MÚSICOS DE TODOS LOS TIEMPOS 
Por Georgina Lillo Tobar
Cuando aún no se apagan las celebraciones de la fiesta Rancagüina, y el rock se hace presente en su propio evento, en un conocido local de la ciudad, se reúne un singular grupo de amigos y compañeros de una vida. Ellos son los músicos de todos los tiempos, que otrora dieron vida a la noche rancagüina con sus inolvidables orquestas Jazz Sensación, Sonora Casino, Sonora Panamericana, y también como solistas.
Revista de Los Jaivas compartió una amena tarde con Cirilo Hernández, Jorge López, Samuel Campos, René Ibarra, Octavio Fuentes y la querida y recordada Lucy Rey.
Poco acostumbrados a las entrevistas, en los primeros momentos se mostraron un poco tímidos, y la única dama del grupo sacó la voz por sus compañeros para dar inicio a la tertulia.
RDLJ: ¿Cuál fue la motivación de cada uno de ustedes para seguir el camino de la música?
Yo me dediqué por casualidad – narra Lucy – acompañé a mi hermana a una audición a la radio, era ella la cantante, cuando estaba ensayando, se le olvidaba la letra de su canción. Para apoyarla yo cantaba con ella; luego, cuando fue la hora de la audición, la gente de la radio me hizo pasar a mí. “Yo vengo a acompañar – les dije – es ella la que va a cantar”. “Si, pero es usted la que se sabe la canción”, le respondieron. Creo que nací con esas ganas de cantar, pero así fue como lo supe. Con el tiempo me hice profesional. Ese día empecé, y me gustó mucho.
En mi caso, mi padre fue un gran músico – nos cuenta Cirilo Hernández – ojala yo hubiese llegado a la punta de la nariz de él. La inquietud uno la lleva por dentro, y lo haga como lo haga, la música se quiere.
En mi caso – nos cuenta Octavio Fuentes – éramos 9 hermanos, mi padre tocaba muy lindo la guitarra, pero nadie lo vio tocar nunca. Lo escuchábamos cuando se encerraba en la pieza a tocar, y yo, cabro chico intruso, lo miraba por la cerradura, hasta que hice un hoyo en la muralla para poder verlo mejor, sin que supiera él, por supuesto.
Esa inquietud fue tan grande para mí de escucharlo, y poder verlo, que pensé para mí “yo tengo que aprender”. Con una guitarra que salió, no sé de dónde, empecé a marcar las primeras notas. Por esa época hubo una fiesta en la casa donde llegó Juanito Bravo con su conjunto, y yo empecé a puntetear, a mirar lo que hacían. Andaba también otro músico de apellido Arias que me dijo “yo te voy a enseñar cabrito, necesito un guitarrista para ir a tocar a la radio”. Claro, yo todavía no aprendía ni a tocar y ya me quería llevar a la radio. Menos mal que aprendí rápido, ¡y fuimos a la radio!
(Risas generales)
Aquí viene lo curioso, le fui a contar a mi padre, quien no sabía que estaba tocando, y le dije que había aprendido, y fui a darle una demostración. Su respuesta fue un poco extraña: “Me alegro y me entristezco. ¿¿¿…??? Me alegro porque es un arte muy bonita, y me entristezco, porque los músicos tienen muy mal nombre. Vas a saber de licores, cigarro, mujeres….” Mi papá me pronosticó un futuro re’ malo, incluso me dijo que iba a dejar botados los estudios. Yo no lo quería creer.
No había pasado ni un mes, y mi amigo Arias me dijo “Cabrito, tenemos un come y traga (así se llamaban los carretes antes). Allá va a haber mujeres, licores, cigarros………..” y todo lo que me había dicho mi papá.
No me quedó otra que decirle que no me iban a dar permiso, en esa época yo tenía como 12 años, pero las palabras de mi padre fueron sabias, y muy importantes, hasta el día de hoy.
Por su parte, Samuel Campos nos cuenta que tenía un hermano mayor, a quien su padre prestaba la guitarra, a él no. “Mi hermano no tocaba nada, fue mi mamá quien habló con mi hermano para que sacara la guitarra y me la prestara. Por entonces yo tenía como seis o siete años. Cuando tenía como diez años, para un cumpleaños de mi papá, en que hizo una fiesta, yo había ensayado con mis hermanas, y tocamos y cantamos frente a los invitados. Lo vi agachar la cabeza… nunca lo había visto llorar….
Ya de grande, empecé a cantar en algunas orquestas locales, hasta que se formó
RDLJ ¿Cuáles son los estilos de música que interpretan?
Bueno, en aquellos tiempos se tocaba de todo – nos cuenta Octavio Fuentes – en general era tropical, la tendencia era música bailable, para amenizar las fiestas.
