria como esa época de Los Jaivas. Era mucho de improvisar. Ni siquiera afinábamos los instrumentos era como empezar a tocar y buscar el fundamento. ¡Partir de cero! 

¿Mezclaban como los Jaivas estos instrumentos clásicos con andinos, folclóricos acústicos?

   Después de a poco fue tomando ese rumbo, al principio era muy muy rock, nos tildaban como “Magma” como Fred Fritz o se me olvidan los nombres de las bandas pero la gente tuvo muy buena acogida como de los mas amantes de la música justamente porque nos veían como una banda con una propuesta muy interesante y diferente, muy potente. La verdad  no se si se querían arrancar o quedar ahí y estaban todos como hipnotizados porque eran así feroces las tocatas, eran de cuarenta y cinco minutos sin parar.

¿Donde tocaban?

   En el bar la Aduana, en la radio Valentín Letelier,  en Proa al Cañaveral, tocamos en varios bares.

¿Cuantos eran los integrantes?

   Partimos Franco Carroza en el bajo y luego se integro Cristóbal que en ese momento estaba haciendo el proyecto de una película justamente con Carlos Canales que también vive acá en Valparaíso un muy buen músico, multi-instrumentista, él estudio en la escuela moderna y llegó a tocar la guitarra y Cristóbal, como también tocaba batería, se integró con otra batería entonces éramos dos baterías y luego se integró Gonzalo Undurraga que también era de la escuela de arquitectura que tocaba piano y finalmente Oscar Santis, arquitecto, le decimos “el pelao”, él tocaba los computadores. Ahí quedo armado Uñas Negras con sus cinco integrantes, era una locura pero pasaron muchas cosas interesantes. Teloneamos a Fulano en el Teatro Municipal de Valparaíso. Después Jorge Campos,  el bajista, se interesó en grabarnos y fuimos a La Reina a su casa pero finalmente no culmino en una grabación. Finalmente en la radio Valentín Letelier, nos grababan Ronald Smith, René Cevasco, como productores y Pancho León era el sonidista. Era justo la época así en que las bandas todavía no eran super producidas pero si autoproducidas. 

   Antes del 99 conocí a Toto Álvarez en todas esas andanzas, porque Toto era el icono de la música improvisada y abstracta de tocar el instrumento de cualquier manera menos convencional y con Toto hicimos amistad. Nos encontramos en tocatas de improvisación  así que uno dice hola y sube a la batería y empieza a  tocar, es muy lindo es una conversación en la cual hay que desarollar la sensibilidad para lograr un dialogo y no un monólogo.

Bueno, ¿tu instrumento generalmente es?

Mi instrumento es la batería y también toco el piano.

¿Y el piano?

   Y el piano. El piano es prácticamente improvisación, sonidos que me van quedando y generalmente son muy jaiveros los sonidos que tengo. Además fue muy bueno haber tenido ese piano en Santiago con mi tío Iván, como les contaba. 

¿Tú has tocado con Los Jaivas?

   Yo he tocado con Los Jaivas… Sí, toque una vez en el Festival de Viña. Estaba Gato y al final para el Todos Juntos armamos tres baterías: Amaru, la Juanita y yo.

 

¿Entonces, podrías haber integrado Los Jaivas?

   Yo tenía catorce años cuando murió Gabriel y no tenía una tecnica desarollada solo nociones de tocar batería, la Juanita había tomado clases de batería, un poco, estaba metida y era más grande y viéndolo como una retrospectiva yo creo si en ese momento me lo hubiesen dicho, me voy de espalda, pero jamas ni siquiera lo pensé. Lo mismo que le paso a la Juanita un poco, además pensar en reemplazar a Gabriel es impensable. Fue un proceso largo para Juanita. Ella se estuvo preparando cinco años de forma intensa, proceso que culmina con el disco “Hijos de la Tierra”, cuando Los Jaivas reaparecen por fin con la Juanita y fue un tremendo impacto con un concierto repleto de gente en la Quinta Vergara.

 

¿Vas a retomar lo de tus proyectos actuales?

“Con Toto nos conocemos hace tiempo, hicimos varias tocatas con Uñas Negras y con Toto Álvarez en varios lugares  con otros amigos porque como eran improvisaciones invitábamos a nuestro amigo trompetista al amigo guitarrista, al percusionista eran súper libres las tocatas”.

