Carla Demark, Siete Mil Aleteos

 Nota de Guillermo Contreras y Gabriel Sacco para la Revista de Los Jaivas

“En estos tiempos, conectarse primero con lo que se siente ya es mucho, y resulta incómodo, y desde ahí intentar a duras penas que otro se conecte con algo de eso a través de un poema, es desmesuradamente loco, pero creo vale la pena”. Carla Demark.

El libro “Siete mil Aleteos” de Carla se presenta en Abril del 2016 en Buenos Aires, la Revista de Los Jaivas intenta con esta nota abrir las puertas al corazón de la poeta, que es el corazón mismo del libro. Gracias Carla por tu tiempo y que siga valiendo la pena.

¿Que tenés que decirnos sobre “La palabra”?

La mayoría de lo que intenté decir está en los poemas que escribí en la última parte del libro que tiene que ver con lo que me pasa con la palabra. En principio me parece que la palabra, elemento esencialmente humano, nos puede conducir a lugares tormentosos y a la vez es la única, creo yo, que nos puede rescatar de ellos. Esto dicho desde un lado psicoanalítico, pero también visto desde un lado creativo, la palabra puede encarnarse en cualquier tipo de arte. En mi caso es la materia prima, pero también en la pintura, en la música la palabra se traduce a ese lenguaje artístico. La expresión a través de las palabras reales, concretas, metafóricas, pueden acercar primero una verdad sobre nosotros mismos, o algo parecido a la verdad y después sacarnos de muchas tormentas. También creo que las palabras son siempre escasas, que dicen muy poco de lo que en realidad quisiéramos expresar. Se me ocurre, por ejemplo, cuando se habla de la muerte de un hijo, que no hay palabras para eso, yo creo que no hay palabras para casi nada. Las palabras son como bastones de los que nos servimos para darle como una contención a lo que sentimos o pensamos.

 La palabra dentro de la poesía, ¿cuál es su importancia?

La palabra es todo en la poesía, si bien en ella también vibra la música, creo que una poesía sin contenido, que no deje al lector con algo agregado en el sentido, no es la poesía que me gustaría encarnar. Creo que eso es posible a través de la palabra justa, que se busca duramente para decir más o menos lo que uno quiere decir. En la poesía también intentamos acercarnos a aquello que nunca se podrá decir del todo, es una limitación que, por lo menos yo pienso, tenemos los humanos. Yo en uno de los poemas lo digo: aunque invente una palabra tampoco podría darle el significado que deseo darle. La poesía permite enmarcar en palabras algo de lo podemos sentir y pensar, y creo que es lo que la hace tan maravillosa cuando se encuentra la palabra correcta.

¿Qué es un lector para el poeta?

Mirá, para un poeta o para cualquier tipo de escritor, el lector es siempre el horizonte al que se dirige. Me gusta pensarlo así porque cuando alguien dice “yo escribo para mí, porque me hace bien”, nadie duda de eso, pero el punto es que si escribiéramos para nosotros mismos y nada más, ¿qué sentido tendría dejarlo escrito en un papel?, ¿qué sentido tendría buscar palabras que se comprendan? Entonces siempre está el otro en el horizonte al cual nos dirigimos. Se puede estar escribiendo a solas, a través de pensamientos por ejemplo. Pero si uno lo plasma en un papel, siempre habrá alguien que lo va recibir, y es a ese alguien a quien nos dirigimos de manera consciente o inconsciente. Escribir para uno es, siempre, escribir para otro también.

 ¿Al plasmar una poesía hay alguna idea del lector?

Yo siempre digo que me gusta escribir con el lenguaje de la calle, sin quitar que a veces me vaya un poco de eso, porque cada uno está hecho de sus historias, de sus experiencias, de sus lecturas. No me gusta una poesía dirigida a un tipo muy intelectual, con palabras que requieran  buscar en un diccionario para entender, o recurrir a metáforas tan abstractas que no sean capaces de generar ningún sentimiento. Prefiero una poesía más concreta, que pueda generar sentires. Si alguna de las palabras que escribo en un poema deja algún sentimiento en alguien, entonces habré hecho algo bien, si no, tendré que seguir trabajando. Yo pienso en un lector que pueda sentir algo al leerme.