También habían orquestas típicas – interviene Lucy Rey, refiriéndose al ritmo del tango – Típicas, folclóricas, corridos, jazz, paso doble, cueca, boleros, etc.. En los rodeos, generalmente se hacía así, primero folklore, tropical, y todo lo que ya sabemos. Y todo lo interpretaban los mismos músicos. Casi siempre éramos 7 u 8, y de ese grupo, quedaban 3 ó 4 representando una orquesta típica, mientras que el resto descansaba.
Ahora los conjuntos en Santiago tocan cada uno en su estilo – asevera Octavio Fuentes – unos tocan jazz, otros tocan música tropical, otros, sólo tango, ya no es como antes.
RDLJ ¿Cómo eran las fiestas en los años 60 y 70?
¡Muy alegres y formales! - coinciden todos.
Más que fiestas, eran bailes familiares - asevera Don Octavio Fuentes - empezaban temprano, y se podía ir con la señora, los niños, incluso con los mayores, y era todo sano y alegre.
Yo recuerdo que para bailar con una niña había que pedirle permiso al papá – recuerda Don Jorge López – era él quien decidía… y si uno no le gustaba a él… bueno… no, nomás… ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja……
Por entonces había mucha música en vivo, todos los negocios traían orquestas – interviene René Ibarra – ahora han cambiado las cosas. Entonces se formaba mucho músico, y la alegría y las bromas eran de todos los días. El que terminaba primero se iba a otro local a ver si le quitaba la pega al otro – recuerda entre carcajadas.
RDLJ ¿Hay muchos músicos que ya no están entre nosotros, ¿recuerdan alguna anécdota con ellos que haya permanecido en el tiempo?
En ese tiempo estaban “El Chago Mena”, “El guatón Quintana”, “El guatón González”, “El Puntete”, Humberto Prieto, “El chino Farías”, Pepe Marchant y “El chico Lillo” con ellos – recuerda Octavio Fuentes- Hubo momentos lindos, divertidos, harto sacrificados también.
(Risas en general, parece que son muchas)…
Jorge López nos dice “Yo recuerdo a nuestro amigo Alfonso “chico” Lillo. El era muy reservado, nunca opinaba, nunca se entrometía en nada, pero era muy exigente. Le gustaba que todo saliera perfecto”.
Cirilo Hernández recuerda una anécdota muy personal: “Fuimos a tocar a una fiesta de Camioneros en el verano del 69, andaban Fernando Villablanca, Alfonso Lillo, Antonio Vidal, y yo iba cantando. Resulta que esa noche Fernando empieza, de repente a tocar el “cumpleaños feliz”, y era Don Alfonso Lillo que estaba de cumpleaños. Lo que me llamó la atención a mí, como joven, en ese entonces yo debo haber tenido 19 ó 20 años, pensé en ese momento, “está cumpliendo Don Alfonso 50 años… ¡que haaaaaaaaaaaaaaaaaaarto! Cómo puede la gente tener 50 años……………….
Y sin embargo, aquí estamos, uno los pasa de más. Ese momento me marcó mucho, nunca lo he olvidado. Fue bonito, todo el mundo cantándole el cumpleaños feliz, hasta el público, y lo vi un poquito emocionado.”
Yo recuerdo de Don Alfonso, cuando él tocaba de todo en el saxofón, hasta tangos, con un instrumento de viento que, se supone que es sólo para música tropical, y tenía una habilidad que nunca he visto en otro músico, hacía reír el saxofón de manera contagiosa. Era un hombre muy reservado – recuerda- a él le gustaban las cosas más pa’ dentro, como se dice”.
En este momento, la conversación se puso un poco nostálgica. Todos los entrevistados coincidieron en que Alfonso Lillo era un hombre correcto y exigente, pero con mucho corazón. Muy buen fumador y un aún mejor saxofonista. Generoso con el conocimiento y detallista a la hora de rendir.
Esta corresponsal también lo recuerda en otro rol: el de padre.
Cuando pedimos a nuestros amigos algún mensaje a las nuevas generaciones de músicos de Rancagua, todos ellos resaltan la necesidad de que el gremio se una, como antes, que se acerquen al Sindicato de Músicos, y se sientan parte de esta familia. Rancagua ha dado varias generaciones de músicos de excelencia, donde algunos nombres se heredan de padres a hijos, de abuelos a nietos.
Pero también, muchos están solos, quizás, un poco abandonados, con una clara falta de reconocimiento y apoyo, sobre todo, cuando los años y las enfermedades acechan sin piedad.
¡Acérquense!, – dicen todos – no dejen que el gremio desaparezca, ¡de ustedes depende ahora!


