Dr. phil. Ricardo Loebell, Experiencia contemporánea del arte

Experiencia contemporánea del arte

Por RICARDO LOEBELL  (doctor en filosofía)

Ejercitando la mirada en la ciudad, este ensayo escrito en etapas nace de los trabajos artísticos visibles, en un dégradée, pasando por la reducción de color y apariencia, hasta el punto de calcar estructuras colectivas urbanas, del cuerpo social y resignificarlas. Esto culmina con el hacer visible una obra producida por la gente mediante la mera operación de ver.

La primera vez que tuve conciencia de un objeto, debe haber sido aquella tarde en que mi madre y mi hermana me dejaron acostado en una habitación semi-­‐oscura a la hora de la siesta, porque tenían que hacer sus diligencias. Desperté y recuerdo nítidamente como intenté intervenir ese ambiente apartando la cortina de ligero textil con una trama a cuadritos escoceses. Después de reiterados intentos descubrí un objeto que apliqué al género hasta que logré despedazarlo. Así fue como usé por primera vez una tijera. Por fin había luz y la soledad había pasado a un segundo plano. La reacción de ambas cuando regresaron a casa, era una mezcla de asombro y espanto cuando justificaba mi fechoría con el argumento de que necesitaba algo de luz. Debo haber tenido un poco más de dos años. Tiempo después, cuando los muros se llenaron de cruces volvía siempre a pensar en la tijera.

Pues era la época de las elecciones presidenciales y para Allende se utilizaba esa marca que caracterizó la década del 60 hasta el quiebre en el 73. Que cifraba el “Vote por Allende”. La “X” dividía los campos de la “V” y la “A”, y la “X” indicaba la marca en el sufragio.

La misma figura realizada por Malú Gatica

Yo distinguía en este ícono popular en los muros la tijera y pensaba en la semiología de un corte. Además en ese tiempo mi padre tenía el taller de costuras de pieles en casa, en que siempre tenía esa herramienta a mano.

El primer jueves del reciente paro universitario, cuando me encontré con los colegas ante la puerta de la Universidad de Chile en toma, volví a pensar en el significado de los comunicados públicos en los muros.

En las rejas leí repetidas veces “No es No” – “Movilizadas para que no se repita”. Si se lee este enunciado del movimiento feminista, se advierte la estética de una interesante paradoja. Ya que, si reparamos en este “No” desde otro lugar, extendido a nuestra vida cotidiana se trata de un rechazo general a la seducción y con ello la resistencia al modelo mercantilizante que tiene a nuestras vidas determinada. “Se seduce a través del icono de la publicidad a la compra de un producto

por un lado, para aportar con la felicidad a una persona, pero para ello se le ofrece un crédito quitándosela por el otro”. Este mecanismo arraigado casi en todos los ámbitos, se revela a través de este tipo de rebeldía inteligente, ya que, para acabar con el problema suscitado por el acoso, no se le exige ni dinero ni algo tangible a la vigente administración del país, si no que un cambio radical de la cultura.

Para reflexionar sobre arte contemporáneo, pienso que es propicio tratar la contemporaneidad de la experiencia, para no declinar en una charla sobre la historia del arte –que igual es interesante-­‐ pero que excluye o no incluye, de cierto modo, la interacción con el espectador, que tiene importancia en todos los planteamientos estéticos y en el devenir del arte.

Por otro lado, me interesa comprender qué significa “mirar”. Pues mirar no es ver. Leonardo da Vinci menciona que sólo cuando se mira con amor, puede verse la realidad. Bueno, si traducimos esa sentencia, nos dice que sólo si intentamos comprender lo que miramos, nuestra mirada se transforma en un acto de ver, cuya profundidad puede trascender el tiempo histórico de aquello que contemplamos.

(Pensemos en Walter Benjamín, cuando en las crónicas de “Infancia en Berlín hacia el 1900”, recuerda un collar de su madre o si se contempla la herramienta en un taller).

Mirar es un acto ocular u óptico, casi mecánico; ver, sin embargo, trata de un proceso de conocimiento o epistemológico. En la fenomenología hablamos de la percepción intencional, ya que no podemos apreciar un objeto si no comprendemos lo que es. Ese objeto puede permanecer en la oscuridad del punto ciego de nuestra percepción hasta que lo logramos ver. Recuerdo la historia del joven que vivió con su madre por muchos años. Ella ya estaba delicada de salud. Un día él la observa detenidamente, casi petrificado, y a la consulta de la madre que lo contemplaba con asombro, él le responde que había descubierto los surcos que cruzaban su frente. Eso sucedió en el momento que ella estaba a punto de morir. Él no había reparado en todos esos años en ella; más bien cumplía de manera mecánica el papel de su hijo. Esa historia nos lega que a veces percibimos la realidad a punto de su desaparición.

El colectivo artístico Un Kolor Distinto, dupla compuesta por Sammy Espinoza (Jekse) y Cynthia Aguilera (Cines), recupera y embellece grandes estructuras abandonadas en el Puerto de Valparaíso. En un artículo de 2016 se comenta su obra “Equinoccio de Primavera”, como un enorme mural que representa el florecer de la vida y el ser humano, el amor, la luz y la fertilidad de nuestro planeta. (El Desconcierto / 08.02.2016).

El equinoccio que alude la equidad del día y de la noche (ahora alrededor del 21 de septiembre), es el equilibrio preciso entre luz y sombra. La obra fue pintada en un edificio de 15 pisos, de aproximadamente 50 metros de alto y 15 metros de ancho, en la calle Yungay con Morris, intersección aledaña al Mercado Cardonal. Con esta expresión artística propia de Valparaíso, se considera que el trabajo de la dupla es un hito urbano que forma parte de la cotidianeidad de habitantes y visitantes de Valparaíso.

Cuando uno se desplaza por Valparaíso advierte la hermosura enigmática de la ciudad portuaria. Sin ser estática, en ésta se reconfigura el espacio, casi como que fuera un barco. “En esta sinfonía de techos” la perspectiva se altera no solo con la luz, que se proyecta en un movimiento vertical, horizontal y sus resultantes. El ascensor transforma la ciudad en un puente levadizo. Las líneas diagonales se despliegan en el ascenso y se repliegan en el plan.

Creo que el trabajo artístico que realizan Cynthia y Sammy permite que nosotros remiremos Valparaíso, y al reparar en él a través de la extensión de sus murales podemos volver a apreciarlo como por primera vez. Los murales, cuyos soporte son los edificios, insinúan la estructura de la arquitectura urbana. Proyectan lo humano como correlato del patrimonio. Estamos ante la puesta en valor de la intangibilidad del patrimonio.

El mural se define como el patrimonio de arte público, en que todos participan al ser aludidos y nadie puede apropiárselo; es en ese sentido un arte político. Éste obliga a su mantenimiento, ya que su deterioro arbitrario será siempre sancionado, incluso si es impulsado por el propio artista.