Dos extremos, la poesía para pocos, o la poesía para todos, ¿vos como ves la poesía?

Ni una ni la otra, tampoco creo que haya poetas para todo el mundo, con tampoco creo que haya películas para todo el mundo, o libros. Me parece que lo que escribimos nunca va a gustar a todos, yo me conformo con que a dos o tres les guste, eso ya es mucho. Porque la poesía tiene que ver con un espacio muy íntimo que se desplaza hacia otros, y requiere, para esto, de una empatía muy grande. En ese sentido no todos los temas nos tocan a todos de la misma manera, no todos los estilos. Es cierto que si una persona no puede entender cierto tipo de tropos, de figuras literarias porque no está ejercitado en la poesía probablemente no le guste leer poesía. Pero también creo que si un poeta logra seducir a alguien que nunca leyó poesía, empieza a desdibujarse esa frontera, de quién lee y de quién no lee poesía. Me sorprende enterarme de gente que lee y gusta de la poesía en este siglo. A veces se trata de personas sencillas, que quizá no tiene ningún tipo de estudios, a quien la poesía las conecta desde un lugar más íntimo, más del sentimiento, de sacar a flor de piel algunas cuestiones. Creo que está bueno pensar que la poesía no es sólo para intelectualoides. Me refiero a que no tiene ningún sentido escribir sin sentido y a veces en este juego intelectual de la búsqueda de la originalidad, tan común hoy, se pierde el sentido. Entonces la originalidad a veces aplasta esta conquista del lector. Creo que los poetas tenemos que ser más humanos y menos intelectualoides.

 ¿Cuándo te asumiste como poeta?

En realidad no creo que seamos una sola cosa, pero de tanto escribir poesía voy sospechando que algo de la identidad se juega allí, una de las tantas identidades que puedo sentir. Escribo cuentos, narrativa, lo que pasa es que ahí tampoco puedo evitar la mirada poética. Hay algo que los que escribimos poesía sabemos y es que no se trata tanto de una elección. La elección tal vez sea mostrarlo, sacar un libro, llamarse o no poeta, pero lo que uno no puede evitar es que algo te asalte de repente, que un sentimiento te posea, detenga el tiempo, te vibre internamente como el amor y te obligue a sentarte a escribir poesía. A partir de allí, ver situaciones en la calle, en cualquier lado, que puedan traducirse en poesía, es inevitable.

Tampoco creo que porque yo me llame poeta a mí misma, los demás me consideren así. En esto de las identidades creo que hay ida y vuelta, ya que se nutren de lo que nos dicen y de lo que creemos que somos. Lo que hace sentirme poeta es esto que me saca de mí por unos instantes, y obliga a escribir, me obliga a sacar algo fuera a través de las palabras. Lo demás son accesorios.

 ¿Viendo el resultado, alguna vez te sorprendió lo que escribiste?

Me parece que uno se conoce mucho a través de la escritura, sobre todo cuando dejás pasar un tiempo después de ese asalto emocional,  y te leés decís: ¿qué le paso a esta chica? (risas). En ese sentido, creo que la poesía me reveló cuestiones personales que ni yo misma sabía de mí.

¿Qué es el papel para un poeta?

Y, es pura adrenalina. Siempre dije que no me gustan los deportes extremos, ni la velocidad, por ejemplo, pero la página en blanco sí me genera adrenalina. Me invita a crear un mundo en el que todo es posible desde un lugar divertido y creativo. Incluso aunque esté escribiendo un poema desde lo más hondo de un sentimiento doloroso. Pero aún así hay algo que sucede desde el quehacer creativo que me toma por completo ante la página en blanco, y es una emoción muy fuerte encontrarme con ella cuando tengo algo que decirle, ¿no?

Lo peor que puede pasar es cuando querés escribir, pero en realidad no tenés un deseo genuino de hacerlo, en esos casos he aprendido a cerrar la página en blanco.

 Hablás en el libro de la niña, la mujer, la esposa, la madre, no sos siempre la misma.

