Juanse: “El rock & roll es el género que influenció a todos los estilos”

El cantante y compositor cuenta cuál fue el momento en el que sintió que se había “recibido” de músico

Aunque el reloj le marca que en breve arranca La nave del rock, el programa que hace los miércoles de 21 a 23 en Radio Nacional, se explaya como si el tiempo no importara. Y tal vez a esta altura realmente no importe, y prefiera ir más despacio.

Juan Sebastián Gutiérrez, más conocido como “Juanse”, nació en Buenos Aires el 3 de junio de 1962. Cantautor argentino, líder de Los Ratones Paranoicos desde que la banda se formó, en 1984, hasta su final, en 2011, es una de las personalidades más influyentes y representativas del rock nacional. Tanto, que ha sido uno de los elegidos por Radio Nacional y su FM Nacional Rock para participar, junto a otros grandes referentes del género, de un disco de homenaje a los 50 años del rock argentino.

Recorrer su repertorio es toparse con Pappo, Charly García, Andrés Calamaro, Mick Taylor, Andrew Loog Oldham, Luis Alberto Spinetta, y la lista sigue. Se asegura que la guitarra esté afinada, sonríe, asiente. Y se dispone de la mejor manera para participar del homenaje que el Ministerio de Cultura de la Nación rinde al rock argentino en sus primeros 50 años de vida.

-¿Cómo fue tu primer contacto con la música?

-Nací en un ámbito muy reducido y escuché música antes de nacer. Mi papá, compositor; mi mamá, socióloga y marchand de arte. La música es absolutamente inherente a todos los orígenes.

-Más de una vez contaste que a los diez años ya sabías que querías dedicarte a la música y que, de tener una banda, se llamaría “Ratones paranoicos”. ¿Cómo surgió el nombre?

-Son manifestaciones que emergen. En el contexto de esa época era muy habitual que pudieran ocurrir esas cosas. Los chicos estaban mucho más preparados para descubrir que para ensayar. A los cuatro años, ya hacía playbacks de los Beatles. Lo hacía solo, no tenía guitarra, no tenía nada. Recuerdo un blazer que usaba; me lo ponía y con eso creía que estaba haciendo la canción. Siempre hubo un contacto directo con la necesidad de escuchar y hacer música.

-¿Te acordas cuál fue la primera canción que tarareaste?

-Lo primero que aprendí a cantar fue a (Luis Alberto) Spinetta; eso sí lo tengo bien presente. Las primeras letras completas que aprendí fueron suyas. También escuchaba mucho a Pappo, Manal, Vox Dei, Litto (Nebbia)… Recuerdo que a los cinco años compré La Balsa; sería el año ’67 o ’69. En inglés mucho lo aprendí a cantar de oreja, hacía speakfónica. No sé si la que yo cantaba era la verdadera letra. Más tarde, cuando comencé a estudiar y a entender un poco el idioma, empecé a seguir a Frank Zappa.

-A los cuatro años el juego pasaba por hacer playbacks de los Beatles, ¿cómo se fue transformando tu relación con la música a lo largo del tiempo?

-Creo que el sistema de funcionamiento interior no es lúdico. Tal vez lo sea desde el análisis, pero no desde la experiencia, al menos no en mi caso. Siempre fue algo serio. De chico, ir a ver Invisible me entusiasmaba muchísimo; estaba una semana sin dormir antes del show. Hay momentos en los que uno se alegra, porque la música es alegría, pero siempre me distancié bastante del hecho de querer agradar. Nunca tuve como objetivo agradar.

-Pero sucedió.

-Bueno, eso lo tendrá Dios para definir, no yo. Siempre el objetivo fue hacer música, y esto lo aprendí de Luis Alberto, que era un experto poeta en eso. Así como era muy sutil, delicado y espiritual, también tenía ese aspecto que yo tomé de él que es el hecho de poder usar las palabras como si fueran elementos de estética real. Lo que me sigue sorprendiendo es eso, que lo empecé a escuchar a los 5 o 6 años y terminé despertándome una mañana en la que él estaba estrenando una canción nuestra como parte de su repertorio. Eso es lo que uno quiere cuando va a estudiar, o a la universidad supongo, recibirse. Cuando Luisito grabó “Sucia estrella” dije: “me recibí. Ya está”.

