FRANCISCO GARCÍA MENDOZA

«No escribo más cuentos»

Francisco García Mendoza acerca de su libro “Grita que nadie te escucha”: “Los cuentos tienen su génesis en ejercicios de talleres literarios” 

POR FERNANDA SCHELL

Conversamos con el escritor y profesor de castellano, Francisco García Mendoza, autor de los libros Morir de Amor (2012), A ti siempre te gustaron las niñas (2017) y Grita que nadie te escucha (2020), este último fue lanzando por la Editorial Santiago Ander y ha dado que hablar en el último tiempo. 

El texto nos trae nueve cuentos donde todos los personajes están marcados por el silencio frente al abuso, se van desarrollando y mostrando cómo el ser humano puede llegar a ser tan cruel. El libro se entrega a la imaginación del autor para que se despliegue en imágenes de emoción, reflexión, dolor, rabia, entre otras.

Para conocer y saber más de sus libros, te invitamos a leer la siguiente entrevista. 

F: ¿Qué te impulsó a escribir “A ti siempre te gustaron las niñas” y “Grita que nadie te escucha?

F: «Sepultar al primer libro y, después, al segundo. De cierta manera, el impulso de un nuevo libro tiene que ver con matar al anterior. Erigir una ciudad sobre las ruinas. Grita está condenado a morir en manos del siguiente. Esa es la arquitectura de mi proyecto literario, acabar con mi propia escritura. En el caso de Grita, escribí los cuentos en distintas épocas desde el 2012, por lo que los impulsos son variados. No podría decir que “escribí el libro”, más bien lo armé. Sobre A ti siempre te gustaron las niñas, no recuerdo bien el motivo, solo que quería escribirlo al estilo de Las olas de Virginia Woolf, una historia polifónica, que se confundieran un poco las voces. Pero una cosa es el querer”. 

F: ¿Cómo fue el proceso creativo de escribir “Grita que nadie te escucha”? 

F: “Los cuentos tienen su génesis en ejercicios de talleres literarios. Recuerdo que Juan Pablo Sutherland nos propuso buscar una noticia de la crónica roja y ficcionalizarla. En otro momento nos dijo que cuando fuéramos por la calle nos detuviéramos a escuchar una conversación ajena, solo parar la oreja, recordar el diálogo y anotar. Andrea Jeftanovic, en otra ocasión, nos dio un color para que lo cruzáramos con un objeto. Así se fueron acumulando algunos ejercicios que tenían cierta consistencia. Años después los tomas, los desarrollas, los completas. Los remixeas como diría Alberto Fuguet. Hay una acumulación de lecturas previas que pueden rastrearse en cada uno de los cuentos. Plagios, homenajes”.

F: Tus libros se acercan a la realidad chilena, especialmente “Grita que nadie te escucha”. ¿Es más realidad o ficción? 

F: “Parten de la realidad. Todavía no puedo crear de la nada. ¿Se puede? Hay un cuento en el libro que se llama “No, mamita, nunca más”. Lo escribí antes de toparme con una noticia en el diario La Segunda cuyo titular era justamente “No, mamá, nunca más”. Primero fue la ficción. Ahí apliqué el remix. En la vida real a la niñita la sentaban sobre los quemadores de la cocina como castigo por orinarse, en mi cuento no. La literatura tiene que ver con ambas. Me parece que la particularidad de cada escritura tiene que ver con el cómo se dosifican ambos elementos. Una suerte de porcentajes de distribución”.

F: En ese libro se exponen circunstancias difíciles de sobrellevar y varios relatos que parecen ser reales. ¿Es una crítica al sistema chileno?

F: “La escritura de los cuentos de Grita no es una crítica a nada. La lectura puede ser. Pero me desligo de esa responsabilidad. Siempre aspiré, digamos, a una finalidad estética. Pero eso es lo interesante de la literatura. Las lecturas, la multiplicidad de significaciones ya no tienen que ver con el autor. Joaquín Escobar no tiene nada que ver con Joaquín Escobar. Constanza Ternicier no tiene por qué hacerse cargo de lo que escribe Constanza Ternicier. Se pueden trazar líneas vinculantes entre obra y autor, pero eso es una construcción que tiene que ver con el lector”. 

