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UNA NOCHE CÁLIDA EN TALCA Concierto en Mexpo
Por Bárbara Mendoza
¿Alguien ha visto o sentido aquellas noches cálidas en dónde miras al cielo y se funde tu alma con el universo? ¿Alguien alguna vez ha sentido que el ritmo del corazón se funde con un compás de estrellas? No hace falta mucho para sentirlo, sólo se necesitan los cinco sentidos abiertos al cielo, algo de magia, un poco de luz astral y dejarse embriagar.
Los Jaivas tienen esa esencia conectada con el universo, ese sonido particular que nace desde la tierra que pisamos y que vuela libre como un cóndor hasta la primera estrella de color. Llevarnos a los oyentes en ese vuelo podría parecer costoso, imposible, pero la música a veces posee un poder especial y único que corre por parte de la sangre de quienes la crean, interpretan y comparten.
El concierto ofrecido por el grupo el viernes 25 de noviembre, bajo el alero de
Sorprendió, además, el muy buen trabajo audiovisual mostrado en la pantalla gigante, en donde se mezclaron imágenes del pasado con las del presente, la fuerza y la sutileza, el color y la oscuridad y ver a Ankatu y su padre, el “Gato”, tocando juntos un fragmento fue simplemente maravilloso, emocionante. Este año se cumplían tres décadas desde que se editó Alturas de Machu Picchu y coincidentemente, 60 años desde que Pablo Neruda publicó su Canto General y la gira emprendida en abril se desarrolló bajo ese concepto. El uso de imágenes que aunque pocas, a diferencia de lo que se podría esperar, iba en función de aquella celebración, además de conjugar el pasado, el presente y la esencia de Los Jaivas.
El repertorio fue un abanico abierto más que limitado a la celebración, pasando por los grandes éxitos de siempre con algunos arreglos nuevos e interesantes y por temas menos conocidos de su repertorio. El público comenzó un poco tibio, pero los clásicos potentes como Sube a nacer conmigo hermano, parte del sonido popular, o La conquistada, hicieron romper la poca distancia que a esas alturas podría haber quedado. Francamente, el tiempo se hizo muy corto, habíamos muchos ahí dispuestos a quedarnos toda la noche escuchando canción tras canción.
Musicalmente hablando, la solidez que muestran no hace más que encender las ganas de querer seguir oyendo cada uno de sus discos, pero en vivo; Mario y Claudio son el soporte del grupo, los pilares, en donde el resto de los integrantes más jóvenes se han ido desarrollado de acuerdo a los colores del grupo, desarrollando cada uno su virtuosismo. Carlos Cabezas, el vocalista junto a Mario, con el transcurso de los años ha ido ganando en fuerza y calidad, hay pasajes incluso en que recuerda al Gato Alquinta, hay colores en su voz que se asemejan bastante. Ankatu suele mantenerse en un segundo plano, pero cuando pasa al primero, simplemente estalla la guitarra y desata la algarabía femenina y además, día a día, se parece muchísimo más a su padre. Juanita, como una vez lo dije, ídolo total, claro que esta vez nadie le pidió matrimonio a viva voz, pero su calidad como baterista también ha crecido con el tiempo, brindando además un espectáculo por si mismo, no es cosa de todos los días ver a una mujer tocando así de bien la batería. Francisco Bosco, un excelente músico y un mejor comunicador, a veces llega a hacer el papel de “animador” del grupo, invita a bailar, a aplaudir, a moverse y a compartir el momento. Mario, un bajista que de su plano más bien secundario durante los shows en la antigua formación, ha pasado a tomar el papel de un líder, que habla con el público, que bromea, que rompe el hielo; y Claudio, un pianista que no necesita mucho de hablar, sólo oírlo y ver sus manos paseándose suaves por las teclas es un verdadero placer.
Sin duda, lo mejor de la noche y me atrevería a decir, con propiedad, de toda la serie de conciertos que se presentaron en Mexpo 2011. Una prueba más que la buena música, como la energía, no muere, sólo se transforma. |
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