-Además de Spinetta, ¿cuáles han sido tus grandes referentes en el mundo del rock?

-Tengo una gran admiración por Fito (Páez), Andrés (Calamaro), Pappo, que fue uno de mis mejores amigos, por Vox Dei, Peteco Carabajal, que es un gran rockero, a pesar de que ha inclinado su balanza hacia el folklore. Y por muchos otros.

-Pienso en Ceremonia, en el que diversas bandas hacen temas de Los Ratones Paranoicos, y en Pappo por Juanse. Le rendiste homenaje a algunos grandes y a su vez algunos grandes te rindieron homenaje a vos, ¿qué lugar crees que ocupás en la escena del rock nacional?

-Nunca me propuse ocupar ningún lugar. Esto se parece bastante a un club de fútbol. Haciendo analogía pura, creo que yo, como institución, nunca jugué en Primera B. Ahora… estuve primero, segundo, tercero, decimoquinto, a punto de descender… Tuve la suerte de trabajar y estar en contacto con músicos excepcionales.

-¿Por ejemplo?

-Con Nito Mestre, David Lebón, Alejandro Lerner, Raúl Porchetto, un músico amigo hermano; y la felicidad de haber actuado con Palito Ortega, que es uno de los músicos populares más grandes que tenemos en Argentina. Ser amigo de Palito, esa persona que uno veía cuando era chiquito y decía “este tipo es de otro planeta”. No solamente por lo que hace sino por la vida que le cayó. Uno va ampliando el universo. Trabajé con Miranda!, Leo García, también con Mick Taylor, Keith Richards, Ronnie Wood, Al Kooper, y compartí momentos muy buenos con Pedro Aznar, Gustavo Cerati y Richard Coleman. Tengo mucha amplitud en lo musical; nunca tuve ningún prejuicio. La historia va más allá de los nombres. Creo que el rock and roll es el género que ha influenciado a todos los estilos.

-¿De qué manera?

-Todos han tomado algo, ya sea su imagen, su sonido, su estética, su forma de presentarse, su forma de difundir. El armado de lo que es un espectáculo de rock and roll lo han copiado la cumbia, el folclore y la música clásica. El rock ha terminado influenciando todo, el cine, el teatro y más. Antes los actores se vestían como (Federico) Luppi en los ’70: camisa, corbata, el pelo con laca. Hoy, si uno se guía por cómo se visten, no sabés si el tipo es músico o actor.

-¿Con qué sentimiento identificas el rock?

-El rock es mi oficio, mi trabajo. Y en base a una experiencia espiritual que vivo desde hace mucho tiempo -bueno, en relación a mis 54 años, seis años de conversión no son nada, pero cada uno la vive como si un segundo fueran mil años-, lo vivo como un hecho que puede ser volcado hacia algo positivo, hacia algo que genere un alerta. Hay un montón de elementos de consumo que nos están distrayendo de lo que realmente está pasando. Va a haber un cambio muy importante, muy traumático. Siempre que hay un cambio traumático después viene un proceso de paz, de dinámica de convivencia.

-¿Te referís a un cambio interno?

-No, en todo sentido. Los cambios internos se manifiestan porque el hombre percibe que algo va a ocurrir. Esta gran división que hay entre “buenos y malos” no es casual. Con los miles de años que tenemos de civilización está pasando algo que ya ocurrió hace más de cinco mil. Entonces hay que prestarle atención. Estamos como anestesiados, buscamos el mini culturismo, que no está mal, pero hoy el avecindamiento de lo que está pasando se come todo. Está bueno contar esto, porque es una ventaja que le ofreces a la persona que por ahí se agachó a buscar una moneda y lo escuchó.

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