Juan Rapacioli, periodista y escritor, es un estudioso de la obra de Bowie, ha realizado charlas, explorado su vida y obra, desde sus pensamientos, influencias, deseos, arte y más. Él escribió el texto, Por qué escuchamos a David Bowie, libro que expone un viaje por el mundo de un artista completo desde todo concepto. Este fue publicado por Gourmet Musical Ediciones.

 Para conocer más de la obra del autor, conversamos con Rapacioli.

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¿Cómo surge la idea de escribir acerca de David Bowie?

Hace años que vengo escuchando, leyendo e investigando la obra de Bowie. No solo su producción, sino sus puntos de contacto con otras disciplinas artísticas. Su modo particular de asimilar conceptos, reformular géneros, mezclar estilos, etc. Después de ofrecer varios talleres sobre sus personajes y hacer muchas notas sobre sus discos, me propuse avanzar en una escritura más ensayística, tratando de capturar los temas que definen su poética: de la fama a la alienación, pasando por la soledad y la reflexión constante sobre la muerte. La colección de Gourmet Musical me permitió eso, no solo examinar su trabajo, su impacto y su influencia, sino pensar los vínculos de ese trabajo con la literatura, el cine y la filosofía.

El libro se va desarrollando a través de diversos tópicos. ¿Por qué seleccionaste esos temas?

La propia obra de Bowie se mueve a través de tópicos. Si bien muchas veces puede resultar enigmático o ambiguo en sus conceptos, casi siempre es explícito en su procedimiento. Es decir, muestra su recorrido, la hoja de ruta de sus intereses. Del music hall de los primeros años al jazz electrónico de los últimos, pasando por el glam, el soul o el krautrock, Bowie tuvo la necesidad de ofrecer una respuesta personal a los sonidos que lo fueron interpelando a lo largo de su vida. Pero esta respuesta no vino sola, sino cargada con una serie de obsesiones estéticas y filosóficas que le aportan el efecto de la unicidad. Por eso, cuando escuchamos a Bowie, escuchamos su universo de referencias y, a la vez, algo que parece estar naciendo en ese momento: una voz propia dentro de un collage.

¿En qué consistió el trabajo de investigación y redacción?

En principio, de lectura y escucha y, sobre todo, de relectura y reescucha. Bowie es un artista de la tensión, en el sentido de que pone en movimiento una serie de cuestiones que se pueden presentar como contradictorias pero que, en su obra, encuentran una síntesis. Por ejemplo: la pulsión por estar en centro de la escena y la búsqueda creativa en los márgenes de la cultura; la urgencia de la finitud humana y la potencia de ser extraordinario; la tragedia terrenal y la imaginación cósmica. Esta tendencia a la combinación se nutre de muchas lecturas que fueron claves al momento de la investigación: la filosofía de Nietzsche, el teatro kabuki, la literatura de Burroughs, el expresionismo alemán, la vanguardia neoyorquina de los 70, el soul de Filadelfia, el retrofuturismo berlinés y muchas otras cosas.

Al momento de investigar. ¿Qué fue lo que más te sorprendió dentro de su historia?

Me gusta la idea de historia para pensar la vida de Bowie, porque se trata de alguien que, de alguna manera, escribió su propio recorrido. Digamos que construyó su mitología. En ese sentido, hay muchos hitos, acontecimientos y sorpresas que definen su biografía (el Bowie mod, el Bowie mimo, el viaje espacial como temática, Ziggy, etc). Por eso, no quería quedarme con su historia oficial sino pensar el camino de David Jones, ese joven ambicioso, inquieto, confundido, obsesivo y deslumbrado por extrañas fascinaciones que salió de Brixton dispuesto a inventar un futuro. Me cautiva, particularmente, su relación con el fracaso. Su capacidad para aprender de los errores y siempre salir reinventado.

 ¿Qué fue lo que marcó un antes y un después en la trayectoria del músico?

Hay muchos antes y después en la carrera de Bowie, porque hay muchas vidas y muertes en su obra. Si bien creo que su personaje inicial es Bowie (la primera máscara que encuentra Jones), podríamos pensar en Major Tom como la identidad que condensa el imaginario espacial definitorio de su producción. También podemos pensar en su viaje a Berlín como un salto compositivo. Una nueva aproximación al lenguaje musical. Pero me parece que el impacto radical se dio con la aparición de Ziggy Stardust, ese mesías rockstar que cobró vida propia y no solo revolucionó la carrera de Bowie, sino la historia del rock.

¿Qué rol cumple la literatura dentro del mundo de Bowie?

Uno central. De la literatura beat que le pasaba su hermano a los textos de Yukio Mishima, pasando por los relatos formativos de ciencia ficción, los cuentos de Lovecraft y su modo de interpretar a William Burroughs, Anthony Burgess y George Orwell, la literatura es sustancial para entender su poética. Ecléctico y curioso, sus lecturas conectan a Elliot, Nabokov y Camus con Greil Marcus, Colin Wilson, Don DeLillo y Fran Lebowitz. Pero, más importante, la obra de Bowie no solo se alimenta de la literatura, sino que es una forma de literatura. Estamos hablando del hombre que para su segundo disco escribió Cygnet Committee.

Desde tu perspectiva. ¿Cuál es el legado que entregó el músico?

Creo que son muchos legados o uno con diversos puntos de fuga: la noción performática en la construcción de un yo artístico; el artificio como procedimiento conceptual; el uso de máscaras no solo para generar un efecto teatral, sino para cuestionar lo que se entiende por identidad. Hay un legado estético, uno musical, uno intelectual, etc. Pero creo que su aporte definitivo tiene que ver con su poética de coleccionista: desarmar la idea de originalidad, saber tomar lo necesario para ofrecer una respuesta y, sobre todo, animarse a tomar riesgos al momento de la creación. No afirmarse en una imagen cristalizada. Transitar ideas, temas y obsesiones persiguiendo siempre una nueva fascinación.

Muchos escritores tienen bandas sonoras al momento de escribir. ¿Tiene alguna este libro? ¿Por qué?

Además de Bowie, el material de trabajo elemental, el libro no hubiese sido posible sin Brian Eno, no solo por la unión artística de los dos amigos que dio resultados como el tríptico de Berlín, sino por el universo inabarcable de Eno. Su modo de abordar el lenguaje musical, su trabajo con el ambiente, su investigación sonora, material y espacial es una forma de meditación que, entre otras cosas, me resultó ideal para leer, escribir y corregir.

Escuchar a Bowie. ¿Qué te produce?

La posibilidad de habitar un lugar diferente, desconocido, no inventado.

¿Qué proyectos tienes?

En términos de crítica musical, me gustaría escribir sobre Brian Eno, Kate Bush y el glam como forma de escapismo mágico. También me interesa mucho la relación del jazz con el hip hop. Y siempre quiero escribir sobre Dylan, claro. También sobre Charly García. Además, hace tiempo trabajo en una novela que no deja de cambiar de forma. Veremos. Ya lo dijo David: “No hay viaje, estamos llegando y partiendo al mismo tiempo”.