En “A ti siempre te gustaron las niñas” expones las pulsiones juveniles y deseos propios de la adolescencia. ¿Por qué deseaste ingresar en la juventud? ¿Qué quisiste reflejar? 

F: “Eso mismo. Los deseos y pulsiones adolescentes. El probar, el equivocarse, el rebelarse contra la norma. Rebelarse porque sí, no por leer a Judith Butler, no por pertenecer a un grupito disidente. Exponer las maneras de situarse y reconocerse de un grupo de jóvenes de clase media, hombres, en un colegio católico. Ese explorar otros cuerpos con los que se interactúa la mayor parte del día. Un profesor de religión que habla de sexo desde una autoridad moral que llega a ser patética. Porque habla desde su experiencia heterosexual castradora y castigadora, porque los mismos protagonistas de la novela se están dando cuenta de que son otras y diversas las maneras de abordar la sexualidad. Los roces, las miradas, las complicidades no corresponden con lo que cada semana les dice el profesor”. 

Los personajes de tu último cuento. ¿Cómo podrían sobrellevar sus problemas y que alguien los llegara a escuchar? 

F: “No sé si quiero que los lleguen a escuchar. Si los escuchan no hay cuento. Sería un libro de autoayuda. Insisto en que, si bien los relatos pueden corresponderse con la realidad, resolver esos traumas no es algo que me corresponda. A lo más puedo responder por lo escrito, una coma demás, una palabra mal usada”. 

¿Cuáles son tus referentes literarios al momento de escribir? ¿La inspiración va más allá de lo literario? 

F: “Mis referentes son mis lecturas previas. Una amplia acumulación de textos y autores que vengo leyendo desde el colegio. En Grita los hago explícitos porque, indirectamente, me han formado. Es una manera de exponerse al otro, evidenciar las cicatrices, mostrarse en la intimidad. María Luisa Bombal, Ariana Harwicz, Carmen Berenguer, Nina Avellaneda, entre otras varias y varios. En toda escritura se pueden hallar los cruces, correspondencias que, de alguna manera, apuntan a un solo gran referente que es la literatura en su concepción más abstracta”. 

F: ¿Las ideas vienen antes de crear el libro o dentro del momento de escritura? 

F: “Antes. Primero es la idea, luego la escritura. El libro es la instancia final, el resultado. Es, si se quiere, la materialización del proceso creativo. No hay una receta. En mi caso es una frase, una idea que detona el comienzo de un texto que no tengo idea hacia dónde llegará. Por eso mi producción es más bien pausada. No hay un esqueleto previo, no hay un andamiaje que permita una construcción planificada. Lo único que existe es la irrefrenable necesidad de sepultar al libro anterior. También, debo admitirlo, de tener más libros publicados que Ricardo Elías”. 

F: Finalmente. ¿Lograste cerrar el ciclo que venías realizando del 2012 con este libro? ¿Qué proyectos tienes?

F: “Lo cerré. No escribo más cuentos. Se da que en la mayoría de los talleres literarios el género a trabajar es el cuento. Por un tema de tiempos. Terminar con el cuento es también un modo de terminar con mi aventura en los talleres. Llega el momento en que te das cuenta de que ya no son tan útiles. Esperar siete u ocho sesiones para mostrar lo que escribiste, para exponerte, agota. El diálogo es fructífero, sin duda, comentar y ser comentado. Pero ya es mi tercer libro. Retírate dignamente. Este libro es el resultado de esos talleres. Existe por eso. Una instancia que me formó escrituralmente, pero que ya fue. Sobre proyectos, dos a medio camino. Dos novelas. En una de ellas estoy tratando de explorar nuevas formas, tensionando mi propia escritura, obligándome al agotamiento. La otra está en pausa por ahora”.

 «No escribo más cuentos».