Eso me hace pensar en lo que llamamos coherencia como un valor humano.  Pretendemos pensar, sentir y actuar en forma homogénea, casi como una máquina y a través el tiempo vemos que esa coherencia no existe, es una ficción. Lo que hay es puro cambio. La coherencia es como la luz en el fondo a la que apuntar cada vez. Pero lo cierto es que vamos cambiando, nos vamos equilibrando y desequilibrando continuamente. Y sin duda la poesía, a lo largo de casi veinte años que escribo, me va mostrando algunos de esos cambios.

Tus poesías no se andan con vueltas, arrojan valores a la cara, te interrogan el alma. ¿Vivís así todo el tiempo?

Sí, la realidad es que deberías preguntarle a mi esposo y a mis amigas que dicen que no tengo filtro (risas). No soy una persona agresiva ni cruel, ni me creo capaz de decir a otros verdades absolutas que ni yo sé de mí misma. Pero a través de los años, gracias también a dolores personales aprendí a escuchar lo que deseo y a decir lo que pienso, amorosamente, ni de forma provocadora ni revanchista, pero me gusta la intensidad de las emociones, de las palabras. Cuando amo, amo. Cuando no amo, no amo, no sé si odio tanto. Lo mismo me parece con la literatura, hay cuestiones que hay que decir sin vueltas y en otras tal vez se puede ser más decorativo. Pero es una cuestión de gustos.

Leo tus poesías aguantando la respiración, ¿cómo logras imponerle este vértigo?

Si yo supiera eso lo haría siempre y podría enseñarlo para que otros lo hagan. Creo que lo que ocurre es que primero me quita la respiración a  mí. Me gustan los remates intensos, que golpeen, no necesariamente que duelan, sino que impacten. Tal vez eso quite un poco la respiración. Me cuestan los tibios en la literatura. En cuanto a los sentimientos, la poesía es puro sentir, la intensidad se juega y se remata al final, como en la vida.

¿Cómo logras transformar lo sencillo y lo cotidiano en un canto que atraviesa toda corteza y llega al alma?

Agradezco esa pregunta, es una buena crítica… Me parece que, como te decía antes, no elijo ser poeta, tiene que ver con esa mirada que no es igual en todos los poetas, pero sí es distinta a la mirada convencional de las cosas, situaciones o sentimientos. Lo digo en uno de los poemas del libro: un granito de escarcha nos puede hacer pensar en el frío, nos puede indicar que está por nevar o nos puede recordar a Bariloche, depende. Y tal vez alguien, con una mirada poética pueda decir que ese granito es el mismísimo desamor naciendo. Esta mirada, que contempla las cosas más allá de lo que son de manera literal hace que se pueda ver poesía en cualquier lado. Porque la poesía está en cualquier lado. La poesía vive y late en lo cotidiano, y lo que hace el poeta es mostrarla. Como en el creacionismo de Huidobro: se trata de crear un mundo distinto en el mundo que todos habitamos.

Cuando un poeta puede ver en un colectivo una caja donde todos morimos un pocos cada día, pues bien, no está viendo el colectivo, es una visión distinta que todos tenemos, sólo que el poeta es asaltado por esto todo el tiempo y lo lleva a plasmarlo. Creo que la poesía también está encarnada en algunas personas, aquellas que hacen el mundo más amable, habitable para todos. Cada uno tiene sus herramientas para ser poesía y para hacer poesía. En mi caso es la palabra y ojalá que, en algunos casos, también algunas acciones.

Amor, fe, agradecimiento, dolor, soledad, certezas, dudas. Viva, muy viva y, cuando tocás a la muerte, es ese ahogo otra vez en la garganta, ¿tenés presente que quien te lee vive, muere, llora o se queda pensativo mirando  hacia adentro?

No, y si fuese así me sentiría muy satisfecha. No es fácil trasladar lo que se siente en palabras que sean pocas para no aburrir, que sean justas para decir lo que realmente se desea decir, que sean profundas. No es fácil lograr que el otro pueda sentir algo, si logro eso, sin dudas, tengo que seguir escribiendo.

 ¿En qué viaje te sumergiste para escribir ese hermoso homenaje a los combatientes de Malvinas?

