El “Gringui Herrera”, huella de un compositor

 

El “Gringui Herrera”, huella de un compositor

Por Daniel Contreras y Gabriel Sacco, desde Buenos Aires para Revista de Los Jaivas

“Carolina” es la banda en la que comencé a tocar a los quince años, eso comenzó en Floresta. Cuando se separó la banda, me fui de viaje con uno de los músicos. Me lo costeó mi vieja, pero, en España, toqué en el metro, en la calle, en boliches, quería ser músico y lo ejercité allá.

El sueño comenzó mucho antes, a los ocho años. A mi hermano, le gustaba la guitarra. Luego en la escuela, alguien me lo propuso y comencé a ir a un taller de guitarra. Zambas, chacareras, eran temas que aprendía, eran canciones completas. Eso era buenísimo. No era tocar una parte, había que empezar y terminar un tema. Comenzamos veinte, después quedamos cinco, y terminamos solo tres.

Cuando comencé a escuchar a los Beatles ya tenía doce años. Era el año 75 cuando empecé la secundaria, época en que se escuchaba Sui Generis. En ese tiempo terminé sumándome al grupo “Carolina”.

Las ganas de querer ser músico, me llevó a España. Era muy pendejo. Hice de todo, había que comer, el invierno es duro y lejos de tu casa es más duro. Volví en el 80. Yo había dejado la secundaria en tercer año, que había cursado con Andrés Calamaro. Como lo conocía de ese tiempo y yo volví con una idea más firme de cómo hacer una canción, me contacté con Andrés y juntos comenzamos a armar canciones, en realidad aprendíamos juntos.  Él tenía un grabadorcito chico, y escuchaba mucho Sui Generis. Juntos hicimos varias canciones, algunas fueron al primer disco de los “Abuelos de la nada”. Ahí hay temas que marcaron tiempo: “Tristeza de la ciudad”, “Costumbres Argentinas” y varios hits más. Con estos temas, me abrí camino como compositor.

A pesar de estar sonando fuerte, fue una época dura: nos cagamos de hambre. Hoy día aún es difícil. No es un lecho de rosas hacer música. Es maravilloso que algunos podamos expresarlo con un instrumento, pero vivir de esto es difícil.

Desde los 20 años que estoy de gira. A veces, llevo a mi hijo; él me acompaña y también está haciendo música. Así es mi vida. Si no arriesgas, nunca lo vas a saber.

Toco guitarra, bajo, batería, pero mi instrumento es la guitarra.

Nos regaló el disco de un trio con Tito Losavio en guitarra, Federico Gil Sola en batería, y él en el bajo. Hemos tocado mucho con ellos. No tenemos compañía que nos grabe. Todo es a esfuerzo nuestro. Uno de los lugares donde solemos tocar es en “Mr Jones Blues Pub”, en Ramos Mejía.

Sobre cómo se trabaja en la creación de un tema, hay diferentes formas, si uno trabaja solo o si compone con otro. Con Andrés, hacíamos los temas en batería y bajo, y  luego él metía piano y yo guitarra. Así grabábamos con él. En algún momento, Andrés lleva estos temas a los Abuelos [de la Nada]. Mi participación en los Abuelos fue siempre de estar acompañando y llegué a grabar en el disco en vivo de los Abuelos, reemplacé a Bazterrica que no podía tocar y fui yo. Era un poco incómodo, pero fue necesario. Siempre tuve facilidad para aprender las canciones, entonces me llamaban de un día para otro para grabar o tocar en algún lugar.

Después de los Abuelos, grabé singles, hice de todo un poco. Cuando hacía otras cosas, extrañaba mucho la música. He dado clases. Entre todo lo que hice prefería ganarme la vida haciendo música, no importaba con quién. Hasta he tocado con “Los Plateros” antes de los Abuelos. Con Andrés, hicimos eso.

No soy líder en las bandas, pero tengo mis ideas, empujo. Solo toco el bajo con el trío, soy bajista de mentira. El trío es una banda típica de rock, temas de Tito Losavio, onda “Power trío”, bien roquero y difícil. Pero no es una banda que tenga continuidad, se ve interrumpida por los viajes de cada uno. No ganamos un mango con el trío, pero hago lo que me gusta.

Ahora trabajo con Lerner. Hace 14 años que soy su guitarrista y ese es mi trabajo. Es buenísimo trabajar con Alejandro: no te deja clavado. Es muy respetuoso de mi trabajo.

Mi vida es hacer música, yo estoy creando siempre, pero una buena canción sale a veces. Yo puedo hacer 40 temas y son buenas canciones sin dudas, pero esa que me hace sentir bien, esas salen a veces. Componer depende de con quién lo haces, hay gente que te aporta o a la que le aportas mucho.

Lerner ha hecho temas muy buenos con otros y ha hecho muy buenos solo. Todo depende del momento.

Hay músicos a los que no les gusta compartir, y no siempre solos componen bien. Yo he creado solo buenas cosas y no tan buenas. Lo mismo pasó al crear con otros. A mí, me parece que está bueno crear con otro, las ideas se suman entre dos. Creo que rinde más. Con Andrés, nos fue bien, era muy lindo trabajar juntos. Con Lerner nunca compuse, no sé cómo será componer con Alejandro.

Es apasionante componer. De chico, me iba muy bien con las composiciones; ya era creativo. No hay en las escuelas buenos “profes” de música.

Músicos referentes: Pappo, Johnny Winter.

Un tema, el The Doobie Brothers, “Listen to the Music”.

Una banda: Revolver me gusta mucho , Deep Purple, AC/DC.

Tengo un proyecto con Miguel Zabaleta “Broken heart”, hacemos cover de Beatles y Carpenters. Es un grupo de voces, acústico; es algo muy especial. Este es un proyecto de este año. Aparte, el Trío y Lerner. También participo invitado en grabaciones. Esa es una tarea que me apasiona. Yo soy de meterme en las grabaciones medio rápido; me invitan y me meto. Rindo bien. Tenes que estar a gusto con el que te invita, y ahí surgen los sonidos, mejoramos las tomas. Es muy placentero el tiempo de grabar. Todo se pilotea. A todo se le pone un poco de rock.

Alejandro me deja poner mucho de mí cuando toco con él. Eso es muy bueno.

En los 90, he tocado con Fito; hice unas giras con él, aprendí mucho. Con él tocamos con una infraestructura impresionante. Aprendí a tocar en una estructura diferente. Fue una linda experiencia. Con Fito, toqué con músicos impresionantes. Creo que valió lo que yo hago también.

Mi comienzo fue con “Carolina”, en la época que aparecían “Memphis” y “Redondos”. Conocí y admiré mucho a Pappo. En la época de Riff, no me caía bien pero cuando lo conocí llegué a admirarlo. Nos respetábamos como músicos. Tocando con Andrés, teniendo en cuenta que ellos eran amigos, compartimos grabaciones y muchos momentos. Grabamos “Fiesta cervezal” en una versión que a Pappo le gustó mucho. No éramos amigos, éramos colegas.

No aguanto a los que se la dan  de estrellita. Soy músico, no puedo dar importancia a eso. Soy sociable dentro de mi locura.

Mi nombre “Gringui” es un apodo familiar, mi viejo se llamaba Augusto Eifidio. Como el murió antes antes de que yo naciera me pusieron el mismo nombre. Él era el Gringo; yo pase a ser el Gruinguito, que luego derivó en Gringui.