“Bueno, somos amigos y yo siempre tenía en la cabeza la idea de hacer canciones tal cual, el concepto canción con letra y melodía me atrae mucho… Yo ya tenía una guitarra y el piano y hacia mis melodías  siempre escribía mis letras y las tenía ahí anotadas. Entonces decía , como no voy a poder unir todas estas cosas. Hasta que un día por fin se me ilumina la cabeza y el corazón y me sale  “Manto” que es una letra mía que logro unir con guitarra. Pero, sin embargo, la primera que musicalizo, con la pura letra que la leo y me sale una melodía, es con la letra de Eduardo (mi papá), una canción que ya grabamos que se llama “Ese beso”,  esos versos son parte de un poemario que Eduardo hace cuando van a isla de Pascua”.

“Fue así como un día agarro el poema y empiezo Ese Beso… Comienza a salirme una melodía y yo súper emocionada… ¡Y logro cantar el texto entero!”

“Pero lo deje en un casete grabado por harto tiempo, hasta que hago “Manto”. Ahí digo ya me empezó a salir otra y otras ideas. Me dije a mí misma: tengo que aprovechar ahora que estoy en esto y empecé mi odisea finalmente, porque llevo años haciéndolas”.

“Y bueno un día ya, tenía como unas maquetas hechas y voy a hablar con Toto, porque yo hago mis maquetas,  mis bases y luego ya hay que embellecerlas y ponerle mas instrumentos. Entonces llame al Toto y le conté que estaba haciendo estas canciones y que le parecían. En este momento como nunca hemos estado tocando y compartiendo la musica, es un gran musico con un gran talento”.

“Un día llega mi papa a vernos acá y mi papa estaba iniciando su proyecto del Sello Parra y yo estaba iniciando mi proyecto de música entonces le pongo una canción que era “Ese beso” y el escuchaba y decía: oye, que buena la canción, y la letra para rara. Se pasó esa letra…  Y yo me reía y le dije: pero papá si esta es una letra tuya, un poema que tú escribiste. Y ahí ya le da un ataque de risa y me dice que tiene que ser de Sello Parra y lo vamos a grabar. Fue así como llegamos a grabar la primera canción”.

“Ese beso” el único tema en las redes porque es el único tema que  tengo grabado en estudio. Y bueno Eduardo se va y vuelve a Francia y ahora nos reencontramos para otras dos producciones, no venía hacia dos años y con Toto hemos seguido avanzando y como son temas míos se  lanzó como Fresa Parra, nos quedamos con ese nombre pero ahí tendremos que ponerle un nombre a la banda.

 

                Fresa Parra y Toto Álvarez preparan un álbum 

 

“En este momento somos dos, con Toto que toca la guitarra y el bajo. Trabajamos en el taller de Forestal, en Acéfalo Estudio, en las maquetas. Pero para las presentaciones en vivo tocamos con la banda de Toto “Poca sangre” que integran Carlos Canales, Rodrigo Catalan y Manuel Estay,  porque yo no puedo tocar batería y cantar aún, este proyecto lo estamos produciendo con Sello Parra. En este momento estamos grabando dos canciones nuevas mías que las trabajo con Toto que son “Rayos de flores” y “Arriba de las nubes” ya hicimos todo lo que es instrumentos y falta la pura voz, lo dejamos en espera hasta el veintidós de mayo y ahí retomamos la grabación”.

¿Van a incluir otra letra de Eduardo?

“Junto con “Ese beso”, dentro del disco habrá otra canción que es un bolero que hizo Toto con guitarra y yo le agregué una letra también del poemario de Isla de Pascua de Eduardo”.    

 

Despedida en familia

Actualmente Fresa vive en Valparaíso junto a su familia, integrada por su marido, sus dos hijos, Félix, la pequeña Lucila y sus suegros, Carmen y Carlos quienes la acompañan en todo sus emprendimientos musicales.

“Bueno, ver a mis hijos me recuerdan mi infancia y este lugar también. Verlos crecer rodeados de arboles y flores es como el jardin de la casona en Francia. Son unos monos. Ja, ja. Crecieron hábiles físicamente se suben a los árboles, secos para andar en bici. En la parte musical, Félix, mi hijo mayor, él tiene quince, le gusta mucho la música, pero le gusta  la parte más tecno-electrónica. Normal para su época pero también le gusta el cajón peruano, toca mi batería y con las maquinas hace sus composiciones y están súper buenas, tiene buen manejo del ritmo. Lucila que es mi guagua tiene diez años. Ella también, antes de caminar ¡¡ya bailaba!! y le encanta la música, le gusta el piano, la melódica el metalófono”.

Después de esta larga conversación, no nos damos ni cuenta cuando se nos viene la noche. Ya estamos en la despedida. Quedamos de encontrarnos nuevamente para ver las fotografías y otros asuntos del reportaje. Nos vamos con la idea de haber compartido un hermoso momento y registrado los recuerdos y proyectos musicales de Fresa Parra.

CVRLJ.