Creo que si hay una forma en la que todos morimos a diario es a través de las injusticias, si hay algo nos ahoga en un sentimiento frío es la impotencia frente a esas injusticias. Sobre Malvinas he leído algunos  poemas de corte patriótico, reivindicatorios, de héroes, de dolor, y no recuerdo haber leído alguno que personificara lo que pudo haber sentido un pibe arrastrado a morir sólo por intereses mezquinos, políticos, dictatoriales, mientras aquí tanta gente festejaba. Me pareció que revivir a ese pibe mostrando lo que tal vez, sólo tal vez pudo haber sentido antes de morir era una manera distinta de expresar la guerra o la crueldad de la que somos capaces, pero de otra manera.

Algunas exclamaciones en poemas del libro: Me opongo a la muerte

porque es obtusa y desconsiderada”, “No quiero que se arrepienta de ser niña”,  “Cinco siglos silenciados, orando para que no le roben lo poco de pacha que sustenta su vida”. Me sentí identificado con lo mucho que abarcan.

Mi intención es mucho más pequeña: expresar, en algunos casos denunciar, en algunos casos sanar. Abarcar mucho es un problema, es costoso abarcar tanto. Y yo que creí que había dejado afuera poemas que tocaban otros temas (risas).

Una niña  que no queres que se arrepienta de ser niña, abarca a todo niño abandonado.

Claro, al escribir intento mostrar a esa niña que yo vi en el subte. Si la lectura de ese poema lleva a que otro pueda ver a otro niño solo, abandonado o triste, creo que es porque funciona esa maravilla que llamamos interpretación, que no sabemos hasta dónde llegará cuando escribimos. Es desafío para los que escriben poesía no es tanto saber los temas que nos conmueven y nos mueven, sino saber cómo expresarlos de forma tal que conmuevan al lector.

 ¿La palabra es sólo un adorno?

No, no es un adorno. Salvo que nos detengamos en superficies.

 ¿La poesía es solo una forma de agrupar palabras?

No, es una forma en que las palabras dan sentido.

¿El poeta es un hipócrita de la palabra?

Desde el punto de vista que te decía antes, en el que la palabra nunca puede expresar exactamente lo que deseamos expresar, todos somos un poco hipócritas. Lo que el poeta intenta es sacarle la mayor cantidad de los velos para dejarla lo más pura posible.

¿La poesía es una cara de la expresión popular?

Sí, los poetas surgen del pueblo. El tema es qué concepción tenemos de pueblo y de lo popular. Yo intento hacer poesía que surja del pueblo y que vuelva, con un lenguaje coloquial, a él.

 En el tiempo que vivimos que la propaganda arma líderes, presidentes, formas, ¿la poesía tiene poder?

Yo suelo decir que el que escribe poesía en este siglo o es un tipo muy esperanzador o es un estúpido, igual las dos cosas se tocan, a veces tener mucha esperanza te convierte en un estúpido, o ser estúpido te da esperanza de alguna cosa. Hacer poesía en este tiempo es un desafío, no hay propaganda para la poesía, no hay poder económico detrás de ella. Intentar conectarse con el sentir en esta época cuesta mucho, porque estamos demasiado bombardeados por actividades, por consumo, por obligaciones, por superficialidades, por “no tengo tiempo”, por “quiero estar tranquilo”, por “no me importa nada”. En estos tiempos, conectarse primero con lo que se siente ya es mucho, y resulta incómodo, y desde ahí intentar a duras penas que otro se conecte con algo de eso a través de un poema, es desmesuradamente loco, pero creo vale la pena. Ése es el poder de la poesía, hacer que valga la pena.

 

SIETE MIL ALETEOS 

Abrí la jaula

de un solo trazo,

en aquel tiempo joven

en que decidí

soltarlos.

Les dije: ¡vuelen!,

pero no muy alto.

Ustedes encarnan la alegría,

de esta vida que aún ensayo.

Ustedes revelan la pena

irremediable de ser humanos.

 

Les dije: ¡vuelen!,

pero no muy alto.

Para que no me dejen

sin aquello que ya no callo.

Para que no se extingan

estos silencios despojados.

 

Y aletearon en setenta poemas,

en siete mil palabras volaron.

Cerca de la tierra,

a ras del suelo

para que aún pueda tocarlos.

 

Sobrevuelan

el puente misterioso

en el que el corazón

se estira

para que otros puedan tomarlo.

 

Son las alas

de la poesía

que me habitan

y que sostienen

mis pasos.

 

Carla Demark